Escritoras y Pensadoras Europeas
I+D del Ministerio de Educación y Ciencia (Duración: 3 años. Ref. HUM 2005-06658/FILO)
Investigadora Principal Dra. Mercedes Arriaga
Universidad de Sevilla
Escritoras y Pensadoras Europeas
Maruja Mallo (1902 - 1995)
por Isabel Rubin Vazquez De Parga
- Período Literario: Vanguardia
- Lengua en la que escribe: español
Su nombre es Ana María Manuela Josefa Gómez y González pero todo el mundo la conoce como Maruja Mallo. Nace en Viveiro, Lugo, el 5 de enero del año 1902. Pertenece a una familia numerosa, encabezada por el matrimonio de Justo Gómez Mallo y María del Pilar González siendo ella es la cuarta de catorce hermanos. Comienza sus estudios en Avilés porque su padre, funcionario del Cuerpo de Aduanas, es trasladado a dicho lugar. Sus primeros estudios los cursa en la Escuela de Artes y Oficios y empieza a copiar las ilustraciones que aparecen en las revistas de la época. En Asturias expone alguno de sus primeros cuadros y en 1922, a los 20 años, se traslada a Madrid con su hermano, el escultor Cristino Mallo. “En calidad de alumna oficial becada por la Excelentísima Diputación de Lugo” se inscribe en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde estudia hasta el 1926, además de asistir a las clases a la Academia Libre de Julio Moisés.
En dicha academia, a través de su otro hermano, Justo, conoce a Salvador Dalí que la introduce en su grupo de amigos formado por jóvenes poetas y artistas, algunos de los cuales pertenecerán a la generación del 27, como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Buñuel, María Zambrano y Concha Méndez entre otros.
En estos años Maruja crea su propio leguaje artístico, atenta a los ecos de las diferentes vanguardias que empiezan a llegar a España (futurismo, surrealismo, cine) y al arte popular.
En estos años forma parte del triángulo amistoso formado por María Zambrano y la poeta Concha Méndez con las que comparte afinidades intelectuales, inquietudes estéticas y vitales. Pero comparte especial complicidad con Concha con la que vagabundea por el Madrid de los años 30 de noche y acompañadas por hombres. Las dos amigas son las primeras jóvenes en inaugurar el “sinsombrerismo”, eliminando de sus atuendos el uso del sombrero y recorriendo las calles de Madrid con la cabeza descubierta escandalizando a los transeúntes. Además de las tertulias de la Residencia, Mallo frecuenta asiduamente las de los domingos en casa de María Zambrano, siendo ella la única mujer, la del café Pombo coordinadas por Gómez de la Serna, la tertulia de Arbiz, el director de la Filarmónica de Madrid donde revolucionan a los componentes más viejos, sólo por el hecho de que dos jóvenes de buena familia salieran solas a la calle. También van al Alkázar, donde entonces se baila el charlestón, o se reúnen en el Ritz, en el Cristal Palace, en el Club del Rector, en el Florida o en las tabernas de Tetuán y Curtidores y los cafés-cantantes de la calle Jardines; a Maruja le atrae lo popular, callejero y mundano. Son los años en que Maruja revoluciona con su personalidad a quien la conoce. Una mujer que, muchos años antes de que empezara la lucha femenina por la igualdad ya la había ganado viviendo como artista.
En los años 1927-28 forma parte de la denominada Primera Escuela de Vallecas con Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y Luis Castellanos, entre otros. Y en este mismo año se publica el texto de Franz Roh con la serie de sus Verbenas y Estampas divididas en populares, de máquinas y maquiníes, deportivas y cinemáticas.
En 1927 aborda temas recurrentes a la modernidad, pinta por ejemplo Elementos de deporte, La ciclista o Mujer de la cabra, este último durante su estancia en Canarias.
Melchor Fernández Almagro queda asombrado por su talento cuando ve sus Verbenas y Estampas y no duda en hablarle a José Ortega y Gasset de sus obras; éste le ofrece los salones de la Revista de Occidente para que presente su primera exposición, en la primavera de 1928 (primera y única exposición que realizó esta revista). Exhibe diez óleos que representan poblados llenos de sol, toreros y manolas, estampas coloreadas de maquinarias, deportes con mujeres atléticas y cine. La exposición es todo un éxito y gracias a ésta Ortega la introduce en su selecto círculo. Se convierte así en una de las protagonistas de España. Por aquel entonces su obra seguía la línea de la nueva objetividad o realismo mágico. Algunos califican su pintura como perturbadora y colorista y no ven lo cargada que está de ironía.
Durante esta década trabaja para numerosas publicaciones literarias como “La gaceta literaria”, “El almanaque literario” o la “Revista de Occidente” y realiza portadas para numerosos libros.
A finales de 1928 pasa por una etapa de inflexión y acercamiento al surrealismo fruto de su relación personal con Alberto Sánchez y Benjamín Palencia, con quien recorrerá los paisajes desoladores y duros de las afueras de Madrid, las zonas donde termina el urbano y empieza el rural. Este tipo de paisajes dan lugar a la serie “Cloacas y Campanarios”. La pintura de esta etapa es desgarradora y tremendista, actitud que suaviza con el paso del tiempo.
