Escritoras y Pensadoras Europeas

Francesca Farnese (1593 - 1651)

por Isabel Rubin Vazquez De Parga

Isabella nació en Parma el 6 de enero de 1593. Su padre fue el Duca Mario de la parte de los Farnese de Latera y su madre Camilla Meli Lupi de la parte de los marqueses de Soragna. Vivió con su abuela materna en la corte de Parma hasta los ocho años. La suya no fue una infancia feliz y estos años serán determinantes para la formación de su personalidad humana y cultural. Recibió una educación culta y refinada, aprendió a leer, tocar instrumentos como el clavicémbalo y el órgano, a bailar, a recitar y mostró especial interés por la literatura. La intención de los padres era la de formar una perfecta esposa destinada a un matrimonio noble, pero la viruela le desfiguró la cara y los planes de boda se desvanecieron. La abuela la mandó a Farnese y posteriormente a Roma. En ésta última ciudad aprendió botánica y empezó a apasionarse por la literatura devota. Se cree que el padre la obligó a entrar, el 21 de abril de 1602, en el monasterio de S. Lorenzo en Panisperna donde tomó el nombre de sor Francesca. De su educación en el convento se ocupó su tía, hermana de su padre. Fue un periodo difícil para Francesca, ya que ésta la sometía a las duras reglas de la orden a las que Francesca no estaba acostumbrada. Con la muerte de la misma comenzó para Francesca un momento de tranquilidad y pudo hacer amistades dentro del convento y conocer los libros profanos.
En el año 1607 volvió a la casa paterna y se dedicó a la música, a la literatura y a la composición de versos. En diciembre de ese mismo año decidió entrar en el monasterio de San Lorenzo en Panisperna para comenzar su año de noviciado. Un antiguo biógrafo la recuerda como una persona casi provocadora entre las pequeñas educandas que hacía escandalizar a las más veteranas. Reveló sus dotes de animadora dentro del ambiente del claustro recitando comedias y entreteniéndolas alegremente. Con el apoyo de una de sus hermanas, Victoria quien al entrar en el monasterio adoptó el nombre de Isabella, se impuso dentro del mismo. Francesca amaba el teatro, sabía escribir perfectamente en versos y había estudiado astrología.
Después de vivir un tormento interior decidió tomar un camino de rigurosa devoción que nunca abandonará, apoyada también por su confesor Giovanni Battista Bianchetti. Envidiaba la predicación de los franciscanos mártires en Japón y sufría el hecho de ser mujer por no poder vivir la experiencia de las misiones y la ampliación de los horizontes de conocimiento. Como alternativa vivió intensamente la experiencia mística y elaboró una vía femenina contra la monotonía del régimen claustral posterior al Concilio de Trento. Esta nueva vida consistía en deshacerse de todo tipo de materiales superfluos y privilegios y vivir en completa austeridad. Siguiendo una difundida cultura mística, además de practicar las oraciones mentales, practicó la penitencia física, lo que causó intolerancias entre ella y las demás hermanas del convento. Para poder vivir libremente su estilo de vida severo y espiritual, se trasladó al convento de los Frailes Menores, al lado de la iglesia de San Rocco en Farnese con aquellas hermanas que quisieron seguirla. Este monasterio fue fundado en 1560 a petición de Giulia Acquaviva, mujer de Pier Bertoldo Farnese (abuelos paternos de Francesca), que hizo edificar con su dinero la iglesia de San Rocco con el convento de los Frailes Menores que permanecieron allí durante 57 años. En 1617, el padre de Francesca, pidió el monasterio para ponerlo a disposición de su hija, monja ya desde hacía 10 años. De este modo el 9 de mayo de 1618 el convento tomó el nombre de Santa Maria delle Grazie y ella se ocupó de la educación de las novicias.
Intensificó su deseo de perfección, lo que hizo que nacieran conflictos con su padre y, tras la muerte de éste, con su hermano Diofebo, a causa de su estilo de vida austero, de pobreza absoluta y de la agravación de las penitencias físicas que llevaba, en algunos casos, a poner en peligro la salud de las novicias. Por todo ello se le prohibió continuar con su labor de maestra. Sin embargo, tuvo éxito cuando intentó modificar las constituciones y reglas del monasterio. Por ello el obispo de Castro, Alessandro Carissimi, confió en ella y, ya vicaria del monasterio, en mayo de 1625, le encargó (de forma inusual, puesto que se trataba de una mujer) la redacción de las “Costituzioni”, basadas en la regla de Santa Clara, que caracterizarán a las “clarisse farnesiane”. Se recrudecerán de este modo las penitencias, el ejercicio del silencio y el escaso contacto con el exterior, justificando el nombre de “sepolte vive”, como se las conocía. La organización del monasterio y la vida radical de estas monjas fueron aprobadas definitivamente el 13 de julio de 1638.
También el 18 de marzo de 1631 fundó el monasterio de la Concezione de Albano y favoreció la construcción de una casa comunitaria masculina destinada a la preparación de los confesores que serían los guías espirituales de las monjas. En 1638 reformó el monasterio de Santa Chiara en Palestrina nominando a su hermana Isabella como abadesa e inspiró el proyecto de la iglesia de Santa Maria dei Sette Dolori, realizada entre 1643 y 1646.
Gracias a la ayuda financiera de los Barberini, de la princesa Felice Zacchia Rondanini y de Maria Peretti pudo construirse el monasterio de Ss. Concezione inaugurado el 2 de junio de 1643 donde Francesca Farnese vivirá hasta su muerte. A 58 años de edad, el 17 de octubre de 1651 muere con fama de santa.
Pietro da Cortona, gran pintor especializado en santos, papas, cardenales, abadesas, le hizo un retrato. En éste emerge una mujer absorta con gran sufrimiento en su rostro.

