Escritoras y Pensadoras Europeas

Anna Maria Ortese (1914 - 1998)

por Domenico D'agostino

Anna Maria Ortese

Hija de Oreste Ortese, empleado en una oficina financiera y de Beatrice Vaccà, mujer de condición social superior, Anna Maria Ortese, escritora y periodista italiana, nació en Roma en 1914. Transcurrió su infancia, caracterizada por la precariedad de la situación familiar y los continuos desplazamientos de un lugar a otro, entre Trípoli y Nápoles. Realizó sus estudios elementales en Trípoli y tras haber frecuentado un instituto de preparación para el trabajo estudió varios años de piano. Poco tiempo después murió uno de sus hermanos y ella sustituyó su vocación musical por la literaria. Abandonó los estudios, prefiriendo estudiar como autodidacta y aprendió el francés y el español. Empezó a escribir a la edad de diecisiete años y en 1937 hizo su exordio literario con la recopilación de relatos fantásticos Angelici Dolori, aunque ya a partir de 1935 había empezado a colaborar con la revista “Italia Letteraria”.
Su arte fue admirado por muchos de sus contemporáneos, como por ejemplo Massimo Bontempelli y Elio Vittorini, sobre todo por la profundidad de su escritura y la particular personalidad de una escritora que no se podía asimilar con ninguna influencia exacta. Sensible y atenta a la realidad, su gran capacidad de representar situaciones cotidianas la acercan a la corriente neorrealista desde el punto de vista del contenido, aunque el registro estilístico utilizado por la escritora la pone más cerca al realismo mágico presente en algunos autores hispanoamericanos de la época. En 1953 ganó el Premio Viareggio con Il mare non bagna Napoli, publicado en el mismo año, una colección de relatos que ofrecen un sutil y penetrante retrato de la ciudad napolitana en aquella época, a medio camino entre el cuento realista y la crónica. En 1965 publicó la novela L’iguana, una fábula misteriosa, caracterizada por la polémica moral y los matices fantásticos, seguida por Poveri e semplici (1967), con el cual obtuvo el Premio Strega en el mismo año, una historia amorosa ambientada en Milán que se entrelaza con la política, La luna sul muro (1968), L'alone grigio (1969), Il porto di Toledo (1975), Il cappello piumato (1979), Il cardillo addolorato (1993), Alonso e i visionari (1997), donde se reconoce plenamente su inconfundible estilo de visionaria y transfiguradora de la realidad.
Retraída e introvertida su vida fue caracterizada por el aislamiento y la soledad (nunca se casó y una vez llegó a decir que siempre había estado sola como un gato), la pobreza y la indigencia. Esta voluntad de quedarse apartada de los círculos literarios y de los ambientes culturales, ha contribuido a la escasa notoriedad de la que aún hoy en día goza la escritora, ya que, aunque, junto con Elsa Morante, es considerada una de las autoras más influyentes del panorama cultural italiano del siglo XX, la validez cultural de su producción literaria es poco conocida y poco estudiada por parte de la crítica contemporánea. Murió en Rapallo en 1998.

Obras

Cuentos
- Angelici dolori, Milano, Bompiani, 1937.
- L’infanta sepolta, Milano, Milano sera, 1950.
- Il mare non bagna Napoli, Einaudi, Torino, 1953.
- I giorni del cielo, Milano, Mondadori, 1958.
- La luna sul muro, Firenze, Vallechi, 1968.
- L’alone grigio, Firenze, Vallecchi, 1969.
- Estivi terrori, Catania, Pellicanolibri, 1987.
- In sonno e in veglia, Milano, Adelphi, 1987.

Crónicas
- Silenzio a Milano, Bari, Laterza, 1958.
- Il treno russo, Catania, Pellicanolibri, 1983.
- Il mormorio di Parigi, Roma-Napoli, Theoria, 1986.

Novelas
- L’iguana, Vallecchi, Firenze 1965.
- Poveri e semplici, Firenze, Vallecchi, 1967.
- Il porto di Toledo, Milano, Rizzoli, 1975.
- Il cappello piumato, Milano, Mondadori, 1979.
- Il cardillo addolorato, Milano, Adelphi, 1993.
- Alonso e i visionari, Milano, Adelphi, 1997.

