Escritoras y Pensadoras Europeas
I+D del Ministerio de Educación y Ciencia (Duración: 3 años. Ref. HUM 2005-06658/FILO)
Investigadora Principal Dra. Mercedes Arriaga
Universidad de Sevilla
Escritoras y Pensadoras Europeas
Isabella Villamarino (1503 - 1559)
por Isabel Rubin Vazquez De Parga
- Período Literario: Renacimiento
- Lengua en la que escribe: italiano y español
Fueron los acontecimientos determinados por la ocupación española en Italia los que condujeron, desde la lejana Cataluña, a Bernart De Villamari, conocido como Bernardo Villamarino, que se había casado con la hermana del gran capitán don Raimondo de Cardona, lugarteniente del Reino, a Italia. Originariamente el apellido de la familia era Villamari, después vulgarizado en Villamar, Villamarì, Villamaría y el más usado Villamarino/a. En los documentos tanto el nombre del padre y como el de la hija lo encontramos indicado como Villamari.
Isabella Villamarino nació en el año 1503.
El 2 de junio de 1504, Bernardo Villamarino, conde de Bosa, obtuvo del rey Federico, por servicios prestados, el condado de la ciudad de Capaccio y el feudo de Altavilla, de Principato Citra, Pisciotta, Calvello, Tito y Satriano confiscados a Guglielmo Sanseverino. El gran almirante sobresalió en las guerras contra los turcos en Constantinopla, en el Danubio y en otras regiones de Hungría. Por su coraje y fidelidad a la corona fue nombrado Rey lugarteniente del Reino, conservando su título honorífico de “grande almirante” y conde de Capaccio-Altavilla. Aprobó a los Altavilleses tradiciones y una serie de artículos en su estatuto. Murió el 2 de diciembre de 1512.
Desde este momento, Isabella, sucedió al padre en el condado de Capaccio y Altavilla. De ella se hizo cargo su tía Isabella Maria Richenens, esposa de Raimondo de Córdoba. Fue considerada una de las mujeres más célebres de la época.
La figura de esta mujer se enlaza con un episodio importante de la feudalidad en la Italia meridional. La vida de Ferrante Sanseverino, príncipe de Salerno, su marido, es el ejemplo del sometimiento y de la transformación de la baronía napolitana, durante el dominio español.
Ferrante Sanseverino fue confiado desde muy pequeño al conde de Capaccio, padre de Isabella. De este modo los dos príncipes, futuros esposos, transcurrieron su infancia juntos.
Ferrante tenía menos de diez años de edad cuando el 17 de octubre de 1516, con el consentimiento del rey Fernando II, lo unieron en matrimonio con Isabella, de doce años, su coetánea y compañera de juegos. De este modo la serie de feudos y territorios que había heredado Ferrante se añadieron a los de Isabella haciendo una unión potentísima.
Isabella fue una literata de gran fama, experta en las lenguas clásicas, bella e inteligente, cantada numerosas veces en versos por sus contemporáneos, Mazziotti la describe así:
“... piccola statura, aveva bellísimo il volto e grandi occhi neri, squisita grazia e soavità nel dire. Onorata da molti studi e colta, fornita di spirito gentile destava l’ammirazione e l’entusiasmo...”. Desgraciadamente no existen retratos que nos muestren la imagen de Isabella.
Paolo Manuzio escribió que, en Avellino, la había escuchado recitar versos y prosas en latín escritas por ella y había quedado impresionado por su calidad. La elogia también el Abad Serassi cuando escribe la biografía de Torquato Tasso. Y Ortensio Landi, milanés, que en su obra Sferza degli scrittori antichi e moderni, publicada en Venecia en el año 1750 bajo el pseudónimo de Utopia, la elogia con palabras de admiración.
De ella se pueden destacar composiciones musicales a dúo con su marido, escritas durante el exilio del mismo y una gran cantidad de cartas dirigidas al Emperador, al cardinal Seripando y al arzobispo de Salerno.
Los príncipes transcurrieron gran parte del tiempo en castillos, sobre todo en Nápoles. En Salerno poseían una espléndida casa, en frente del edificio Ruggi de via Tasso, donde transcurrieron algunas temporadas.
