Escritoras y Pensadoras Europeas
I+D del Ministerio de Educación y Ciencia (Duración: 3 años. Ref. HUM 2005-06658/FILO)
Investigadora Principal Dra. Mercedes Arriaga
Universidad de Sevilla
Escritoras y Pensadoras Europeas
Zinaída Gippius (1869 - 1945)
por Fabio Contu
- Período Literario: Siglo XX
- Lengua en la que escribe: ruso
La persona:
Trágica y contradictoria fue la suerte de Zinaída Nikolaevna Gippius, poetisa y narradora rusa que nació en Belev, en Tula (Rusia central) en el año 1869, perteneció a la noble familia alemana de los Von Hippius, familia que llegó a Rusia en el siglo XVI, y murió en París en el año 1945.
Vivió en un periodo mágico de la poesía y de la literatura rusas entre finales del 1800 y principios del 1900 y, sin embargo, pasó de la fama al olvido total: después de haber dominado, junto a su marido Dmitrij Sergeevi? Merežkovskij (1865-1941), durante casi treinta años, la vida intelectual de la movida Petersburgo en los años transcurridos entre los dos siglos y murió, en la pobreza en la ciudad de París, olvidada por todos. Se trata sin duda de un destino que Zinaída compartió con muchos intelectuales de su generación, pero que, en ella, fue, de algún modo, agudizado: un abismo separa su satisfecha afirmación, según un biógrafo, de no poder ni siquiera ir al teatro – de lo famosa que era- y el completo aislamiento que vivió en los años de la emigración.
Durante su infancia y su adolescencia padeció de tuberculosis y fue obligada, cuando se murió el padre en el año 1881 de la misma enfermedad, a trasladarse en busca de un clima más templado a diferentes localidades en el sur del Impero Zarista con su madre y su hermana. Esto le impidió seguir los estudios de forma regular, a pesar de que su amor por la lectura la llevará a leer con avidez todos los clásicos rusos y sobre todo Dostoevskij, por quien mostrará una verdadera predilección.
En el año 1888, la joven, que estaba en los alrededores de Tiflis (Tbilisi) capital de la Georgia, conoció a Merežkovskij (1865-1941), en aquel tiempo joven y desconocido poeta, y, en el mismo año, aparecieron sus primeros versos en la revista de los simbolistas de Petersburgo «Severnij vestnik» («Mensajero del Norte»).
En al año 1889 se casó con Dmitrij y, con él, se mudó a Petersburgo, donde emprendió una actividad literaria muy vivaz. En poco tiempo su casa en Petersburgo se convirtió en lugar de reunión de los literatos y los artistas más vigorosos de la vida rusa de los principios del siglo XX, entre los cuales los principales exponentes de la intelligencija rusa. Los temas fundamentales de debate aludían los problemas más importantes del momento sobre todo los de carácter político, filosófico y religioso. De este grupo nació, en el año 1902, la revista simbolista «Novyj put» («El nuevo camino»), fundada con Merežkovskij y Dmitrij Filosofov -editor y pensador- que, publicada entre el año 1902 y el año 1904, llegó a ser el órgano oficial de este nuevo movimiento y marcó el comienzo de los famosos poetas rusos Aleksandr Blok y Andrej Belyj.
Simbolista y representante del Decadentismo, con el marido (escritor y filósofo) desempeñó un cargo central en la difusión del Modernismo ruso, como mujer que formuló, después del año 1900, teorías de una nueva conciencia religiosa que rechazaba las viejas normas dogmáticas e intentaba conciliar vida y religión: una actividad que la condujo a convertirse en exponente de relieve de la revolución teológica posterior al año 1905.
Entre 1899 y 1902, después de conocer y unirse al grupo de Sergej Djagilev, Zinaída publicó en la revista «Mir iskusstva» («El mundo del arte») sus primeros ensayos de crítica literaria de tono mordaz, usando el pseudónimo de Anton Krajnij (Anton el extremista).
Se convirtió en una revolucionaria convencida, escribió, en el año 1905, numerosos versos de tema político. Fue autora de seis libros de cuentos, novelas, trabajos teatrales, versos, ensayos de literatura, religión y política publicados en las revistas más de moda de Moscú y Petersburgo bajo diferentes pseudónimos, como, por ejemplo (además del de Anton Krajnij), el de Roman Arenskij y autora también de memorias literarias vivaces, penetrantes, con fragmentos despiadados. Pero, sobre todo, fue la autora de los lúcidos apuntes que constituyen sus Diarios de Petersburgo anotaciones tomadas durante los acontecimientos entre el 1914 y 1919, desde que estalló hasta que terminó la Primera Guerra Mundial, pasando a través de la revolución bolchevique; textos que por la sorprendente capacidad de análisis, la crudeza de juicio desde el punto de vista de contenido y los rasgos de poesía y de la eficacia del estilo, resultan una obra profética e impresionante.
