Escritoras y Pensadoras Europeas

Concha Zardoya (1914 - 2004)

por Andrea Gallo

Concha Zardoya González ha sido una importante poetisa, escritora y crítica literaria hispano-chilena. Esta etiqueta inusual permite dar cuenta de las dos integrantes de su historia personal, la chilena, país donde nació y creció, y la española, el país de la familia, país de su juventud y país al que está relacionada toda su historia.
Nació, primera de dos hijos (Alfonso Juan se llamaba su hermano, menor que ella un año y medio) el 14 de noviembre de 1914 en Valparaíso (Chile) de padre vasco-navarro y de madre santanderina; aunque fuera cántabra, su madre había crecido en Barcelona, y curiosamente solía hablar a la pequeña Concha en catalán.
Nuestra escritora vivió y se educó en Chile hasta 1932; estudió en el Liceo n. 2 de Valparaíso y obtuvo su primer título de estudio en «Humanidades». A los diecisiete años se trasladó con su familia a España, viviendo un tiempo en Zaragoza, desde donde posteriormente se trasladaron a Barcelona; en la ciudad catalana Concha trabajaba en un taller pintando lámparas y muebles antiguos. Por fin toda la familia se fue a vivir a Madrid.
En la capital se matriculó en la Universidad de Madrid en la facultad de Filosofía y Letras, aquí estuvo frecuentando los cursos desde 1934 a 1936; para ganarse un dinero pasaba a máquina los borradores de Gabriela Mistral y daba clases particulares. Los años de la Universidad fueron años ricos de estímulos culturales, en los que disfrutó de la lección de autoridades como Américo Castro, Salinas y Ortega y Gasset, entre otros. Durante la época de la Guerra Civil, es decir, de 1936 a 1939, Concha vivió en Valencia, aquí asistió a un curso de Bibliotecarios en la Universidad, curso en el que enseñaba Dámaso Alonso. En esta ciudad levantina empezó a trabajar dependiente del Ministerio de Educación Pública del gobierno republicano; estaba en «Cultura Popular», desempeñando múltiples funciones. Fue también encargada de la Emisión Radiofónica a donde llevó a Miguel Hernández para que leyera unos poemas suyos. Durante la guerra su único hermano murió y este evento trágico contribuyó a despertar en ella la vocación poética. Poco a poco, a través de José María Quiroga Pla, Zardoya iba publicando sus poemas en «Hora de España», revista de la cual era secretaria en aquel entonces María Zambrano; sus primeros textos sacados a la luz fueron “Antiguos camaradas” (Elegía) y “Ritual del pan” (Violencia del duelo).
En mayo de 1939 regresó a Madrid, donde se estableció y vivió de la costura, de hacer copias a máquina y de las traducciones; posteriormente ejerció la enseñanza, primero educando a los niños en el Colegio Ibérico, y más tarde impartiendo clases de literatura en el colegio Athenea de Madrid. Efectivamente había conseguido reanudar sus estudios como estudiante libre, hecho que le permitió licenciarse en Filología Moderna en 1947. Entre 1945-1946 tradujo del inglés a Walt Whitman y esto le abrió la puerta de los Estados Unidos adonde le invitaron para dar una conferencia, aunque siguió viviendo en España. En la post-guerra escribió Cuentos del antiguo Nilo, y se dedicó también a hacer guiones de cine, prólogos de obras clásicas, y a las series de Lecturas juveniles bajo el seudónimo Concha de Salamanca. Su primer libro de poesía remonta a esos años, Pájaros del Nuevo Mundo fue publicado en 1946; al año siguiente salió Dominio del llanto, y un tiempo después La hermosura sencilla y Los signos, obra que obtuvo un accésit del Premio Ifach.
En 1948 se trasladó a los Estados Unidos impartiendo clases de Literatura Española en la Illinois University como Visiting Instructor, aquí también se doctoró con la tesis España en la poesía americana. Más tarde trabajó como profesora de español en las universidades de Yale, Tulane de New Orleans, en la University of California, en la Indiana University, en el Barnadr College-Columbia University de New York, en Bloomington, y por último en University of Massachusetts et Boston. En esos años iba componiendo su valiosa aportación crítica sobre la literatura española, dedicándose con particular interés a los autores del siglo XX y a la vez seguía escribiendo versos y publicando sus colecciones de poesía. En 1955 obtuvo el Premio Boscán de Poesía por Debajo de la luz; en 1975 el Premio Fémina de Poesía por la obra El corazón y la sombra.
Su regreso definitivo a España data de 1977: regresó a vivir a Madrid, ciudad en la que escribió la mayor parte de sus obras. Su labor poética iba adquiriendo siempre más prestigio y atención atestiguada por la entrega de importantes reconocimientos: en 1980 se le entregaba el Premio Café Marfil de Poesía, en 1983 obtuvo el Premio Ópera Óptima con Manhattan y otras latitudes, en 1988 recibía el Premio Prometeo de Poesía. Su última obra publicada fecha de 2003; al año siguiente, falleció el 22 de abril de 2004 en Majadahonda (Madrid), tenía 89 años.