El emperador Carlos V viajó a Nápoles y permaneció en la ciudad desde el 25 de noviembre del año 1535 hasta el 22 de marzo de 1536. Durante su estancia en la ciudad residió en el Castel dell’Ovo y sus estrechos colaboradores fueron huéspedes de la princesa Isabella. La permanencia del emperador animó toda la ciudad y los nobles prepararon numerosas fiestas para hacer agradable su demora. El emperador en una recepción conoció a Isabella y quedó impresionado por la gracia de su belleza, la cultura de su espíritu vivaz y la exquisitez de sus modales.
Durante una fiesta de disfraces el Emperador y el marqués del Vasto estaban sentados a los pies de la Princesa, después de una conversación amena el Emperador quiso bromear con Isabella haciéndose pasar por uno de sus colaboradores. Sin saber la verdadera identidad del enmascarado ella le pidió que hablase con el Emperador para pedirle un favor en su nombre. Le pidió que salvase a un cierto Gian Battista Della Tolfa sin pagar el “guidrigildo” (correspondía a la fianza para salir de la prisión). Éste estaba acusado de haber cometido un horrible homicidio. El Emperador, sorprendido, reveló su identidad y admirado por el espíritu de la joven mujer replicó sonriendo: “Ya está hecho lo que se me pedió”. La princesa muy contenta le entregó su ramillete y le dijo: “Señor Mascaro yo recibo la merced; tomase V. G. el ramillete que yo sé lo aggradece”.
En otra ocasión el Emperador de camino a Palazzo Sant’Agostino, con una numerosa escolta, quiso cambiar la ruta para “riguardare bravamente” la princesa, que para su llegada adornó exquisitamente los balcones. Durante varios días el Emperador y la princesa estuvieron juntos, conversando, bailando. El interés del Emperador era tan evidente que su marido fue avisado por el marqués del Vasto. Éste casi obligado a seguirle el juego, fingió que nada sucedía. Durante esta breve estancia el Emperador hablando confidencialmente con Doña Juana de Aragón, duquesa de Tagliacozzo, hablando de Isabella le dijo:
“Tre cose… mi ricordo a chi mi può in Napoli comandare aver promesso, duchessa mia. Una de le quali era in mano mia e la feci mal volentieri che fu smascherarmi innanzi a lei. L’altra che era contro le leggi perdonando l’omocidio commesso a Gian Battista Della Tolfa, con querele e interessi di parte; l’altra di farmi intercessore col Papa affinché possa la principessa di Salerno entrare dentro un monastero di donne monache per vedere sua sorella effetto vietato ad ognuno per editto Pontificale”.
Laura Cosentini escribe que “... la fama de l’amor suo per la principesa diede d’un tratto a questa una celebrità che le assicurava tutti gli omaggi, suscitandole molte invidie, mentre la grazia e la dolcezza de l’animo suo generoso aumentavano l’aureola gloriosa”.
Isabella participó activamente en las actividades del consorte. Su matrimonio con el príncipe no fue fácil, por las condiciones históricas que le tocó vivir y porque tenemos la certeza histórica de que su marido no era un modelo de fidelidad. Varias cartas testimonian su debilidad por las demás damas de la corte.
En 1551 el príncipe de Salerno huyó de la inminente amenaza del virrey Don Álvarez de Toledo, atravesando Basilicata y Puglia y embarcándose en Venecia para dirigirse a Francia. Fue declarado rebelde un año después. Isabella permaneció en Nápoles resistiendo a la hostilidad del virrey y declarando, como protesta, su fidelidad al rey, emperador Carlos V. Cuando la flota francesa y la turca se acercaron a Nápoles, siendo Ferrante el jefe de dicha flota, Isabella se retiró a Castel Nuovo para evitar sospechas y calumnias de su complicidad con los franceses. En ella existía implícita la convicción de que el único autor de su desgracia fuese el virrey Don Álvarez de Toledo, porque había perseguido hasta el exilio a Ferrante y la perseguía a ella también. En su interior no consideró nunca su fidelidad al rey incoherente respecto a las acciones de Ferrante.
Durante el proceso de su marido, la princesa, se refugió en el castillo de Avelino donde vivía su sobrina. El 12 de octubre de 1552 Isabella le escribe una carta al emperador confesándole todos sus miedos, ansias, sufrimientos y esperanzas.
El 13 de diciembre de 1554 la princesa Isabella escribe una carta, en lengua española, al Emperador donde le pide ayuda para salvar a sus súbditos, Joan Vincenzo Pysicello, Mucio Capeche y el abad Capeche, que habían sido acusados de traición.