Su poesía, definida a menudo “metafísica”, compuesta con la alternancia de satanismo y abandono místico, se vuelve auténtica donde, abandonados los tonos basados en la estética, reflexiona sobre el sentido de la “terrenidad” de la condición humana.
La autora también escribió brillantes ensayos sobre las nuevas tendencias literarias y las personalidades de su tiempo: recordemos Literaturnyj dnevnik (Diario literario), del 1908, publicado con el pseudónimo de Anton Krainij y Zhivye litsa (Rostros vivos), del año 1925.
En diciembre de 1919, Zinaída, ya tenaz e implacable adversaria del autoritarismo zarista, adoptó una actitud antibolchevique, habiendo reconocido también en los eventos revolucionarios el riesgo de derivas totalitarias, y abandonó el país huyendo a Polonia (a Varsovia), donde permaneció hasta el octubre de 1920. Aquí Zinaída, Merežkovskij y Filosofov vivieron colaborando con el periódico que pertenecía a la inmigración rusa «Svoboda» («Libertad»). Después se trasladaron a la ciudad de Wiesbaden, para después emigrar, los tres, a París, ciudad en la que ella vivirá, en absoluta pobreza, hasta su muerte, sobreviviendo cinco años al marido, de quien, a lo largo de los cincuenta y tres años de su compañerismo humano e intelectual, no se separó nunca. Pertenecen a este periodo algunas letras de Gippius y de su marido, intercambiadas con grandes intelectuales de la época como G. Adamovich, K. Balmont, A. Belyj, N. Berberova, A. Blok, I. Bunin, G. Ivanov, A. Remizov, V. Rozanov, M. Shaginian, F. Sologub, B. Zajtsev y otros. De estos años son también algunos manuscritos inéditos de la escritora como: El Infierno dantesco, transcripción de una conversación con P. Suvchinskij, un borrador del artículo en francés Le Possede y numerosas versiones de la película, escrita a cuatro manos con Merežkovskij, Boris Godunov.
El personaje:
Provocadora, altera (casi una especie de Oscar Wilde en femenino) siempre preparada a empuñar, según Andrej Belyj “el bisturí de su dialéctica”, Zinaída Gippius abandonó muy pronto los vestidos de la “Madonna decadente” para vestirse con los de “Satanesa”, de la “bruja”, de la figura sexualmente ambigua (o claramente bisexual), en torno a la que se multiplicaron voces y leyendas, todas alimentadas por ella misma. A propósito de sus tendencias sexuales, es importante Na beregu Ioniceskogo morja (A las orillas del Mar Ionio) obra centrada en un viaje que ella realizó a Sicilia, publicada a entregas en el 1899 en la revista «Mir iskusstva» («El mundo del arte»). Momento importante en la narración es el encuentro con la comunidad homosexual de Taormina y con el barón Wilhelm von Gloeden (1856-1931), famoso fotógrafo alemán, pionero en el desnudo masculino. En este texto, Zinaída describe este encuentro, muy importante para ella, porque le permitió pactar con sus deseos homosexuales. Paladina de una nueva religiosidad y de una nueva sexualidad, ambas basadas en la necesidad de liberarse de las viejas conversaciones y de los viejos esquematismos, sostuvo la necesidad de aligerar la religión de sus dogmatismos y la sexualidad de su dualismo masculino/femenino. Masculino y femenino se confundían en ella y la ambigüedad fue, durante toda su vida, su manera de ser, sin ninguna vergüenza. Amada, odiada, temida: sobre ella discrepan hasta los juicios estéticos. Percov la describe “alta, delgada… con largos cabellos dorados y ojos esmeralda de rusalka…”, mientras Belvj nos proporciona una imagen despiadada: “un nudo de cabellos pelirrojos inflados… rostro pequeño y un poco irregular… ojos verdosos…”.