Obras:

Francesca redactó una nueva regla y escribió sus “Costituzini”, resaltando sus principios: la pobreza, la soledad y el escaso interés por las cosas materiales.
Dedicó todo un capítulo de sus “Costituzioni” monásticas, el XX, a la práctica del silencio. Su intención era la de instruir a las novicias, inducirlas a la práctica benéfica con el uso del sentido común y de una prosa sencilla, transparente y animada con un estilo elegante. “Il silenzio”, escribió sor Francesca, es la puerta de la oración, amigo de la tranquilidad, aumento de la verdadera sabiduría y compañero de la contemplación.

Sus Poesie sacre, escritas con la lengua de Petrarca, adhieren perfectamente a un clima de profunda pero digna melancolía barroca tan difundida en la época que parecía un lenguaje natural, lleno de pesimismo y de amargura, sentimiento de pecado y maravilla por la velocidad con la que el tiempo destruye las ilusiones terrenas:

Passa tutto com’ombra, e non permane
Alcun contento in questa fragil vita;
Son dei mortali le speranze vane
Né allegrezza ci può esser compìta.

Las poesías de Francesca Farnese fueron compuestas con la intención de compactar su orden en la obediencia a la disciplina y jerarquía eclesiásticas. Además hay que destacar que estas poesías repetidas tanto en coro como en soledad por las monjas representaban un instrumento importante para la construcción de la identidad del orden dentro de la iglesia y de las monjas dentro del orden. En la poesía de Francesca el sentimiento más evidente es el disgusto, el horror del mundo, del cuerpo, de la carne que se pudre, en un clima de larga penitencia que invita a “sufrir” según la intención mortificante de la vida monástica común en la vida laica de la segunda parte del Seicento (Safty, 1997: 575).
La insistencia en el dolor de la devoción en las poesías de Francesca estaba destinada a aumentar la sensibilidad de las hermanas ante las pruebas de la vida, como penitencias de pecados individuales y colectivos, cuyo último final era la muerte, una muerte barroca contrapuesta a los lujos de aquel “mundo” de corrupción que Francesca había conocido (Pomata, 2005: 166).

