Escritoras y Pensadoras Europeas
I+D del Ministerio de Educación y Ciencia (Duración: 3 años. Ref. HUM 2005-06658/FILO)
Investigadora Principal Dra. Mercedes Arriaga
Universidad de Sevilla
Escritoras y Pensadoras Europeas
Mercedes De Velilla Rodriguez (1852 - 1918)
- Período Literario: Romanticismo
- Lengua en la que escribe: Español
La calle Velázquez y la Plaza de la Magdalena están conectadas por una estrecha vía dedicada a José de Velilla autor dramático, que cosechó fama y éxitos a finales del siglo XIX; la suya era una familia volcada en la literatura en la que todos, padre, madre y hermanas, sintieron un profundo amor por las letras y buena prueba de ello es que en su casa de la calle Manteros, ahora Jovellanos, se reunían algunos de los escritores más reconocidos de Sevilla y los que visitaban la ciudad; entre los asiduos, que llamaban a esta casa coloquialmente “Parnaso”, se encontraban: Luis Montoto, Rafael Álvarez Sánchez-Surga, Felipe Pérez y González, Mario Méndez, Carlos Peñaranda, Luis Escudero y Perosso y su hermano Francisco , Rodríguez Marín y Juan Antonio Cavestany; amigos de la familia que se reunían para conversar de literatura, para leer y oír versos ajenos, entre los que brillaban con luz propia los de Mercedes de Velilla y Rodríguez.
En el prólogo a la edición, que el Ayuntamiento hizo póstumamente, de sus últimos poemas cuenta Luis Montoto la admiración que causaba Mercedes entre los contertulios y la fama de la que gozaba en estos círculos, tanto es así que el erudito Adelardo López de Ayala visitó la ciudad y, después de oír tantas alabanzas de una mujer tan joven y que poseía únicamente los conocimientos que se daban en la época a las niñas de las familias de la burguesía media, acudió a casa de los Velilla con la sospecha de que los versos que recitaba no eran suyos sino que pertenecían probablemente a su padre o al autor de Witiza o de La luz del Rayo y sometió a Mercedes a una prueba pública: propuso un tema y le dio quince minutos para hacer un soneto. Transcurrido este lapso y después de escuchar los catorce versos no pudo más que afirmar que se trataba de un prodigio. Amantina Cobos de Villalobos en su libro Mujeres celebres sevillanas aportaba estos datos: “A los diez años leyó alguna de sus composiciones ante un escogido auditorio, y desde entonces se reveló como poetisa genial y de altos vuelos, no obstante su natural modestia, que hizo que fuera llamada por uno de sus biógrafos “la violeta del Betis”.” (Cobos, 1917: 19)
En 1873 se publica Ráfagas el primer poemario de esta autora que había nacido en 1852 el prologuista de la obra se refería a la desigualdad con la que era tratada la mujer en los distintos ámbitos del saber y expresaba su deseo de que los nombres de José y Mercedes se inscribieran entre los más importantes de las letras sevillanas. Su buen augurio no se cumplió y la poesía de Mercedes como la de tantas otras autoras cayó en el olvido, pese a su importancia. En 1872 había ganado el premio de honor en la Exposición Bético-extremeña y en 1976 se hizo con el primer premio en el concurso organizado por la Real Academia de Buenas Letras. Ese mismo año había cosechado un gran éxito de público con la obra teatral El vencedor de sí mismo, que escribió no por la influencia de su hermano sino por la de un amigo de éste el actor Pedro Delgado que representaba las obras de su amigo y era asiduo en las tertulias de la calle Manteros.
La poesía de nuestra autora se alejaba ya desde sus primeros versos de las directrices de la escuela sevillana y se acercaba a los nuevos gustos, al romanticismo depurado de otros sevillanos como G. A. Bécquer, al que dedicó un poema con motivo de la colocación de su estatua. Sus poemas están atravesados por una serena melancolía y un dolor perenne que sólo se abandona en algunos poemas dedicados a la ciudad. Luis Montoto hacía referencia en su prólogo a este dolor: “La musa del dolor, huésped asiduo de su casa y de su vida, inspiró el mayor número de sus composiciones poéticas. Busquemos, por tanto, en sus versos los latidos de un corazón apenado, las ansias de un alma cautiva y las señales de muchas lágrimas” (Velilla, 1878: 7).
La partida y la muerte de su gran amiga la poeta Concepción Estevarena en 1876 fue un hecho muy doloroso para ella, la muerte de su padre en 1877 fue la primera de una larga serie de pérdidas familiares: la muerte de su madre, la enfermedad de su hermana y la muerte del hermano en 1904. Tampoco en cuestiones de amor fue afortunada Santiago Montoto no se refiere a esta parcela de su vida, pero sus poemas amorosos no son un juego poético ni un divertimento en torno a un tema tradicional, aunque sí nos informa de que atravesó sola todas estas desgracias y las dificultades que conllevaron y que al final de sus días la ciudad le ofreció para aliviar su situación económica la tarea de estudiar las obras de las escritoras sevillanas.
Después de su muerte en Camas en 1918, la corporación municipal encargó al cronista oficial de la ciudad el prólogo y la edición de Poesías, obra en la que se reunían sus últimas composiciones y le otorgó su nombre a una pequeña calle que hasta entonces se llamaba Calceta y que une la calle Imagen y la Plaza del Buen Suceso.
Obras
Ráfagas. Imprenta de Gironés y Orduña. Sevilla 1973.
Poesías. Ayuntamiento de Sevilla. 1918.
Bibliografía Crítica
Jurado López, Manuel (2006): Cuatro poetas sevillanas del siglo XIX (Antología).
Fundación Aparejadores, Sevilla.
Pineda Novo, Daniel y Antequera Pérez Luengo, Juan José (1999): Mercedes de Velilla, vida y poesía. Consejo Local de Izquierda Unida Camas. Sevilla
Soler Arteaga, M.ª Jesús (2006): Palabras, palabras, palabras... Poetas románticas sevillanas. Arcibel.Sevilla.
Texto Representativo
ANTE UNAS CARTAS
No ajadas por el tiempo, como el día
en que amor o doblez os escribieron,
os mostráis a mis ojos, que tuvieron
en vosotras su luz y su alegría.
Olvido injusto y esquivez impía
mi pobre corazón rasgar pudieron;
pero yo no os rasgué, que os defendieron
mi fiel cariño y la constancia mía.
Aún guardáis, como restos de ventura,
¡hojas en que mi amor logró su palma!
promesas y palabras de dulzura.
Y diréis siempre a mi dolor sin calma
que en un frágil papel subsiste y dura
lo que tan pronto se borró de un alma.