De ella todo causó escándalo: su modo de participar en las noches literarias, en las que leía, como escribió Percov, “sus versos hampescos con palpable obstinación”, el maquillaje fuertemente marcado de colores encendidos, costumbres masculinas como usar monóculo, largos cigarrillos perfumados, ropas aparentemente oscuras y sombrías, listas para demostrar rayos de color rosa en cada mínimo movimiento, tanto que parecía, de lejos, estar desnuda. Pero todavía hay más, además de su ostentada bisexualidad, dio escándalo su relación, un trío, con Merežkovskij y Filosofov: una ambigua unión en la que compartían la vida intelectual, la visión espiritual, las vicisitudes (incluso la fuga de Rusia).
No era el escándalo el que atraía la intelligencija de Petersburgo a su apartamento de Litejnyj. Cuenta Belyj: “Aquí se formaban las ideas nuevas, florecían flores jamás florecidas. Pasaban meses, y aquellas ideas empezaban a embellecer las páginas de las revistas...”.
Sus obras
Cronología
Pertenecen a su producción literaria cinco antologías de poesías. La primera fue publicada en el 1904 con el título de Sobranie stichov: 1889-1903 (Antología de versos: 1889-1903); la segunda en el 1910 de título Sobrante Stichov: 1889-1903 (Antología de versos, libro 2); la tercera, Poslednie stichi 1914-1918 (Últimos versos 1914-1918) en el 1921; la cuarta fue publicada en Berlín en el 1922 con el título Sticki: dnevnik (Versos: un diario) y la última antología, del sugestivo título Sijanuja (Resplandores) fue publicada en París en el 1938.
Además de los numerosos cuentos, famosa es la trilogía de novelas que tiene como tema central la Revolución de Octubre: Cortova kukla (El fantoche del diablo), Ocarovanie istiny (El encanto de la verdad) y Roman Zarevic (El zarevich Roman).
Entre la producción teatral se recuerdan dos dramas: Sviataja krov (La sangre sagrada), del 1900, y Zelenoe kol’co (El anillo verde), del 1916.
La poética:
La figura de Zinaída influenció muchísimo, al principio del siglo XX, a los intelectuales del Simbolismo ruso. Escribió muchos de sus versos y de sus cuentos utilizando nombres de héroes masculinos y su ‘afemenino’, sobresaliente por su modo de firmar con el pseudónimo de ‘Anton el extremista’, desencadenó entre los contemporáneos diferentes reacciones que iban desde la exaltación hasta la indignación.
a) La inspiración al imposible
La primera fase de la obra de Gippius está marcada por la inspiración del imposible (“Necesito lo que no hay en el mundo”), en la que la melancolía y el pesimismo son características de la generación “cansada” de los años noventa del siglo XIX. Zinaída hace de la búsqueda de la verdad una cuestión de vida o muerte y en esta continua búsqueda, que tiende a acercarse al absoluto, Zinaída considera el amor como una fuerza purificadora capaz de conducir a la inmortalidad.
b) La esperanza en la resurrección de Rusia
Cuando estalla la Primera Guerra Mundial Gippius está muy atenta a lo que sucede a su alrededor y se muestra particularmente sensible a todas las cuestiones políticas y sociales del momento.
Cuando se afirma el movimiento revolucionario bolchevique la escritora espera ardientemente la resurrección de Rusia y cuando estalla la Revolución de febrero está convencida, desde el principio, que de ella renacerá la libertad y la hermandad. Como muchos intelectuales de la época, también Zinaída quedará muy decepcionada. Escribió en este periodo versos cargados de melancolía que nacen del conocimiento adquirido por haber sufrido una grave perdida: “En la ciudad se ha acomodado el pecado / Lloro sumisamente, lloro por todos”.
c) La naturaleza ambivalente
Su poesía, que toca cada extremo e intenta abarcar todo confín, oscila entre los opuestos de la vida y de la muerte, exalta la fuerza y la debilidad, alaba la voluntad pero se doblega a la no voluntad en un modo poético siempre en movimiento que pasa del espíritu de rebelión individual y egocéntrico al fuerte sentimiento religioso. Su espíritu anticlerical es sofocado por la necesidad de la fe, su exaltar la muerte desemboca en el deseo de la vida demostrando, de este modo en la autora su ambivalente naturaleza de la que ella misma es consciente: “Esperaba el vuelo y la existencia / pero un gavilán muerto es mi alma”.
d) El uso del aforismo
En los versos de Gippius el pensamiento es formulado a través de aforismos con los que es capaz de expresar, con breves pero sorprendentes palabras, toda la complejidad de sus emociones.
