Escritoras y Pensadoras Europeas

Caterina Percoto (1881 - 1887)

por Miriam Spinelli

Caterina Percoto nació en Soleschiano (Manzano-Udine), en Friuli, la región del nordeste que linda con Eslovenia y Austria, el 12 de febrero en una familia de abogados, artistas y hombres de letras, única niña de los ochos hijos del conde Antonio Percoto y de Doña Teresa Zaina. Con la muerte de su padre la familia se trasladó a Udine y Caterina entró en el internado "Educandato di Santa Chiara". En este periodo se forjó en ella la aversión hacia la educación que las monjas impartían a las niñas, aversión que defendió a lo largo de su vida. De este periodo fue su primer amor que tanto la familia como las monjas desaprobaban a ser el joven de confesión judia, así que ella se vio obligada a truncar toda relación con él. Caterina, por la desepción, en el trascurso de su vida, se resignó a la soledad y a la educación de sus hermanos antes y luego a la de sus sobrinos. Años después, por razones económicas, la familia volvió al pueblo y Caterina dejó los estudios para dedicarse a los negocios familiares con la ayuda de Pietro Comelli, un cura que trabajaba en la finca y que pronto se convirtió en amigo sincero y en su guía espiritual. En el aislamiento del campo, la escritora se dedicó al estudio y a vivir en su entorno rural, codeándose con los campesinos. En 1839, don Comelli, envió secretamente a la "Favilla" de Trieste,el primer artículo de Caterina: un comentario de la traducción del escritor Maffei sobre algunos parrafos de la "Messiade" de Klopstock y así comenzó la relación de Caterina con Francesco Dall'Ongaro, editor de la revista. Dos años más tarde, se publicaron en la "Favilla" sus primeros cuentos que la llevaron a ser conocida en el mundo literario italiano. A raíz de eso, algunos años más tarde, empezó su amistad epistolar con Carlo Tenca, editor de la "Revista Europea" de Milán mientras que, al morir su hermano Costantino, tuvo que hacerse cargo de la educación de sus hijos. En 1848, en el marco de los levantamientos independentistas, sucedieron "Los hechos " de Jalmicco, (pequeño pueblo de la llanura friulana). Caterina se quedó horrorizada: después de una pequeña aparición en el primer número del "Giornale di Trieste", con un violento artículo "non una sillaba oltre il vero" (ni una sílaba más allá de la verdad), en la que hacía referencia a las atrocidades perpetradas por el ejercito imperial austriaco en Friuli, interrumpió su colaboración con los periódicos para dedicarse a una intensa actividad literaria y política; una elección que le otorgó un gra prestigio entre los literatos nacionalista. La muerte de la madre le dejó el legado de la impresa familiar mientras que Caterina estaba ya enferma y escribia cuentos para jovenes.Fue a Turín invitada por los Antonini y se paró en Milán donde encontró a Ippolito Nievo, Carlo Tenca y Tommaseo. En 1858 por interés de Tenca, de Tommaseo y sobretodo de Antonini, salió en la prestigiosa casa editora Le Monnier de Florencia la primera edición de los "Racconti" (Cuentos) con la presentación de Tommaseo. Cinco años más terde se publicó en Genova, con los hermanos Bottero, en el periódico "La donna e la famiglia", la nueva edición, en dos tomos. En el 1867 en Udine encontró a Garibaldi, al que le reprobó sus ideas anticlericales porque la fe de Caterina tenía en Dios y en la Iglesia los pilares que sustentaban su vida. El año siguiente rechazó la dirección del internado "Educandato di S. Chiara" (en la actualidad "Collegio Uccellis") y en 1871 el ministro de Instrucción Cesare Correnti la nombró inspectora de los internados del Veneto, pero el deambular por las distintas escuelas y conventos, fue fuente de amargas desilusiones para alguien que como ella creía en la pedagogía y renunció. En 1878 el editor Carrara de Milán publicó en su Biblioteca Recreativa "Ventisei racconti vecchi e nuovi" (veintiséis cuentos viejos y nuevos) de Caterina Percoto y cinco años más tarde, se imprimió la edición completa y definitiva con el titulo "Novelle popolari edite e inedite di Caterina Percoto "(Cuentos populares publicados y no publicados) (son 25 de los que 6 no habían sido aún publicados).