En el año 1930 ilustró con Dalí y Ángeles Santos artículos para El Robinson.
Conoce a Rafael Alberti en el año 1925, poco después de que éste recibiese el Premio Nacional de Literatura por “Marinero en tierra”. Se enamoran y colaboran artísticamente hasta el año 1931; Maruja crea los decorados del drama “Santa Casilda”, deja testimonios en los libros “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos” y en “Sermones y moradas”.
Poco después viaja a París, acompañada por su padre, con una pensión de la Junta de Ampliación de Estudios, su primera exposición se realiza en la Galería Pierre Loeb y su obra causa sorpresa entre los surrealistas. En la ciudad francesa conoce a André Breton y Paul Éluard quienes le proporcionan unos buenos contactos como René Magritte, Max Ernst, Joan Miró, Giorgio de Chirico, Jean Cassou, Picasso o Louis Aragon.
Cuando vuelve a España, a finales de 1932, participa activamente en la Sociedad de Artistas Ibéricos. Por aquellos años ya es conocida en los ambientes intelectuales y el gobierno francés le compra uno de sus cuadros para exponerlo en el Museo Nacional de Arte Moderno. Su vuelta le supuso un nuevo giro en su estilo, su pintura cambió radicalmente y alcanzó la maestría, tanto que el mismo Breton le compra en este año el cuadro titulado “Espantapájaros”, obra llena de espectros que hoy es considerada una de las grandes obras del surrealismo y que pertenece a la serie “Cloacas y Campanarios”. De esta época son sus cuadros “Espantapeces” de 1929, “Antro de fósiles” de 1931 y “Espantapájaros” de 1930, entre otros.
Estudia matemáticas y geometría para aplicarlas a sus lienzos y cerámicas, afirma su interés por la creación de un lenguaje universal basado en los principios de la geometría que tiene su correspondencia con los principios constructivos de Torres-García. De aquí sus nuevas series “Arquitectura minerales”, inspiradas en piedras, y “Arquitecturas vegetales”, llenas de frutas extrañas.
En esta época combina su trabajo artístico, realiza viñetas para la Revista de Occidente y otras revistas, con una intensa actividad de compromiso con la República.
Ejerce como profesora de Dibujo en el Instituto de Arévalo y en la Escuela de Cerámica de Madrid, para la que diseña una serie de platos que se destruyen durante la guerra.
También en febrero de 1935 entra en contacto con el poeta Miguel Hernández en casa de Pablo Neruda. Juntos pensaron el drama “Los hijos de la piedra” y se aprecia la influencia de Mallo en numerosas composiciones y 18 de los 30 poemas de “Imagen de tu huella”.
A partir del 1936 empieza su etapa constructiva y en mayo de ese mismo año tiene lugar su tercera exposición individual organizada por ADLAN en el Centro de Estudios e Información de la Construcción en la Carrera de San Jerónimo de Madrid con la serie de 16 cuadros de “Cloacas y Campanarios”, la serie de 12 obras de “Arquitecturas minerales y vegetales” y 16 dibujos de Construcciones rurales que publica en 1949 la Librería Clan con un prólogo de Jean Cassou. La exposición la preside su obra Sorpresa del trigo, obra con la que empieza su etapa muralista y revolucionaria que prosigue en el exilio. Ésta es la última obra que Maruja pinta en España antes de su exilio, la pinta en 1936 y está inspirada en los trigales de la estepa castellana: “el trigo es el símbolo pánico del mundo”, escribe la pintora.
En este año también funda en Madrid el salón “Amigos de las Artes Nuevas”, que se inaugura con Picasso. Realiza, en el 1935, los figurines y decorados de la ópera bufa del músico Rodolfo Halffter, el espectáculo “Clavileño” en el Auditorio de la Residencia de Estudiantes de Madrid.
Cuando empieza la guerra civil ella se encuentra en Galicia con las Misiones Pedagógicas y allí permanecerá unos meses antes de bajar a Portugal y viajar a Argentina. Con la invitación a dar una conferencia en Buenos Aires llega su oportunidad de viajar fuera de España, gracias a su amiga Gabriela Mistral, embajadora de Chile en Portugal, se embarca en la aventura del exilio.
En el año 1939 publica su primer libro “Lo popular en la plástica española a través de mi obra” y empieza a pintar especialmente retratos de mujeres, su estilo es precursor del arte pop estadounidense.
En Buenos Aires produce Canto de espigas y los viajes a Chile y costa del Pacífico encadenan su etapa marina. La Serie Marina son armonías lunares, en colores plata y gris. La influencia del sol daría lugar a la Serie Terrestre, armonías solares, en ocres y dorados. En la serie de Cabezas y Máscaras, la pintora se inspira directamente en cultos afro-americanos como por ejemplo el Vudú.