Algunas obras:
La ‘bellísima Zinaída’ es, ante todo ‘poeta’ y poeta al masculino (hasta la forma gramatical empleada es ésta). Le son universalmente reconocidas profundidad de pensamiento y maestría formal, sobre todo en las composiciones más maduras. Sin embargo, a decretar su fama son, ante todo, sus versos, que lee con gran arrogancia en las noches literarias y que, desde el principio, dividen sus conocidos entre estimadores entusiastas y auténticos enemigos. Algunos de estos textos poéticos acaban pronto en boca de todos, como el célebre Yo necesito lo que no hay en el mundo, o el blasfemo Pero como Dios yo me amo a mí mismo.
Se forma en un ambiente particularmente propicio y estimulante, que cuenta, además de con el marido Merežkovskij, con muchos nombres prestigiosos de poetas y escritores, entre los cuales Valerij Brjusov, admirador de la poeta, que, a propósito de los versos de Hasta el final, escribe: “Su mayor valía es la de una concentración exclusiva, de una capacidad de decir mucho en muy pocas palabras”.
Escritora incómoda y de vanguardia, no siempre apreciada, pero nunca ignorada, Zinaída desencadenó discusiones y críticas entre intelectuales y escritores rusos de su época, como Valerij Brjusov (que le dedicó un ensayo), Vasilij Rozanov y Aleksandr Blok, que para ella encontraron apelativos como “maga” y “ninfa acuática”. Tamina Pachmuss, que hizo la introducción a una vieja edición de sus obras, definió la escritura de Gippius, como “eso que no es de este mundo”, probablemente por ese anhelo hacia la perfección de la humanidad y del mundo que la autora deseaba.
a) “Pasiones humanas”
Marietta Saginjan, en la biografía que, en 1912, escribe sobre la Gippius, coge todavía mejor la esencia de su obra: la unión entre intuición artística, pensamiento filosófico (presocrático), religión y búsqueda mística, de la que nace el sueño de volver a componer armoniosamente la dicotomía del individuo y la escisión del mundo.
Todos los motivos presentes en las narraciones contenidas en el volumen Pasiones humanas, en el que vínculos ambiguos y sexualidad indefinida se unen al suceder de las cosas que, como espirales, se pegan a los protagonistas. Zinaída, entre las poéticas descripciones de la naturaleza y de los ambientes, traza con ligereza diferentes personajes, con zonas de sombras y sentimientos contrastantes, algunos de los cuales destinados, o predestinados, a una muerte segura. Se siente una cierta vena al estilo de Dostoevskij, pero este estilo, muy subjetivo y libre, es independiente de cualquier modelo literario tradicional.
Ejemplo de ello es el bellísimo cuento de apertura, La cometa, y el siguiente, Los manzanos florecen, donde la autora afronta la relación madre-hijo de una forma audaz y terrible, en un clímax narrativo que, desde la fase idílico-simbiótica casi de inconsciente psicoanalítico, precipita hacia la ruina de los personajes. Vehemente es la descripción de la espera de la madre por parte del niño, y de su apego a los objetos, el monito y la jarra. “Había amado enseguida la jarra, la había colocado suavemente bajo mi almohada y ahora el pensamiento de poseerla me hacía feliz”
La incapacidad de afrontar la vida, el mal que se insinúa y corroe personas y cosas, la fragmentación de la personalidad hasta el aniquilamiento del individuo (temática expresada antes que Pirandello), todos los temas recurrentes de esta antología, se hacen todavía más evidentes en los intercambios epistolares de la narración Nacidos demasiado pronto. “Los decadentes con los que han llegado hasta el desdoblamiento y no han resistido, han cedido a la llamada de la desarmonía y morirán porque para ellos no hay regreso a la unidad”. En este contexto enfermo, ¿quién, si no Mefistófeles, puede ser el melifluo tentador que se insinúa entre las páginas de la historia de Ivan Ivanovic y el diablo?