En 1885 Caterina estaba tan enferma que no pudo ni siquiera ir a Arta a encontrar al Carducci, hasta que el 15 de agosto de 1887 murió en S. Lorenzo di Soleschiano. La enterraron en Udine, al lado del también poeta friulano Zorutti. Caterina Percoto se incluye en aquella "Literatura de ambiente rústico" o "campestre" que teorizó en 1846 Cesare Correnti en un ensayo, como también el Carcano, el Nievo y el mismísimo Verga, al que la escritora escribió la presentación de su "Storia di una capinera". Las novelas y los cuentos del que en Italia se llamó "género rústico", se inspiraban en historias, personajes y ambientes rurales. En este movimiento se insertó la producción de Caterina Percoto, considerada por su apertura al dialecto y por una visión directa del mundo popular, una precursora del verismo, con el que tuvo también contactos personales a través de Luigi Capuana y del mismo Verga. Su "elección" rural se hallaba como una necesidad y su vocación literaria, encontraba en la representación del mundo campesino su temática más recurrente. En la campiña, Caterina trabajaba y eso la puso en contacto con los campesinos, con personas con las que ella, como condesa, no se hubiese relacionado nunca y tampoco con su pobreza, fruto de unas condiciones económicas de latifundio intolerables por una persona sensible. Será justo esta participación a los problemas diario de los pobres lo que la empujará más tarde a describir de manera atenta y con pasión su vida. Caterina veía el mundo bajo una mirada esquemática muy precisa: la vida es un valle de lagrimas, un lugar de sufrimiento: material para los pobres, espiritual sobre todo para los ricos y en el que tanto los unos como los otros existían y existirán siempre, sin ilusiones de cambios radicales. Los ricos designados para mandar, los pobres para obedecer y sufrir, a trabajar no para cambiar su propio estatus sino sólo para poder vivir de manera digna. El cometido de los ricos sería el de conseguir que el viaje de los pobres en este valle de lagrimas fuera menos doloroso, aliviando su inevitable miseria y los humildes tendrían que resignarse a su condición, sólo con el trabajo conseguirían su salvación, sin rebelarse huyendo (empezaba en esos años en Friuli la emigración hacia América, ampliamente contestada por los terratenientes, que se veían quitar a los mejores jornaleros). Su concepción de la vida era la del trabajo que todos, ricos y pobres tenían que desempeñar, como "tarea social" de manera que tanto los unos como los otros, construyeran armónicamente, complementariamente, una sociedad terrena activa y de progreso, en donde la misma pobreza se combatiría con la ocupación antes que con la ayuda en dinero. La Divina Providencia restablecería la justicia, premiando siempre a los infelices y castigando a los malvados bajo una concepción muy católica, fruto de una fe inquebrantable. Caterina declaró en más ocasiones poder escribir sólo de las experiencias que ella experimentaba trabajando en el mundo rural intentando desarrollar una economía colapsada, sin estrategias, abandonada a una producción de supervivencia. La observación directa de las condiciones de los campesinos era la fuente de su realismo que está caracterizado por la mirada atenta a los hechos reales que se desprende de sus cuentos, hasta convertirla en el nexo de unión de románticos y veristas. Toda la más valiosa producción de la condesa nacía de material autobiográfico, de una impresión directa y sincera de "cosas" reales, de un atento estudio que incluía una penetrante intuición psicológica. En los años antes de los levantamientos revolucionarios de 1848, las condiciones sociales y económicas del mundo rural empezaron a despertar interés y a la evolución de las técnicas de producción agrícola le siguieron unas iniciativas para mejorar los niveles de instrucción de las poblaciones de campesinos. Las intervenciones de letrados como Carlo Tenca y Cesare Correnti, animaban a los escritores italianos a dirigir sus esfuerzos creativos a ilustrar la vida y las condiciones del mundo rural, para exponer la realidad de sus dimensiones morales y materiales. Caterina anticipó las teorías de los intelectuales en facilitar