Obras

Poesía
- Violencia del duelo, inédito (1937-1938).
- Pájaros del Nuevo Mundo, Madrid, Adonais, 1946.
- Dominio del llanto, Madrid, Adonais, 1947.
- La hermosura sencilla, New York-Madrid, Hispanic Institute in the United States, 1953.
- Los signos, Alicante, Colección Ifach, 1954.
- El desterrado ensueño, New York-Madrid, Hispanic Institute in the United States, 1955.
- Mirar al cielo es tu condena, Madrid, Insula, 1957.
- La casa deshabitada, Madrid, Insula, 1959.
- Debajo de la luz, Barcelona, Instituto de Estudios Hispánicos, 1959.
- Elegías, Caracas, Lírica Hispánica, 1959.
- Corral de vivos y muertos, Buenos Aires, Losada, 1965.
- Donde el tiempo resbala, Montevideo, Cuadernos Herrera y Reissing, 1966.
- Hondo Sur, Madrid, El Bardo, 1968.
- Los engaños de Tremont, Madrid, Alfaguara, 1971.
- Las hiedras del tiempo, Madrid, Biblioteca Nueva, 1972.
- El corazón y la sombra, Madrid, Insula, 1977.
- Diotima y sus edades, Barcelona, Ámbito literario, 1981.
- Los ríos caudales, Madrid, Corcel, 1982.
- Manhattan y otras latitudes, El Ferrol, Colección Esquío, 1983.
- Retorno a Magerit, Madrid, Comunidad de Madrid, 1983.
- Poemas a Joan Miró, Madrid, Los libros de Fausto, 1984.
- No llega a ser ceniza lo que se arde, Madrid, Corcel, 1985.
- Formas de esperanza, Granada, Ecxma. Diputación Provincial, 1985.
- Ritos, cifras, y evasiones, Madrid, Editorial Ayuso, 1985.
- Los perplejos hallazgos, Madrid, Editorial Orígenes, 1986.
- Altamor, Madrid, Editorial Ayuso, 1986.
- Gradiva y un extraño héroe, Madrid, Torremozas, 1987
- La estación del silencio. Elegías, Madrid, Endymion, 1989.
- Patrimonio de ciegos, Humanes de Madrid, Juan Pastor, 1992.
- El don de la simiente, Madrid, Torremozas, 1993.
- Alrededores míos, Madrid, Torremozas, 2003.

Narrativa
- Cuentos del Antiguo Nilo, Madrid, Aguilar, 1944.
- Historias y leyendas españolas, Madrid, Aguilar, 1942-1946, 6 vols.
- Historias y leyendas de Ultramar, Madrid, Aguilar, 1942-1946, 6 vols.
- En la isla de Pascua. Historia de un Robinson español, Madrid, Editorial Escuela Española, 1985.

Ensayo
- Alonso de Ercilla y Zúñiga: La Araucana, Madrid, Aguilar, 1946.
- Gil Vicente: teatro y poesía, Madrid, Aguilar, 1946.
- Diccionario del Mundo Clásico, Barcelona, Labor, 1954.
- Miguel Hernández. Vida y obra, New York, Hispanic Institute in the United States, 1955.
- Historia de la Literatura Norteamericana (1607-1958), Barcelona, Labor, 1956.
- Poesía española contemporánea, Madrid, Guadarrama, 1961.
- Verdad, Belleza y expresión, Buenos Aires, Edhasa, 1967.
- Poesía española del siglo XX, Madrid, Gredos, 1974, 4 vols.
- El poeta político, Cuadernos americanos, México, 1976.

Traducciones
- Walt Whitman, Cantando a la Primavera, Madrid, Adonais, 1945; Obras escogidas, Madrid, Aguilar, 1946.
- Charles Morgan, Imágenes en un Espero, Barcelona, José Janés, 1949.