El tema recurrente de estos cuentos es, en definitiva, la vida en el íntimo cotidiano identificada como punzante monotonía. Tedio sin fin, del cual los protagonistas no son capaces de sobresalir dejándose llevar en la vida por la fuerza de inercia a vías rectilíneas, sin encontrar la fuerza de girar. El hombre está obligado a una búsqueda afanosa y veleidosa de la felicidad y la única vía de escape es el mundo onírico, también éste contaminado por el mal de vivir, que como una metástasis maligna se irradia en todos los aspectos de la existencia. De este modo, en una serie de sequel del diálogo de Dostoevskij entre Ivan Karamazov y el demonio (que la Gippius arriesga manteniendo casi inalterados los nombres de los protagonistas) este último se muestra a medias entre una pesadilla y la realidad como un moderno hombre de negocios, confirmando que la fuerza del mal es la mediocridad humana.
b) “El eterno femenino”
Ejemplo clásico de los cuentos de Gippius son los tres cuentos en el volumen El eterno femenino (Los enamorados; La bestia; El eterno femenino). Convincentes, agudos, a veces irónicos, han sido acusados de ser “lacónicos” y de mostrar una “tendencia a la brevedad y el carácter fragmentario de la lengua”. En realidad, estas características, en vez de ser defectos, son virtudes de la prosa de Gippius, una prosa que elimina todo lo superfluo. Belyj hizo también otra, extravagante, crítica a Zinaída: en una recensión en Negro sobre blanco, escribió que “los temas que trata son demasiado serios, demasiado llenos de significado” y, poco después, afirma: “sus temas son demasiado amplios para cuentos o novelas”. También esto, más que un límite, es claramente una virtud de los cuentos de Gippius. En textos normalmente breves se encuentran temas profundos, eternos, en los que las protagonistas son mujeres. Mujeres bajadas a la vida real, guiadas por un instinto seguro, el de la búsqueda de sí mismas, de su propia emancipación y libertad, de la felicidad. Los enamorados es un cuento, aparentemente, muy simple: en realidad es valiosa la capacidad de la autora de mostrarnos toda la calidad ilusoria de los hechos y la ambigüedad de la realidad en la que el ser, el aparecer y el decir no corresponden en absoluto (intuición que anticipa muchos años a Pirandello). Y nunca se entiende si esta no coincidencia está determinada por elecciones cínicas o comportamientos no conscientes. En La bestia emergen prepotentemente temas de la gran literatura de Dostoevskij, especialmente en el discurso final de Aleksandr Michajlovi?. El tema central es el eterno problema ruso del sufrimiento y de la culpa. Para ser hombre, éste tiene que sufrir, matar a la bestia que se esconde dentro de él. Y, en el breve espacio temporal de una discusión entre un borracho y una prostituta, afloran muchas referencias: a los problemas sociales de su tiempo, al papel social de la mujer, a la condición de las prostitutas. Como una cortesana del Cinquecento italiano, Saša vive su profesión como una elección de independencia, lejos de los burdeles, tenaz en el querer elegir sus clientes. Pero, en la relación con ellos, emerge otra vez el tema de la ambigüedad de la realidad: con idéntica facilidad, Saša se enamora y después se libera de sus hombres. Entonces la mujer está en el centro de estos cuentos, con su derecho al amor y a la libertad de elección, puesta en frente del conflicto entre el instinto y las convenciones sociales de la Rusia de los primeros años del 1900. Su rechazo a la relación tradicional hombre / mujer, tanto en la vida como en el arte, le costarán la acusación de androginia y casi el olvido.
c) “Luna”
En este espléndido cuento, un amor totalmente abstracto, ideal, constituye el principal trámite hacia la divinidad. No casualmente, la castidad domina tanto en la vida de Elena, que había hecho voto de permanecer fiel a su marido infiel, como en la vida de la jovencísima Mary, y también al final, en la existencia de Val’cev, el protagonista, que no termina ninguna de las dos relaciones, en nombre del amor con la A mayúscula, el amor divino. Este amor está pintado dentro del espléndido marco de Venecia, la ciudad italiana más amada y decantada por los escritores rusos, de Puskin a Lermontov, hasta Turgenev y Pasternak, la ciudad de los enamorados y de los mil canales, donde la luna ama reflejarse.