una eficaz respuesta a la exigencia de una representación del pueblo encarnándolo en la sociedad friulana de la mitad del siglo, describiendo la inmovilidad jerárquica y económica de las clases sociales, desde los jornaleros hasta los terratenientes, precediendo también a Nievo. En su producción se encuentra una participación emotiva pero siempre aristocrática al mundo humilde. Le pusieron el apodo de "condesa campesina", por la representación del mundo arcaico de aquellas historias menores, a las que ella miraba con una comprensión inevitablemente aristocrática. Ella hizo del entorno rural de Soleschiano su mundo particular, su aislamiento en la campiña friulana, volcada en su familia, la llevó a mirar a su alrededor, a percibir los sentimientos ajenos, los de una clase social distinta a la suya pero que a la que ella consideraba que había que proteger y dirigir. Si a sus campesinos ya no les podía mandar, ella pretendía enseñarles a cuidar de los gusanos de seda o de los caballos. Empleó, como Manzoni, la temática del mundo de los pobres con un lenguaje simple y popular, dibujando personajes y paisajes de la realidad con un optimismo cristiano, al que se le unía los valores absolutos en los que creía: el estado y la religión, el trono y el altar, dos autoridades aceptadas como fundamento absoluto de un orden indiscutible. La temática del dolor es también muy amplia en su narrativa, debido a la pobreza de los campesinos, a una larga serie de desventuras y de enfermedades, soportadas con resignación y con confianza en la Divina Providencia. El centro y el símbolo de la vida miserable de los campesinos del Friuli como el de los campesinos de la Lombardía de Manzoni, era la "polenta" (harina de maíz cocida, usada como pan), que a menudo se les niega a sus personajes en los tiempos de carestía, como a los niños raquíticos, cadavéricos por el hambre en la ciudad de Osoppo sitiada por los austriacos en la "Donna di Osoppo". Hay que destacar para la autora de "Licôf" (fiesta de inauguración), de "Pane dei morti" (pan de los muertos), de "Un episodio dell'anno della fame" (un episodio del año del hambre), di "Prepoco", un papel de precursora en el desarrollo de temáticas, ámbitos y propósitos sociales, en los que sobresale el plan de educación de progreso moral y material, dirigido tanto a los humildes como a la burguesía agraria y a aquella parte de la nobleza que se dedicaba con espíritu nuevo a la gestión del patrimonio. En la descripción de los hechos del '48 en los cuentos - "L'incendio di Jalmicco", "La coltrice nuziale" (el aposento nupcial), "La donna di Osoppo", Caterina se hizo anti-austriaca. Su patriotismo consiguió que la aceptaran en los ambientes de la cultura oficial, con Tommaseo a la cabeza, pero ella se descubrió ante todo friulana con una producción de cuentos, leyendas, refranes y variaciones sobre ellos. El bilingüismo de Caterina tuvo un papel fundamental en su producción en la que alternó cuentos en lengua italiana con los de la lengua friulana. En sus cuentos italianos, el lenguaje es popular, en el sentido que le dio Manzoni y los románticos a los que les añade una tendencia dialectal, que subraya la gracia expresiva que se encuentra en el idioma nativo. Ella consigue dar aliento a los cuentos friulanos, porque en ellos el lenguaje fluye con la naturalidad del que lo habla cada día y con la mirada puesta en las fiestas y las tradiciones populares que determinan el ciclo de las estaciones y los pasajes obligados de cada uno: el nacimiento, el amor y la muerte. Lamentablemente, sus relatos friulanos pueden ser entendidos sólo por un limitado número de lectores ya que en ellos consigue pincelar perfectamente, con las palabras más ocurrentes de su idioma, los sentimientos que quiere expresar en la forma más liviana y al mismo tiempo más certera. Sus cuentos rebosan de frescura y de una cierta ingenuidad que los convierten en algo peculiar en el panorama literario de la época Su producción está considerada históricamente una de las manifestaciones más originales e interesantes de la poética romántica que abarca la literatura del ochocientos, comprendida entre el Romanticismo, la Scapigliatura y el Verismo.

