Escritoras y Pensadoras Europeas
I+D del Ministerio de Educación y Ciencia (Duración: 3 años. Ref. HUM 2005-06658/FILO)
Investigadora Principal Dra. Mercedes Arriaga
Universidad de Sevilla
Escritoras y Pensadoras Europeas
Carolina Coronado (1820 - 1911)
por Andrea Gallo
- Período Literario: Romanticismo
- Lengua en la que escribe: Lengua Española
Carolina Coronado nació en 1820 en Almendralejo, un pueblo de la provincia de Badajoz en Extremadura, en el seno de una familia acomodada y distinguida pero de ideas liberales que atrayeron la represión fernandina sobre sus miembros: Fermín Coronado, el abuelo de la escritora, murió ese mismo 1820 por maltratos, y el padre Nicolás, fue encarcelado y luego amnistiado en 1829.
Cuando Carolina tenía cuatro años, la familia se trasladó a Badajoz, sin embargo, a pesar de vivir en una ciudad (aunque muy de provincias en la época) y a pesar de las ideas “progresistas” de la familia, la joven Coronado no recibió nada más que la normal (es decir muy pobre) educación de una señorita de su época, aunque es sabido que tuvo una buena cultura musical. Desde niña se demostró precoz en la lectura y en la composición literaria, especialmente de versos, y como autodidacta aprendió francés, inglés, italiano y portugués. Sin embargo, a pesar de las capacidades, y en contra de sus aspiraciones personales, la familia siempre obstaculizó la vocación literaria de Carolina, que se reveló pronto: en 1839 publicó en el periódico madrileño «El Piloto» la oda A una pluma, poema que despertó cierto interés, incluso en el bien famoso paisano suyo José de Espronceda. Pocos años después salió su primer libro Poesías con prólogo de Hartzenbusch.
En 1850 la familia Coronado se trasladó a Madrid, aquí Carolina hizo vida de corte, destacando por su belleza y su talento literario, dotes que le procuraron el favor incluso de la reina Isabel II. Dos años después Carolina se casó con Horacio Justo Perry, primer secretario de la Embajada de los Estados Unidos. Tras su matrimonio, aunque no abandonó la actividad literaria, la Coronado dejó casi por completo la poesía por la prosa, publicando sus obras sólo tras largas temporadas de silencio; en esta segunda fase de su vida Carolina desarrolló una intensa actividad de anfitriona, antes en Madrid, más tarde en Lisboa: por su salón pasaron personalidades progresistas de la altura del Duque de Rivas, Quintana, Zorrilla, Castelar, Gallego, Nocedal y otros.
El año 1854 fue un momento muy doloroso para la vida de nuestra escritora, a los dos años murió su hijo Horacio, pero las angustias no habían terminado, y veinte años después, en 1873, murió también su hija Carolina, cuyo cadáver, por decisión de su madre, fue embalsamado y conservado en un armario en el convento de las Madres Pascualas de Recoletos. Tras esta pérdida, el matrimonio se trasladó a Lisboa, a Paço d’Arcos y luego al palacio de la Mitra; en 1891 murió su marido Horacio, al que Carolina también mandó embalsamar y conservar en la capilla de su residencia y a él se dirigía todas las noches con el nombre de “El silencioso”. Carolina murió el 15 de enero de 1911 y su cuerpo, junto con el del marido, fue trasladado a Badajoz por su hija Matilde, la única que le sobrevivió, y por su yerno, el Marqués de Torres-Cabrera.
Aunque nunca se haya olvidado por completo a Carolina Coronado, la crítica ha vuelto a dedicarle atención desde hace relativamente poco tiempo. Famosa en su época por su belleza y elegancia, su talento, sus ideas anticonformistas y algo excéntricas (aunque llevó la vida discreta de una dama de la alta sociedad), su fortuna deslució tras su fallecimiento. Carolina en efecto, sin olvidar sus largas pausas entre una obra y otra, especialmente después de casada, fue una autora activa y creativa. Escribió y publicó sus poemas, algunos de ellos tradicionales otros bastante “inovadores” con cierta temática “libertaria”, poemas que se editaron en un primer momento en revistas y más tarde en volumen (en tres ediciones diferentes incorporando siempre nuevos textos); se dedicó a la prosa novelística (tenemos noticia de una quincena de novelas), al artículo y al ensayo de costumbre, y hasta al texto dramático, sabemos efectivamente que compuso varias obras teatrales (Alfonso IV de León, Un alcalde de monterilla y El divino Figueroa) aunque sólo una de ellas se estrenó (El cuadro de la esperanza, 1846).