d) “Diarios de Petersburgo”
Pesa todavía sobre los Diarios de Petersburgo el juicio de egocentrismo que dio en el 1921 Aleksandr Blok. En la no larguísima parábola del simbolismo ruso, treinta y cinco años en total, Blok y Gippius mantenían una relación conflictiva de amistad, hecho de proximidad de almas, pero también de irreparables incomprensiones. Y el periodo revolucionario, sobre todo el agitado 1917, hizo aumentar su separación. Ella, la protagonista indiscutible de la vida cultural de Petersburgo en las décadas entre los dos siglos, la fustigadora de las hipócritas convenciones burguesas con su matrimonio blanco con Dmitrij Merežkovskij, al que se unió en un segundo momento el joven Dmitrij Filosofov, la mujer convencida de la necesidad de un nacimiento a través de la religión que no había dudado en ir por Rusia en búsqueda de viejos creyentes, nunca pudo aceptar el golpe de estado de octubre de 1917, “el poder de las tinieblas”, como lo definió ella. De esta manera, desde las anotaciones del 28 de octubre, se la tomó con los intelectuales, culpables, según ella, de haber querido aliarse rápidamente con los ganadores, con la banal excusa de ocupar puestos para robárselos a los bolcheviques. Él, el poeta que había hecho un libro de su experiencia como redactor de la comisión extraordinaria instituida por el gobierno provisorio para indagar los crímenes cometidos por los últimos ministros zaristas, el hombre que vivía los acontecimientos como una dramática demostración del hecho que “todos tenían razón… una terrible razón”, advirtió en la intervención bolchevique el síntoma del triunfo de una “música”, de una “armonía”, seguramente no triunfal sino adherente a una agitación natural en toda Rusia. Y el 1918 está marcado por la polémica entre los dos: en enero Blok escribe Los doce y en seguida Gippius le replica con algunos versos en los que Cristo, protagonista del poema del amigo, tiene que buscar a sus “inocentes hijos extraviados” (Blok, pero también Andrej Belyj); en junio aparece la contrarréplica de Blok que, en versos dedicados a una “mujer loca y soberbia”, explica cómo en el huracán una voz individual no sea perceptible, también porque los acontecimientos no consideran, en su realización, la voluntad de quien participa. A esto se añade el juicio de “egocentrismo” referido a los Diarios: sinceros, brillantes, pero capaces de exprimir sólo una parte de la verdad, porque son impotentes ante la tarea de expresar un punto de vista general.
Estos Diarios de Petersburgo se introducen en el contexto de los ensayos que en caliente se propusieron buscar un punto de vista general de los eventos de octubre de 1917, como La inteligencia y la revolución del mismo Blok o El apocalipsis de nuestro tiempo de Vasilij Rozanov. Y como ensayos son considerados, no como mera fuente documentaria de primera mano. En esos meses cruciales los cónyuges Merežkovskij tuvieron la suerte de disfrutar de una posición muy privilegiada: su apartamento, en la esquina entre Sergievskaja y Potjomkinskaja se asomaba a los jardines del histórico edificio de Tauride, sede de la Duma desde 1906, y como consecuencia era lugar de descanso seguro para muchos protagonistas de los acontecimientos. Los dos dueños de la casa no tomaban partido en ninguno de los bandos: más allá de una simpatía por los socialistas revolucionarios y por Boris Savinkov, el ex terrorista convertido a la actividad literaria, su interés por la política era decididamente teórico, lo que les consentía contactos con hombres de todos los partidos.
No se pueden esperar revelaciones extraordinarias de estos Diarios: los hechos son conocidos y los mismos personajes no son descritos con particulares inéditos. El auténtico interés de estos textos, que empiezan en 1914 y se prolongan, con una segunda parte, hasta el 1919, está en el modo en el que muestran claramente el acumulo de los acontecimientos del verano de 1917, el realismo con el que ofrecen al lector el rápido configurarse de una situación que parece abierta a cualquier situación y en cambio, con el pasar de las acciones, se cierra cualquier posibilidad de escape casi hasta el triunfo inevitable del “Reino del Mal” representado por la victoria de los bolcheviques. Aleksandr Kerenskij se convierte en la figura central, personalidad notable del gobierno provisorio (ministro de la justicia, ministro de guerra, primer ministro), hombre presentado como “no muy inteligente” desde 1914, después ascendido a auténtico enigma en agosto de 1917 (“¿Él ya no es el mismo o somos nosotros que no hemos visto quién era él antes?”), para ser liquidado en el noviembre siguiente (“Es un héroe débil. Un traidor viril. Un revolucionario femenino. Un asesino delicado, ardiente, que tiene miedo de la sangre”). Su rechazo, en agosto, de adherirse al plan elaborado por el comandante del ejército, el general Lavr Kornilov, y por Savinkov, para asumir el poder y poner fin a la anarquía que reinaba en el país es presentado como el momento decisivo del cambio de los acontecimientos históricos. Prospectiva ante la que Kerenskij prefirió la alianza con los bolcheviques.