Obras

Cuentos:
Racconti, Firenze, Le Monnier, 1858
Nuova edizione aumentata, Genova, Ed. «La Donna e la Famiglia», 1863
Ventisei racconti vecchi e nuovi, Milano, Carrara, 1878
Novelle popolari edite e inedite, Milano, Paolo Carrara, 1883
Literatura para jovencitas:
Dieci raccontini per fanciulle, Trieste, Tip. Weiss, 1865
I fiumi di Norina, Milano, Paolo Carrara, 1884
Quindici nuovi raccontini: libro di lettura e di premio, Milano, Paolo Carrara, 1888
Il giornale di mia zia, a cura di Rossana Caira Lumetti, Roma, Bulzoni, 1984

Escritos varios:
Alcune pagine della mia biografia. Nozze Michieli-Bonò, Trieste, Tip. Weiss, 1869
Pensieri. Nozze Serravalle-de Concina, Rovigo, Minelli, 1884
Della necessità del matrimonio per la donna. Nozze Caratti-Rinaldini Arici, Udine, Doretti, 1888
Non una sillaba oltre il vero. Nozze Tacconi-Pravisani, Udine, Tip. M. Bardusco, 1888
Scritti friulani, a cura di Bindo Chiurlo, Udine, Libreria Editrice Aquileia, 1929

Cartas:
Il Friuli nel 1866: lettere inedite di Caterina Percoto - Tiberio Roberti, Udine, Tip. Domenico Del Bianco, 1901
Lettere all'abate Jacopo Bernardi, a cura di Nazzareno Meneghetti, Udine, Tip. Moretti e Percotto, 1915
Lettere inedite di Caterina Percoto al dott. Gioacchino Pompilj, a cura di Luigi Pompilj, in «Ce fastu?. Bollettino della Società Filologica Friulana», XIV, 3, 1938
Corrispondenza Francesco Dall'Ongaro - Caterina Percoto, a cura di Giovanni Battista Corgnali, in «Ce fastu?. Bollettino della Società Filologica Friulana», XVI-XVIII, 1940-1942
Gianfranco D'ARONCO, Carteggio inedito di Caterina Percoto, in «La Porta orientale», XVII, 10-12, 1947
Gianfranco D'ARONCO, Un episodio ignorato della vita sentimentale di Aleardo Aleardi (Dal carteggio inedito di Niccolò Tommaseo - Caterina Percoto), in «Lettere italiane», I, 4, 1949
Iginio DE LUCA, La collaborazione di Caterina Percoto ai giornali torinesi «La Concordia» e «Il Diritto» di L. Valerio, con tre lettere inedite della Percoto al Valerio (e una, pure inedita, del Dall'Ongaro al Valerio), in AA. VV., Miscellanea di studi in onore di Vittore Branca. V. Indagini otto-novecentesche, Firenze, Olsckhi, 1983
Le umili operaie. Lettere di Luigia Codemo e Caterina Percoto, a cura di Rossana Caira Lumetti, Napoli, Loffredo, 1985
Epistolario Caterina Percoto - Carlo Tenca, a cura di Ludovica Cantarutti, Udine, Del Bianco, 1990