Textos suyos se han publicado en muchas antologías

Bibliografía Crítica

- Carmen Conde, Literatura femenina española contemporánea en «Mediterráneo», n. 12, Universidad de Valencia, Valencia, 1945, p. 10; Poesía femenina hispanoamericana: nómina incompleta en «Mundo hispánico», n. 37, Madrid, 1951, p. 20.
- Rafael Bosch, Concha Zardoya. “Corral de vivos y muertos” en «Hispanophilía» n. 31, Garden City, New York, septiembre, 1967, pp. 59-60.
- Isabel Paraíso, Muerte y salvación en la poesía de Concha Zardoya en «Letras del Deusto, vol. 3, n. 5, enero-junio, 1973, pp.187-200.
- Francisco Carenas , El testimonio americano en algunos poetas españoles en Estados Unidos en «Cuadernos Hispanoamericanos», n. 303, septiembre 1975, pp. 31-36.
- Biruté Ciplijauskaité, Dos casas habitadas por la ausencia en «Sin nombre», n. 3, San Juan, octubre-diciembre, 1978, pp. 32-40.
- Manuel Durán, Concha Zardoya y su dolorido sentir en «Sin nombre», cit., pp. 52-59.
- Fernando Alegría, Los engaños de Tremont en «Letras de Buenos Aires», n. 3, Buenos Aires, junio de 1981, pp. 29-34.
- María de García Ifach, Panegírico poético en «Nueva estafeta», n. 50, Madrid, enero, 1983, pp. 43-47.
- Mercedes Rodríguez Pequeño, La poesía de Concha Zardoya (Estudio temático y estilístico), Valladolid, Universidad de Valladolid, 1987.
- John C. Wilcox, Women poets of Spain, 1860-1990 : toward a gynocentric vision, Urbana, University of Illinois Press, 1997.
- Acacia Domínguez, Concha Zardoya: creación literaria y enseñanza, en AAVV., Escritoras del exilio, Madrid, Fundación Españoles en el Mundo, 1999.

* Para una bibliografía (obras y crítica) detallada y puesta al día hasta 1987 véase Mercedes Rodríguez Pequeño, La poesía de Concha Zardoya (Estudio temático y estilístico), cit., pp. 195-202.

Enlaces de interés

Texto Representativo

Dominio del llanto
(A Jerónimo y a José Luis Durán de Cotes)

¡Ay! La tierra que habito, sin dinteles
se ofrece resignada al verde llanto
que de la nada viene al universo,
dominando en el centro de los ojos.

Hasta el cariño es agua de tristeza.
Hasta el cariño es césped vulnerable.
Y de lágrimas nacen las violetas,
el suave musgo negro de las ruinas.
¿Duros cielos que buscan el olvido
Propagan el dolor sobre la nieve?
¿Duros cielos agolpan, tumultuosos,
las legiones del llanto en los países?

¿Son los ángeles fieros, despeinados,
huidos del Señor y de sus tronos?
¿Son los caballos ciegos de los bosques,
en galopar frenético, sin rumbo?

¿Son las manos del viento, enloquecido,
golpeando las torres y los senos
de las vírgenes nubes, de las niñas
que lloran sin saber los sueños tristes?

¿O es el rayo de Dios que incendia y pide
torrentes de dolor para apagarse,
o refrescar la sed que tiene viva
con el llanto crecido entre los hombres?

Y el corazón se estalla como un fruto,
calcinado de amor bajo los árboles:
el compasivo llanto le convierte
en una roja flor desesperada.

(Dominio del llanto, cit., pp. 11-12)


La noche

«Duérmete» - dicen
los que no duermen.

Se abren las sombras:
sus brazos te mecen.

Las aves del sueño
en ellas se ciernen.

Tus ojos, despacio,
a un pozo descienden.

Los pájaros, hondos,
tu sueño protegen.

Dormida, te salvan
de voces que temes.

Dormida, la noche
te vela sin verte.

(Diotima y sus edades, cit., p. 58)


En otra orilla
(A Rosalía de Castro)

En otra orilla estás, en donde sueñas
con el Sar y sus aguas de ceniza,
con montes grises y árboles desnudos,
con las dolientes brumas de las rías,
los tristes charcos negros de la lluvia
y el largo, largo viento que gemía.
En otra orilla estás, ya sin campanas,
pero sueñas aún con esas íntimas
aguas de hondas fuentes que lloraban
por desvalidas aves fugitivas.
Y la verde frescura de los campos
en la noche se acerca hasta tu orilla.
En la otra ribera te acompañan
los sueños que soñaste en la vida,
cumplidos ya, colmada primavera
de tu alma dulce, pura, sensitiva.
Y el más largo silencio de los muertos
te da su paz y larga compañía.


(El don de la simiente, cit., p. 13)


El abanico

Ha cerrado tu mano el abanico
y sonreír tu boca sólo sabe
en dulce faz que el tiempo no ha borrado
todavía.
Desde tu ayer me miras y su niebla
encubre días, noches, largos años.
Más joven que yo eres, madre mía,
y parece que buscas un refugio
que yo quisiera darte sin dudarlo.
Hija mía
serías tú... Soy vieja -ya lo sabes-,
mas tu cuna sería el corazón
que no envejece nunca en su ternura:
en él te mecería dulcemente.
Y mecer tu sonrisa yo sabría.
Tu abanico ha de abrirse al nuevo aire
con ademán feliz y gesto suave:
la gasa rasgaría de gris niebla.
Trasvasadas sonrisas tuyas, mías,
unirán el pasado y el presente.
Han trasvasado amor de las dos almas:
se abre el abanico lentamente...
Y de nuevo a tu lado soy ya niña
y tú madre otra vez, con tu abanico
que abres y reabres sonriendo.

(Alrededores míos, cit., p. 43)

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