En las emocionantes páginas del 1917 de los Diarios de Petersburgo de Gippius también se lee la génesis del comportamiento político radical de todos los intelectuales que eligieron sucesivamente la emigración porque no querían aceptar la idea de una Rusia sin libertad (pero en los años del exilio en París, la misma Gippius se preguntaba sobre la utilidad de una libertad sin Rusia). En realidad, los Diarios testimonian el naufragio de las esperanzas de una entera generación, de la cual Merežkovskij y Gippius habían sido los personajes más carismáticos con su insensibilidad hacia la dimensión estética, con su absoluta fidelidad al pensamiento, con su convicción que la literatura pudiese ser usada como mero instrumento filosófico y por lo tanto emancipada de la esclavitud de la palabra. Una generación que había tenido la intención de regenerar la Rusia extenuada por Alejandro III usando, en el ámbito de las Sociedades religioso-filosóficas, todo lo que no había sido contaminado por la ortodoxia nacional-imperialista. La paradoja de Gippius consiste en el haber sido, más que otros, consciente de los términos de la crisis de finales del siglo pasado, de haber imaginado una posible solución y de haber sido derrotada por un acontecimiento, la revolución, mucho más potente, sin tener, hasta el último momento, conciencia del hecho de que no se trataba de un adversario de su nivel. Las páginas de 1917 de los Diarios narran esta lucha desigual: generosa, absurda y probablemente también un poco “egocéntrica”.
Obras
1. Manuscritos conservados en la Watkinson Library del Trinity College (Ely Halpérine-Kaminsky Collection):
-Derières Nouvelles Les Deux ont raison, La Tragedie de Tolstoi et de sa femme (9 de febrero del 1928)
2. Escritos publicados en vida:
a) Entre cuentos y ensayos:
-Na beregu Ioniceskogo morja (A las orillas del Mar Ionio), publicado por entregas en el 1899 en la revista «Mir iskusstva» («El mundo del arte»), fascículos n. 7-12.
-Literaturnyj dnevnik (Diario literario), 1908.
-Dmitrij Merežkovskij, 1925.
-Zhivye litsa (Rostros vivos), 1925; edición reciente: Zhivye litsa, Tbilisi, Merani, 1991.
b) Poesía:
1.Sobranie stichov: 1889-1903 (Antología de versos: 1889-1903), 1904.
2.Sobranie stichov: 1903-1909 (Antología de versos: 1903-1909), 1910.
3.Poslednie stichi 1914-1918 (Últimos versos 1914-1918), 1921; edición reciente: Poslednie stichi, Moskva, Prometei, 1990.
4.Stichi: dnevnik (Versos: un diario), Berlín, 1922.
5.Sijanuja (Resplandores), París, 1938.
c) Novelas:
1.Cortova kukla (literalmente El final amargo, pero publicado en Italia con el título “Il fantoccio del diavolo”), 1911; edición reciente: Cortova kukla: roman, rasskazy, Kemerovo, Kemerovskoe, 1991.
2.Ocarovanie istiny (La fascinación de la verdad).
3.Roman Zarevic (El zarevich Roman), 1912.
d) Teatro:
1.Sviataja krov (La sangre sagrada), 1900.
2.Zelenoe kol’co (El anillo verde), 1916.
3. Otros escritos publicados recientemente:
-Contes d’amour, en “Vozroždenie”, 1969.
-O byvšem , en “Vozroždenie”, 1970.
-Koriènevaja tetrad’, en “Vozroždenie”, 1970.
-Opravdanie svobody, en “Okt’jabr’”, n. 8, 1992.
-Peterburgskii dnevnik (Diarios de Petersburgo), Moskva, Sovetskii pisatel, 1991.
-Sochineniia: stichotvoreniia, proza, Leningrad, Khudozhestvennaia literatura, 1991.
-Stichi, vospominaniia, dokumental’naia proza, Moskva, Nashe nasledie, 1991.
-L’eterno femminino, por Daniela Di Sora, traducción de Paola Carità, Roma, Biblioteca del Vascello, 1993.
-Diari pietroburghesi (primo volume: 1914-1917), tradución de Rossella Gabrielli, introdución de Sergio Trombetta, Voland editrice, collana Amazzoni, 1999.
-Passioni umane, Tranchida editore, 2006.
-Una serata presso il barone G., fascículos 11 y 12 de Na beregu Ioniceskogo morja (A las orillas del Mar Ionio), en «Babilonia», febrero 1999, pág. 62-63, por Paolo Galvagni.