Bibliografía contemporánea: desde 1970
Racconti, a cura di Michele Prisco, Firenze, Vallecchi, 1972
Novelle, a cura di Bruno Maier, Bologna, Cappelli, 1974
La mulinàrie, in La voce che è in lei. Antologia della narrativa femminile italiana tra '800 e '900, a cura di Giuliana Morandini, Milano, Bompiani, 1980
Memorie di convento. Suor Maria Gertrude, in Le umili operaie. Lettere di Luigia Codemo e Caterina Percoto, a cura di Rossana Caira Lumetti, Napoli, Loffredo, 1985
Un episodio dell'anno della fame, in Novelle italiane. L'Ottocento, a cura di Gilberto Finzi, Milano, Garzanti, 1985
La donna di Osopo. Il licof, in Narratrici italiane dell'Ottocento, a cura di Anna Santoro, Napoli, Federico e Ardia, 1987
Scritti friulani, a cura di Amedeo Giacomini e Piera Rizzolatti, Udine, Società Filologica Friulana, 1988
Il refrattario, in Scrittrici d'Italia, cura di Alma Forlani e Marta Savini, Roma, Newton Compton, 1991
La donna di Osopo, in Controcanto, a cura di Riccardo Reim, Roma, Sovera, 1991
Prosis furlanis, Gorizia, Clape cultural Acuilee, 1993
Prete Poco. Un episodio dell'anno della fame. La donna di Osopo. Il contrabbando. San Marc. Lis strìis di Gernanie. La rosade di San Zuan, in Le scrittrici dell'Ottocento, a cura di Francesca Sanvitale e Maria Vittoria Vittori, Roma, Istituto Poligrafico e Zecca dello Stato, 1995
Voci dai campi e dai monti, a cura di Mirella Lirussi, Trieste, Agenzia Libraria Editrice, 1996
Novelle, a cura di Novella Cantarutti, Udine, La Biblioteca del Messaggero veneto, 2003
Il licof, in Racconti italiani dell'Ottocento, a cura di Carla Riccardi e Mara Santi, Milano, Mondadori, 2005
L'album della suocera, in La separazione degli amanti. Trenta racconti dell'Otto e Novecento italiano, a cura di Guido Davico Bonino, Torino, Einaudi, 2005

Bibliografía Crítica

Bibliografía de la crítica (desde 1970)
Piero DE TOMMASO, Il racconto campagnolo dell’Ottocento italiano, Ravenna, Longo, 1973
Piero DE TOMMASO, Caterina Percoto, in AA. VV., Studi in memoria di Luigi Russo, Pisa, Nistri-Lischi, 1974
Arnaldo DI BENEDETTO, Per un profilo della narrativa campagnuola in Italia, in Stile e linguaggio, Roma, Bonacci, 1974
Marinella COLUMMI CAMERINO, Idillio e propaganda nella letteratura sociale del Risorgimento, Napoli, Liguori, 1975
Enrica VARISCO FERRERO, Niccolò Tommaseo e Caterina Percoto protagonisti di un caso letterario, Udine, Arti Grafiche Friulane, 1975
Grazia LIVI, Caterina e la concretezza, in «Paragone», XXXIII, 376, 1981
Assunta BARONE, Rassegna di studi critici su Caterina Percoto, in «Critica letteraria», XI, 39, 1983
Iginio DE LUCA, La collaborazione di Caterina Percoto ai giornali torinesi «La Concordia» e «Il Diritto» di L. Valerio, con tre lettere inedite della Percoto al Valerio (e una, pure inedita, del Dall’Ongaro al Valerio), in AA. VV., Miscellanea di studi in onore di Vittore Branca. V. Indagini otto-novecentesche, Firenze, Olsckhi, 1983
Iginio DE LUCA, Sulla novella «I Gamberi» di Caterina Percoto (con documenti inediti), in «Giornale storico della Letteratura italiana», CLX- XII, 512-514, 1983-1985
Grazia LIVI, Da una stanza all’altra, Milano, Garzanti, 1984
Bruno MAIER, La narrativa di Caterina Percoto, in «La Rassegna della Letteratura italiana», XCIII, 1-2, 1989
AA. VV., Caterina Percoto cent’anni dopo, Udine, Del Bianco, 1990: ensayos
Grazia LIVI, Caterina Percoto, in AA. VV., Le stanze ritrovate. Antologia di scrittrici venete dal Quattrocento al Novecento, Mirano-Venezia, Eidos, 1991
Rossana CAIRA LUMETTI, Problematiche socio-letterarie in Pietro Zorutti e Caterina Percoto, in AA. VV., Pietro Zorutti e il suo tempo, San Giovanni al Natisone, Le Marasche, 1993
Marinella COLUMMI CAMERINO, Donna scrittrice e donna personaggio nei racconti di Caterina Percoto, in AA. VV., Les femmes écrivains en Italie aux XIXe et XXe siècles, Aix-en-Provence, Publications de l'Université de Provence, 1993
Adriana CHEMELLO, Le «Penelopi» campagnole di Caterina Percoto, in «Libri di lettura per le donne». L'etica del lavoro nella letteratura di fine Ottocento, Alessandria, Edizioni dell'Orso, 1995
Margaret KERN, Solitude and Solidarity: Feminine Space in the Short Storie of Caterina Percoto, in «Romance Laguages Annual», VIII, 8, 1996
Tommaso SCAPPATICCI, La contessa e i contadini. Studio su Caterina Percoto, Napoli, Edizioni Scientifiche Italiane, 1997
Ricciarda RICORDA, Scrittrici di viaggio e rappresentazione di costume nell'Ottocento italiano, in AA. VV., L'immagine del quotidiano. Letteratura di costume e letteratura di genere tra '700 e '800, Napoli, Edizioni Scientifiche Italiane, 2000
Matilde DILLON WANKE, Caterina Percoto, le radici friulane e la cultura veneta, in AA. VV., Le identità delle Venezie, 1866-1918: confini storici, culturali, linguistici, Roma, Antenore, 2002
Adriana CHEMELLO, Caterina Percoto e Ippolito Nievo, in AA. VV., Ippolito Nievo, Padova, Esedra, 2006 bn