Obras

Obras:
Costitutuioni
Lettera spirituale esortatoria
Pie e divote poesie

Ediciones:

Costitutuioni delle Religiose Scalze di S.Chiara del Monastero detto La Solitudine di S.Maria della Providenza Soccorrente della Fara in Farfa, Roma, 1640 y otra edición de 1731.
Lettera spirituale esortatoria, Roma, 1642.
Pie e divote poesie, Roma 1654.
Después de la primera edición de sus poesías, su Cancionero se reeditó otras siete veces. En las reediciones además de los versos de Francesca se pueden encontrar otras poesías compuestas por su hermana Isabella y algunas religiosas del monasterio. Rime Spirituali, Venecia, 1679.
Hay también otras líricas inéditas en Baffioni B., “Liriche sacre inedite di Francesca Farnese”, en Atti e memorie dell’Arcadia, s. III, VI, 1973, pp. 1-18.

Bibliografía Crítica

Andretta, Stefano, La venerabile superbia. Ortodossia e trasgressiones nella vita di Suor Francesca Farnese (1593-1651), Torino, 1994.

Andretta, Stefano, “Farnese Francesca”, en Dizionario Biografico degli italiani, vol. 45, Roma, Treccani, 1995, pp.87-90.

Annibal, F.M., Notizie storiche della casa Farnese..., I, Montefiascone, 1871, pp. 92-98, 102.

Baffioni B., “Liriche sacre inedite di Francesca Farnese”, en Atti e memorie dell’Arcadia, s. III, VI, 1973, pp. 1-18.

Bandini Buti, “Poetesse e scrittrici”, vol I, Roma, 1946, pp. 256-257.

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De Blasi, Jolanda, “Antologia delle scritttrici italiane dalle origini al 1800”, Firenze, Nemi, 1930, pp. 87, 100.

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Nicoletti, Damaso Andrea, Vita della Venerabile Madre Suor Francesca Farnese detta di Gusù Maria dell’ordine di Santa Chiara, fondatrice delli monasterii di S. Maria delle Gratie di Farnese e della Ss. Concettione di Albano e di Roma e riformatrice del monasterio di Santa Maria degli Angeli di Palestrina, Roma Stamperia di Michel Ercole, 1660.

Pomata, Gianna y Zarri, Gabriella, I monasteri femminili come centri di cultura tra Rinascimento e Barocco, Roma, 2005, pp. 164-166.

Rosa, M., “La religiosa”, en L’uomo barocco, Bari, 1991, pp. 234-237.

Safty E., “La decheance physique et la perspective de la mort dans la poésie de l’age baroque”, en “XVII siècle”, 49 (1997), 3, pp. 573-589.

Enlaces de interés

Texto Representativo

A continuación se presenta un fragmento de un texto titulado “Sopra la morte”, que combina en un sólo horror la muerte, la sensualidad, la corrupción, el juicio final, todos los elementos de la miseria hominis en contraposición con la eternidad de Dios:

Verrà, quel dì verra
quando si chiuderà
quell’occhio che già fu
pien di curiosità
Habbi allora pietà
di me somma bontà
Verrà, quel dì verrà
ch’ognuno abborrirà
chi or non puol soffrir
pur un sol fatt’in là.
Habbi allora pietà
di me somma bontà
Verrà, quel dì verrà
che il verme mangierà
quel ventre che cibossi
con tant’avidità
Habbi allora pietà
di me somma bontà
Verrà, quel dì verrà
che in cener ridurrà
la carne che già tolse
tante commodità
(Pie e dovote poesie, pp. 42-43)

Las replicationes de las estrofas y del estribillo expresan el temor, la humillación y la petición de salvación. En este texto no es el amor sino la piedad la petición que se hace al Supremo.

Traducción Castellana

Llegará, ese día llegará
cuando se cerrará
ese ojo que ya fue
colmado de curiosidad
Ten entonces piedad
de mí, Suma bondad
Llegará, ese día llegará
que todos odiarán
¿quién puede decir que no lo sufre ahora
aunque esté lejano y sea uno sólo? (1)
Ten entonces piedad
de mí, Suma bondad
Llegará, ese día llegará
en el que el gusano comerá
ese vientre que se alimentó
con tanta avidez
Ten entonces piedad
de mí, Suma bondad
Llegará, ese día llegará
que en cenizas reducirá
la carne a la que ya privó
de tantas comodidades
(Pie e dovote poesie, pp. 42-43)

(1) Versos de difícil interpretación: se propone una hipótesis.

(Traducción: Isabel Rubín Vázquez de Parga)
(Abril 2008)

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