Bibliografía Crítica
-Russia Women’s Reproductive Health Survey: A Study of Three Cities, United States, Final Report / Russian Centre for Public Opinion and Market Research and Centers for Disease Control and Prevention, 1996.
-ADAMOVIÈ G., Zinaida Gippius, en Dal’nye berega (Portrety pisatelej emigracii), Moskva, 1994.
-BARTOLI G., Zinaida Nikolaevna Gippius: fra realtà e trasfigurazione fantastica nella Russia del primo Novecento, en “http://www.rivistasinestesie.it/letteratura/bartoli.pdf”
-BELYJ Andrej, Arabeski (Arabescos), Mónaco, 1969.
-BELYJ Andrej, Načalo veka (Principios de siglo), Moskva, 1990.
-BRJUSOV Valerij, Dnevniki. 1891-1910 (Diarios. 1891-1910), Moskva, 1927.
-BROIDO Vera, Daughter of Revolution: A Russian Girlhood Remembered, London, Constable, 1998.
-COTTAM Kazimiera Janina, Women in War and Resistance: Selected Biographies of Soviet Women Soldiers, Nepean: New Military Publications, Ontario, 1998.
-DODERO COSTA Maria Luisa, Zinaida Gippius e Marietta Saginjan. A proposito di una iniziazione, en «Quaderni di Lingue e Letterature Straniere» - Università di Genova, por M.R. Cifarelli y L. Villa, n. 7 - Donne e modernità 1870-1930. Impegno intellettuale e itinerari creativi.
-FLOROVKIJ G., Alla vigilia, en Movimenti religiosi in Russia prima della rivoluzione (1900-1917), por P. C. Bettiolo, Queriniana, Brescia, 1978.
-GINZBURG Leone, La prosa psicologica, Bologna, Il Mulino, 1994.
-HETHERINGTON Philippa, Mythos and Eros in fin de siecle Russia: Zinaida Gippius’ sexual revolution, tesis presentada en la Universidad de Sydney en el 2006 y publicada en: “http://ses.library.usyd.edu.au/bitstream/2123/1548/1/Hetherington,+Phillipa.pdf”
-KARLINSKY Simon, Omosessualità nella letteratura e nella storia russa dall’undicesimo al ventesimo secolo, (versión, ampliada del autor, del ensayo publicado en Gay Sunshine en el 1976), traducido por Aldo Giglio y Sergio Trombetta, publicado en la página web: “http://www.fondazionesandropenna.it/SodomaTre/304SIMONKARLINSKY.pdf”
-PACHMUSS T., Zinaida Hippius. An intellectual profile, Southern Illinois University Press, 1971.
-PERCOV Petr, Literaturnye vospominanija 1890-1902, (Recuerdos literarios 1890-1902), Moskva, 1933.
-TEFFI N., Zinaida Gippius, en Dal’nye berega (Portrety pisatelej emigracii), Moskva, 1994.
-ZLOBIN Vladimir, Tjaželaja duša (Un alma difícil), Washington, 1970.
Enlaces de interés
- http://www.rivistasinestesie.it/letteratura/bartoli.pdf
- http://www.fondazionesandropenna.it/SodomaTre/304SIMONKARLINSKY.pdf
- http://ses.library.usyd.edu.au/bitstream/2123/1548/1/Hetherington,+Phi
- http://amoit.ru/CulturaRussa/Letteratura/PoesieGippius.html
Texto Representativo
El texto representativo en ruso (traducido al italiano) se puede consultar en la cuarta url anteriormente indicada.
Traducción Castellana
El amor es uno
Hierve una sola vez y revienta,
y se propaga su onda.
De traición no sabe vivir el corazón,
y traición no es: el amor es uno.
Nosotros nos airamos, jugamos, vamos contando
falsedades, pero silente es nuestro corazón.
No sabemos traicionar y no traicionamos.
El alma es única – único es el amor.
Monotonía y desolación.
De la monotonía sacando fuerza
corre la vida… y en vida duradera
El amor es uno, uno y siempre uno.
En el inmutable sólo es el infinito,
sólo en el asiduo – la profundidad.
Larga es la vida, la eternidad cercana,
siempre está más claro que el amor es uno.
Al amor lo recompensamos con la sangre,
pero el alma fiel permanece en fidelidad,
y amamos de un solo amor…
uno es el amor, como la muerte es una.
(Traducción de italiano a español: Fabio Contu)