Enlaces de interés

Texto Representativo

LIS STRIIS DI GERMANIE

Quasi tal miez del Canâl di S. Pieri, parsore la vile di Cercivint, si viôt une montagne verde che 'i dìsin la Tencie. La sù in alt al è un biel pradissìt in forme di ciadìn, dulà che jé vôs che vignissin une volte a balà lis strìis di Germanie. E' capitavin ogni joibe la matine a buinore prime che sunassin dì lis ciampanis di S. Nicolò di Paluzze. Vistudis a blanc, cun t'une velete rosse su lis strezzis biondis ingropadis su la cope come une bròtule di cianaipe, sintadis sun t'une file di nuvulutis d'aur e d'arint, svolavin jù vongolant di montagne in montagne fin dulà che nas la Bût. Su la bocie del gran fontanòn in te' ploe minudine che come flôr tamesade 'e salte in aiar pa l'impeto de l'aghe che ven fur imburide a rompisi tai crez, e' si lavavin la muse e i pidins, e po cun ches lor manutis fres'cinis e' si petenavin la caveade e la fasevin sù in rizzòz. Qualchivolte il soreli, plui furbo che tal lor paîs, in ienfre lis crestis de montagne al vignive a cucalis prime che vessin finît di svuatarassi, o la ciampane di S. Nicolò 'e sunave madîns plui a buinore dal solit, e alore vaiulinz e' scugnivin tornà indaûr. Ma plui di spes, mitût tal sen un mazzet di violutis rossis, e' svolavin tal pradissìt de tencie, in dulà che in gran ligrie e' jerin za a spietalis lis strìis ciargnelis e chês del Friûl. Su la specule di Càbie, sun che' montagne verose e rimpinide che ciale parsore Cedarcis, e che fâs cianton tra la Bût e il Ciarsò, si podeve vedelis in comarèz a balà insieme e a bussâsi come tantis sûrs. Indulà che tociavin lis cotulis e chie piduz lizerins, il prât al sflorive di bote e ta l'indoman dut il ciadìn de Tencie al pareve piturât a strichis rossis, turchinis, blancis e zalis, a fuarze di tant pan purcin, zis e campanelutis che cuviarzevin la tiare. E' disin che ancie sâr Silverio, chel danât che al piche la montagne ret il Moscardo, al montave sul so grèbano e par gust di vedélis al meteve il ciapiel vert e la gabane color di rose. Su l'ore di misdì, par rinfres'cialis, al jevave su dal mar un aiarìn zintîl e traviarsade la planure marciave a cavalor de Bût spacant lis alis blancis, mormorant e bussant a une a une lis ondadis che 'i vignivin incuintri. Chel aiarìn, a che' ore istesse, al ven sù ogni dì tal Cianâl di S. Pieri; ma tal ciadìn de Tencie e' no bàlin plui lis strìis. Invece sâr Silverio al piche plui che mai la joibe; quant che al à fat un gran grum di clas, 'a ju sdrume jù te Bût e in forme di purcit al torne in sù a rimà. La ciampane di S. Nicolò, sdrondenade dal vint, cumò 'e sune a miezegnot, e chei bòz malinconics e misteriôs e' parin il sglinghignà di une ciadene.
Lis nestris strìis spauridis e' fùin a scuindisi daûr i grebanos dal Cuc, o sul Ciàul, o in jenfre lis palis secis de Serenate. Chês di Germanie, vistudis a neri, cu lis strezzis disfatis jù pes spàdulis, sintadis sul confin e' vàin l'antighe amicizie piardude y la tiare maglade di sang.