El 15 de julio de 1555 Don Bernardino Mendoza, por orden del Emperador, informa a la princesa que se había preparado un viaje a España para que Isabella se encontrase con la reina de Portugal, hija de Carlos V. Isabella emprendió el viaje desde Nápoles con las galeras del reino con la esperanza de mejorar la situación y poner fin a sus sufrimientos. El 1 de agosto de 1555 hizo una parada en Barcelona después de una “prospera navigazione… e… senza haver sentito incomodo veruno…”. De este modo describe la hospitalidad en dicha ciudad en una carta al cardinal Seripando del 10 de agosto:
“…son stata accarezzata et accolta da i Cavalieri e Signori di questa città con tanta amorevolezza e cortesia che s’ella m’avesse visto m’havrebbe preso contento non mediocre...”.
Cuando pasó por Zaragoza fue recibida con igual hospitalidad por parte de los caballeros, del duque y de la duquesa de Francavilla, suegros del señor Ruy Gómez, virrey del reino de Aragón. Después de esta hospitalidad la princesa estaba realmente sorprendida y ella misma decía “non mi verria mai animo di partirmi”.
La princesa Isabella pasó muchos días en España esperando con nostalgia al Emperador: “…solo mi manca la presenza di S. M. alla quale sempre che è stato in procinto di venire si sono opposti questi benedetti impedimenti di guerra…”. En realidad el Emperador quería vivir en soledad los últimos días de su vida, de este modo se retiró al monasterio de Yuste en Extremadura. En 1556 abdicó a favor de su hermano Fernando y de su hijo Felipe II. Pesadillas religiosas lo obsesionaron hasta los últimos días de vida y murió el 21 de septiembre de 1558.
Cuando a Isabella Villamarino le fue concedido el permiso para volver a Nápoles un ictus cerebral acabó con su vida, el día 14 de octubre de 1559 en Madrid (Algunos críticos como I. Gallo y L. Troisi aseguran que el lugar de la muerte era Valladolid).
Poco después de la muerte de Isabella, la reina de Francia prometió a Ferrante una boda con una tal Francesca, propietaria de numerosas posesiones en Francia, pero el príncipe de Salerno estaba ya enamorado y prefirió casarse con una joven de Aviñón. Ferrante murió en el año 1568, a la edad de 61 años, en el más absoluto anonimato con su joven esposa pero sin la aprobación de sus conciudadanos por haberse convertido al calvinismo.
Obras
Lettere
Canzoni
Ediciones
Las cartas manuscritas se encuentran en el Archivo General de Simancas.
Las canciones se encuentran en un manuscrito conservado por la Princeton University (ms. 3119, 492)
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Texto Representativo
A continuación se presenta una carta que la princesa de Salerno escribió al Emperador Carlos V confesándole sus ansias, sufrimientos y esperanzas. Fechada el 12 de octubre de 1552 en Avelino, el manuscrito se encuentra en el Archivo General de Simancas, Leg. 1025.
S. C. C. Mad An sido de tantes mis trabajos y desventuras de las cosas pasadas y sentido las tanto que no e tenido un dia de descanso para poder hacer lo que al presente hago que es besar los pies y manos de V. Mad y darle quenta de la miseria y trabajos en que me hallo y con tantas necesidades como V. M. podra mandar entender por el que enbyo con esta y por la memorya y peticion que le presentava de my parte yo confirmandome con el servicio de V. M. y con el parecer del Ill.e virey he estado asta agora èn Avellyno tierra donde chiza por la soledad con que me hallo podria vecibir trabajo asi de foraxidos come de la incomodidad que alli ay y no mudaria de estancia sin el mandamiento y orden de V. M.a quien suplico humildemente con la reverencia que debo sea servida syendo yo tun sola y desamparada y aviende nascida vasalla de V. M. y quien soy mandar baver lacrima y compacsion de mi y tomar el amparo y proteccion de mi soledad y de quien tanto lo ha menester y escrivir al virey que de parte de V. M. la tome y de la scusa que se de buena voluntad lo ava y a mi enviarme a mandar donde se a mas servicio de V. M. que resida on Napoles ò en otra parte x salga del peligro en que aqui estoy porque aquello obedecere como el portador de esta dira y no me apartare un punto de la obediencia y voluntad de V. M. cuya vida y grandeza nuestro Señor dios guarde per infinitissimos annos como dese amos y hemos menesler sus fidelisimos vasallos de Avellyno.
A los doce de Ottubre de v. m.d vasalla y esclava que sus pyes y manos besa. La princesa de Salerno.