Entre 1945-1957, Maruja Mallo tiene un periodo oscuro; sus apariciones públicas y sus exposiciones también son más raras, pero de este periodo se puede destacar su viaje a la isla de Pascua en compañía de Neruda. Parece ser que esta estancia influyó en el esoterismo que caracterizó su obra posterior.
Viaja a Uruguay, Bolivia, Brasil y Nueva York donde conoce a Warhol.
En 1964 regresa a España y cierra un capítulo de su vida. Pero aquellos que fueron sus contemporáneos o bien están muertos o siguen en el destierro. Se instala primero en el hotel Palace y después en un apartamento de la calle Claudio Coello y pinta viñetas para la Revista de Occidente.
En el año 1979 empieza su última etapa pictórica con Los Moradores del vacío, obras pintadas durante los años setenta, y una serie de ocho litografías, homenaje a la Revista de Occidente. Ya tiene 77 años, pero conserva su vitalidad de siempre.
Su obra es cada vez más valorada por los críticos y galeristas, especialmente por la crítica española más joven, que ven en ella la encarnación de una vanguardia oculta por el franquismo. Con la muerte de Franco llega su reconocimiento y su culminación con la Medalla de Oro de Bellas Artes en 1982, una exposición antológica que le dedica en 1993 el Centro Gallego de Arte Contemporánea y el Premio de Artes Plásticas de Madrid.
Muere en Madrid el 6 de febrero de 1995 con 93 años en la residencia de ancianos Menéndez Pidal de Madrid.
Obras
“Las manías de los escritores” en Gaceta Literaria, 1927.
“El escritor visto por su mujer” en Gaceta Literaria, 1927.
“Lo popular en la plástica española a través de mi obra, 1928-1936”, Losada, Buenos Aires, 1939.
“Proceso histórico de la forma en las artes plásticas”, Conferencia pronunciada el 31 de julio de 1937 en la sociedad Amigos del Arte, Buenos Aires.
“Relato veraz de la realidad de Galicia” la Vanguardia, agosto de 1938.
Bibliografía Crítica
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Texto Representativo
De las obras expuestas en los Salones de la Revista de Occidente donde expuso diez óleos y treinta estampas coloradas comenta:
“Nada extraño es en el Verbena ver a los ángeles cabalgar sobre un cerdo o guiar los automóviles de los carruseles. Con frecuencia, cruzan precipitadamente las plazas del brazo de los soldados o corren perseguidos por los carabineros [...] Al mismo tiempo que el demonio pasa espantado en un coche de punto, los sacerdotes torean en las barracas y giran en las norias [...] Aparecen agigantados burlescamente reyes, nobles, burgueses, toreros, boxeadores y manolas. Todos estos personajes tienen presencia grotesca, realidad de fantoches...”
(Cit. en Pérez de Ayala, J., pág. 35)
En su libro Lo popular en la plástica española a través de mi obra, publicado en Buenos Aires, la pintora explica su naturaleza escatológica; y habla de Espantapeces de 1929 (ganador del premio Estrada Saladrich), Antro de fósiles de 1931 y Espantapájaros de 1930, entre otros.
“En estos momentos me impresionaba la naturaleza eliminando las basuras. La tierra incendiada y encharcada. Las cloacas empujadas por los vientos. Los campanarios atropellados por los temporales. El mundo de las cosas que transitan. Esta visión tangible de las cosas que se transforman, que con frecuencia tropezaba por las estaciones de circunvalación, es la base del contenido de la labor de aquel momento” (pág. 23).
Cuando regresa de París Maruja dirige su atención de nuevo al constructivismo. El estudio de la naturaleza y de su orden íntimo, le darán las claves para sus próximos trabajos. “Arquitecturas minerales” y “Arquitecturas vegetales”. Su obra Sorpresa del trigo pertenece a esta época y es a partir de aquí que nace su etapa muralista a la que le añade también cerámicas. Sobre ello escribe:
“Descubro que el orden es la arquitectura íntima de la naturaleza. Observo en el microscopio los cristales de la nieve. Observo las construcciones campesinas, la íntima estructura de los frutos y de las espigas, la estructura de los animales [...]. Descubro un orden numérico y geométrico que rige todas estas estructuras, [...]. Busco la expresión de ese orden, de esa armonía, de ese equilibrio regido por el número...”
(Cit. en Pérez de Ayala, J., pág. 22)
En una entrevista publicada en El Imparcial Maruja le explicaba al periodista la génesis de su última etapa pictórica, la de Moradores del Vacío:
“Cuando entré en el conocimiento de Einstein, Marx y Freud, los tres santos laicos es cuando hago esta pintura que por todo reconocimiento levita. Y además tengo la necesidad de inventar seres míticos. De ahí salen los “Moradores del Vacío”, y de mis siete travesías por los Andes, donde tuve la sensación de levitación y en donde me plantee las interrogantes sobre las formas no conocidas que existen siete mil metros más arriba.”
(Cit. en Pérez de Ayala, J., pág. 27)
Septiembre 2007