Otras
- La lente scura: scritti di viaggio; a cura di Luca Clerici, Milano, Marcos y Marcos, 1991.
- Corpo celeste, Milano, Adelphi, 1997.

Traducciones

Algunas obras de Anna Maria Ortese han sido traducidas al inglés, francés, español, portugués, alemán. Se han traducido al español las siguientes obras:

- Ortese, A. M., La iguana, traducción de Juan Ramón Masoliver, Barcelona, Destino, 1968.
- Ortese, A. M., Entre vela y sueño, traducción de María José Jaular, Barcelona, Versal, 1989.
- Ortese, A. M., El colorín colorado, traducción de Esther Benítez, Barcelona, Anagrama, 1995.
- Ortese, A. M., El puerto de Toledo, traducción de Esther Benítez, Madrid, Alfaguara, 1991.
- Ortese, A. M., El colorín afligido, traducción de Esther Benítez, Barcelona, Anagrama, 1995.

Bibliografía Crítica

-Bellezza, D., Un'intervista all'autrice (1976), en Ortese, A. M., L'Iguana (1965), Milano, Adelphi, 1994, pp. 185-195.
-Borri, G., Invito alla lettura di Anna Maria Ortese, Milano, Mursia, 1988.
- Citati P., La principessa dell'isola, en Ortese, A.M., L'Iguana (1965), Milano, Adelphi, 1994, pp. 197-204.
- Clerici, L., Anna Maria Ortese, "Belfagor", 1991, n. 4, pp. 401-417.
- Clerici, L., Apparizione e visione: vita e opere di Anna Maria Ortese, Milano, Mondadori, 2002.DE Farnetti, M., Anna Maria Ortese, Milano, Mondadori, 1998.
- Clerici, L., Moralità e coraggio, "Linea d'ombra", 1994, n. 95, pp. 82-84.
- De Giovanni, N., "L'Iguana" di Anna Maria Ortese: l'ambiguità di una metamorfosi incompiuta, "Italianistica", 1989, n. 2-3, pp. 421-430.
- D'Eramo, L., L'Ortese a Toledo, "Nuovi Argomenti", n. s., 1976, n. 49, pp. 176-184.
- Farnetti, M., Anna Maria Ortese, Milano, Mondadori, 1998.
- Fofi, G., La realtà intollerabile, "Linea d'ombra", 1994, n. 95, pp. 80-81.
- Giovannetti, P., Anna Maria Ortese e la nebulosa del dolore, "Linea d'ombra", 1993, n. 84, pp. 19-21.
- Kleiner, B., In sonno e in veglia, "Lapis", 1988, n. 2, pp. 68-69.
- Fiori, G., Anna Maria Ortese, o Dell'indipendenza poetica, Torino, Bollati Boringhieri, 2002.
- Lanslots, I., "L'Iguana" di Anna Maria Ortese: la molteplicità nel viaggio immobile di Daddo, en AA.VV., Piccole finzioni con importanza. Valori della narrativa italiana contemporanea (Convegno Internazionale, maggio 1991. Università di Anversa), a cura di N. Roelens e I. Lanslots, Ravenna, Longo, 1993, pp. 103-110.
- Nozzoli, A., Introduzione a Ortese, A.M., Il mare non bagna Napoli, Firenze, La Nuova Italia, 1979, pp. XII-XVI.
- Rubat Du Merac, M. A., "L'Iguana" d'Anna Maria Ortese: un example de fantastique féminin?, en AA.VV., Les femmes écrivains en Italie aux XIX et XX siècles. (Actes du colloque international en Provence 14, 15, 16 novembre 1991), a cura del Centre Aixois de Recherches Italiennes, Université de Provence, 1993, pp. 191-204.
- Wood, S., Fantasy and Narrative in Anna Maria Ortese, "Italica", 1994, n. 3, pp. 354-368.