Traducción Castellana

LAS BRUJAS DE ALEMANIA

Casi en el medio del canal de San Pedro, por encima de la aldea de Cercivento, se vislumbra una montaña verde a la que llaman la Tenca. En la cima se encuentra un pequeño prado en forma de barreño donde dicen que iban antaño a bailar las brujas de Alemania. Aparecían cada jueves, de madrugada, antes de que tocaran las campanas de S. Nicoló de Paluzza. Vestidas de blanco, con un velo rojo en las trenzas rubias recogidas en la nuca hasta formar casi un moño de cáñamo, sentadas sobre una fila de nubecillas de oro y plata, revoloteaban hacia abajo de cumbre en cumbre hasta el manantial de la Bût. En las orillas de la gran fuente, en la lluvia sutil que, como la harina de flor tamizada, bota en el aire por el ímpetu del agua que mana violenta y se rompe en las rocas, se limpiaban las caras y los pequeños pies; y luego con sus frescas manitas, se peinaban la cabellera y se arreglaban los rizos. Algunas veces el sol, más listo que el de su país, asomándose entre las crestas de las montañas, las espiaba antes de que terminaran de enjuagarse, o la campana de San Nicoló tocaba mañana antes de lo acostumbrado, y entonces tenían que volver atrás llorando. Pero, más a menudo, se ponían en el pecho un ramito de violetas rojas, volaban hasta el prado de la Tenca, donde estaban esperándolas, llenas de alegría, las brujas de la Carnia* y aquellas del Friuli.
Desde la cumbre de Cabia, desde aquella montaña verde y abrupta que contempla Cedarcis desde lo alto y que hace de esquina entre la Brût y el Chiarsó, se las podía entrever en pandilla bailar juntas y besarse como hermanas. Donde rozaban las faldas y aquellos piececitos ligeros, el prado florecía de pronto y al otro día todo el barreño de la Tenca parecía pintado con rayas rojas, celestes, blancas y amarillas de tantas flores de campo que cubrían la tierra. Dicen que también don Silverio, el condenado que golpea la montaña detrás del Moscardo, subía en su roca y por el placer de verlas se ponía el sombrero verde e la enagua color de rosa. Hacia el mediodía, para refrescarlas, traía desde el mar un airecito agradable y, atravesada la llanura, marchaba a caballo de la Bût, partiendo las alas blancas, murmurando y besando cada una de las oleadas que se le acercaran. Aquel airecito, a la misma hora, sube cada día en el Canal de San Pedro; pero en el barreño de la Tenca ya no siguen bailando las brujas. Por el contrario don Silverio golpea cada vez más los jueves; en cuanto dispone de un montón de piedras, las revuelca en la Bût y como un cerdo vuelve arriba a gruñir.
La campana de S. Nicoló, quebrada por el viento, ahora toca a medianoche y aquellos toques melancólicos y misteriosos parecen el ruido de una cadena. Nuestras brujas, asustadas, corren a esconderse detrás de las rocas del Cucco, o sobre el Chiaul, o entre las palas secas del Sernio. Las de Alemania, vestidas de luto, con las trenzas desechas sobre los hombros, lloran, sentadas en el confín, por la antigua amistad perdida y por la tierra manchada de sangre.

·Carnia - la zona montañosa del Friuli.

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