Si es verdad que la crítica actual ha puesto más el acento en la inspiración “feminista” de su obra que, si por un lado reivindica más autonomía para la mujer y sobre todo el derecho a una buena educación y al ejercicio de las letras, por el otro pone a la persona Carolina en contraste existencial entre el papel público de escritor y el privado de esposa y mujer, no cabe duda de que la escritora extremeña es – prescindiendo incluso de esta problemática – una interesante y digna representante de las letras españolas del siglo XIX.
Obras
Poesía
Poesías, 1843; 2ª ed. ampliada 1852; 3ª ed. 1872.
Novelas
Jarilla, 1850.
Paquita y Adoración, 1850.
La Sigea, 1851.
Luz, 1851.
La rueda de la desgracia. Manuscrito de un conde, 1873.
El oratorio de Isabel la Católica, 1886.
Harnina (inacabada), 1880.
Ensayos
Los genios gemelos. Primer paralelo: Safo y Santa Teresa de Jesús, 1850.
Un paseo desde el Tajo al Rhin, descansando en el Palacio de Cristal, 1851.
Galería de poetisas contemporáneas (varios escritos publicados entre 1846 y 1862).
Teatro
El cuadro de la Esperanza, (inédito, fecha probable 1847-1848).
Varios artículos y cartas
Ediciones recientes
Poesía
- Poesías, edición, introducción y notas de Noël Valis, Madrid, Castalia, 1991.
- Se va mi sombra, pero yo me quedo, edición por Luzmaría Jiménez Faro, Madrid, Torremozas, 2001.
- Poesías, edición y prólogo Mercedes Rodríguez Pequeño, Dueñas (Palencia), Simancas ediciones, 2003.
Prosa
- Obra en prosa. Novelas, teatro, ensayos, artículos y cartas, Edición, introducción y notas de Gregorio Torres Nebrera, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1999, 3 voll.
- Jarilla, edición e introducción de Monroe Z. Hafter, Badajoz, Diputación de Badajoz, 2001.
- Cartas de Carolina Coronado a Juan Eugenio de Hartzenbusch, por Isabel Fonseca Ruiz, en Homenaje a Guillermo Gustavino, Madrid, asociación Nacional de Bibliotecarios, Archiverso y Arqueólogos, 1974, pp. 171-199; y por Isabel María Pérez González, La condición femenina en las cartas de Carolina Coronado a Juan Eugenio de Hartzenbusch en «Revista de Estudios Extremeños» Badajoz, 1992, pp. 259-314.
Traducciones
PORTUGUÉS
Romance. Jarrilla, traducción anónima por entregas en «Revista popular», Lisboa, 1851.
Jarrilla, ou Os misterios dos tres castelos de Regio, trad. F.P. de Costa Gonsalves, Lisboa, Typogr. De Luis Correa de Cunha, 1857.
INGLÉS
Jarilla. A tale of Extremadura, trad. William Cullen Byrant, por entregas en «New York Ledger». 1869.
Bibliografía Crítica
- Pedro María Torres-Cabrera, «Carta» con datos biográficos, «Archivo Extremeño», febrero-marzo, 1911 (número de homenaje a Carolina Coronado).
- Ramón Gómez de la Serna, Mi tía Carolina Coronado, Buenos Aires, Emecé, 1942.
- Adolfo de Sandoval, Carolina Coronado y su época, Zaragoza, Librería General, 1944.
- José Tarín-Iglesias, La voz amorosa de Carolina Coronado, Barcelona, Poliglota, 1960.
- Gerardo Diego, Primavera de Catalina [sic] Coronado en «Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo», 38, 1962, pp. 385-401.
- Valeriano Gutiérrez Macías, Carolina Coronado: crítica e intrepretación, Badajoz, Inst. De Servicios Culturales de la Diputación, 1965.