Enlaces de interés

Texto Representativo

Uscendo, Eugenia aveva inciampato nello scalino.
- Vi ringrazio, zi' Nunzia, - aveva detto dopo un poco; - io sono sempre scostumata con voi, vi rispondo, e voi così buona mi comprate gli occhiali...
La voce le tremava.
- Figlia mia, il mondo è meglio non vederlo che vederlo, - aveva risposto con improvvisa malinconia Nunziata.
Neppure questa volta Eugenia le aveva risposto, Zi' Nunzia era spesso così strana, piangeva e gridava per niente, diceva tante brutte parole e, d'altra parte, andava a messa con compunzione, era una buona cristiana, e quando si trattava di soccorrere un disgraziato, si offriva sempre, piena di cuore. Non bisognava badarle. Da quel giorno, Eugenia aveva vissuto in una specie di rapimento, in attesa di quei benedetti occhiali che le avrebbero permesso di vedere tutte le persone e le cose nei loro minuti particolari. Fino allora, era stata avvolta in una nebbia: la stanza dove viveva, il cortile sempre pieno di panni stesi, il vicolo traboccante di colori e di grida, tutto era coperto per lei da un velo sottile: solo il viso dei familiari, la mamma specialmente e i fratelli, conosceva bene, perché spesso ci dormiva insieme, e qualche volta si svegliava di notte, e al lume della lampada a olio, li guardava. La mamma dormiva con la bocca a perta, si vedevano i denti rotti e gialli; i fratelli, Pasqualino e Teresella, erano sempre sporchi e coperti di foruncoli, col naso pieno di catarro: quando dormivano, facevano un rumore srano, come se avessero delle bestie dentro. Eugenia, qualche volta, si sorprendeva a fissarli, senza capire, però, che stesse pensando. Sentiva confusamente che al di là di quella stanza, sempre piena di panni bagnati, con le sedie rotte e il gabinetto che puzzava, c'era della luce, dei suoni, delle cose belle; e, in quel momento che si era messa gli occhiali, aveva avuto una vera rivelazione: il mondo, fuori, era bello, bello assai.

(Ortese, A. M., Il mare non bagna Napoli, Milano, Rizzoli, 1975, pp.8-9)

Traducción Castellana

Saliendo, Eugenia había tropezado con el escalón.
- Le doy las gracias, tía Nunzia, - había dicho poco después; - yo soy siempre maleducada con usted, le contesto, y usted tan buena me compra las gafas...
La voz le temblaba.
- Hija mía, el mundo es mejor no verlo que verlo, - había contestado con repentina melancolía Nunziata.
Tampoco esta vez Eugenia le había contestado. La tía Nunzia era a menudo muy rara, lloraba y gritaba sin motivo, decía muchas palabrotas, aunque iba a misa con compunción, era una buena cristiana, y cuando había necesidad de socorrer a un desgraciado, ella se ofrecía siempre, con todo su corazón. Non había que echarle cuenta.
Desde aquel día, Eugenia había vivido como raptada, en espera de aquellas benditas gafas que le hubieran permitido ver a todas las personas y a las cosas en todos sus particulares.
Hasta entonces, había estado envuelta en una niebla: la habitación donde vivía, el patio siempre lleno de ropa tendida, el callejón desbordante de colores y gritos, para ella todo estaba cubierto por un velo sutil: conocía bien sólo el rostro de los familiares, la madre especialmente y los hermanos, porque dormían juntos, y alguna vez se despertaba por la noche, e iluminada por la lámpara de aceite, los observaba. Su madre dormía con la boca abierta, se le veían los dientes rotos y amarillos; los hermanos, Pasqualino y Teresella, estaban siempre sucios y cubiertos de granos, con la nariz llena de catarro: cuando dormían, hacían un ruido raro, como si tuviesen unas bestias dentro. Eugenia, alguna vez, se sorprendía mirándolos, sin comprender, pero, que estaba pensando. Sentía confusamente que más allá de aquella habitación, siempre llena de ropa mojada, con las sillas rotas y el servicio que olía mal, había luz, sonidos, cosas bonitas; y, en aquel momento en que se había puesto las gafas, había probado una revelación: el mundo, afuera, era bello, muy bello.

(Traducción de Domenico D'Agostino)

Imprime / Descarga / Guarda este enlace:

Imprimir Guardar del.icio Google Yahoo RSS
RSS  I+D