- James W. Cortada, An Isabeline Poet, Carolina Coronado: A Bibliographical Note en «Revista de Estudios Hispánicos», 12, 1978, pp. 313-320.
- Antonio Porpetta y Luzmaría Jiménez Faro, Carolina Coronado, (apuntes biográficos y antología), Madrid, Torremozas, 1983.
- Monroe Z. Hafter, Carolina Coronado as a Novelist en «Kentucky Romance Quarterly», 30, 1983, pp. 403-418; Introducción en Jarilla, cit., 2001, pp. 9-59.
- Isabel María Pérez González, Carolina Coronado. Epopeya de una mujer, Badajoz, Diputación Provincial de Badajoz, 1986; La condición femenina en las cartas de Carolina Coronado a Juan Eugenio de Hartzenbusch en «Revista de Estudios Extremeños» Badajoz, 1992, pp. 259-314.
- Alberto Castilla, Carolina Coronado de Perry, Madrid, Beramar, 1987.
- Susan Kirkpatrick, Waterflower: Carolina Coronado’s Lyrical Self-Representation en Las Románticas: Women Writers and Subjectivity in Spain, 1835-1850, Berkley, University of California Press, 1989, pp. 208-243.
- María del Carmen Simón Palmer, Las románticas y la sociedad de su tiempo en «Ínsula», 516, Diciembre, 1989, pp. 19-20.
- Noël Valis, Introducción en Poesías, cit., 1991, pp. 7-41.
- Fernando Manso Amarillo, Carolina Coronado. Su obra literaria, Badajoz, Diputación de Badajoz, 1992.
- Gregorio Torres Nebrera, La obra en prosa de Carolina Coronado en Obra en prosa. 1999, vol. 1, cit., pp. 9-89.
- Mercedes Rodríguez Pequeño, Carolina Coronado, en Poesías, cit., 2003, pp. 7-17.
* Para una bibliografía (obras y crítica) detallada véanse Gregorio Torres Nebrera, Bibliografía en Obra en prosa cit., pp. 89-97, Monroe Z. Hafter, Introducción en Jarilla, pp. 61-64.
Enlaces de interés
- http://es.wikipedia.org/wiki/Carolina_Coronado
- http://sauce.pntic.mec.es/~pmarti8/carolina.htm
- http://amediavoz.com/coronado.htm
- http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=crit.php&wid=453&show=poema
Texto Representativo
La Rosa blanca (soneto)
¿Cuál de las hijas del verano ardiente,
cándida rosa iguala tu hermosura,
la suavísima tez y la frescura
que brotan de tu faz resplandeciente?
La sonrosada luz del alba naciente
no muestra al desplegarse más dulzura,
ni el ala de los cisnes la blancura
que el peregrino cerco de tu frente.
Así, gloria del huerto, en el pomposo
ramo descuellas desde verde asiento;
cuando llevando sobre el manso viento
a tu argentino cáliz oloroso
roba su aroma insecto licencioso,
y el puro esmalte empaña con su aliento.
(Poesías, edición y prólogo Mercedes Rodríguez Pequeño, cit., p. 86)
Los tres castillos del Moro Regío
¿Quién no ha visto algún castillo feudal? Y ¿quién al ver uno tan magnífico como aquél de que dio posesión D. Juan II al señor de Villeña, no hace en su mente un paralelo entre las torres que habitaban los hidalgos de entonces y los palacios que habitan los grandes de ahora?
Labrados artesones ciertamente y mármoles pulidos ostentan la cultura de los modernos duques, en tanto que las moradas de los castellanos antiguos se fundaban sobre la roca, y mostraban por techedumbre pedazos informes de piedras descarnadas; pero comparadlos.
Allá, en una sierra sobre un pueblo donde se fabrican búcaros de rojo barro, se alza todavía el castillo que prestaron los godos a los árabes para hospedaje de siete siglos, y que después volvieron a habitar los mismos godos, sin que una sola piedra hubiese dado indicio de la flaqueza que con el tiempo revela toda fábrica de mortales.
(Jarilla, I parte cap. I en Obra en prosa, edición de Gregorio Torres Nebrera, cit., vol. 1, pp. 107-108).
