Escritoras y Pensadoras Europeas
I+D del Ministerio de Educación y Ciencia (Duración: 3 años. Ref. HUM 2005-06658/FILO)
Investigadora Principal Dra. Mercedes Arriaga
Universidad de Sevilla
Escritoras y Pensadoras Europeas
Paola Drigo (1876 - 1938)
por Andrea Gallo
- Período Literario: Siglo XX
- Lengua en la que escribe: Lengua Italiana
Paola Drigo (1876-1938), contemporánea de Ada Negri y Grazia Deledda, se considera hoy en día la más importante escritora veneta de la primera mitad del siglo XX.
Se llamaba Paolina Valeria Maria Bianchetti (Drigo era el apellido del marido) y había nacido en Castelfranco Veneto (Treviso) el 4 de enero de 1876 en el seno de una rica y prestigiosa familia de la provincia veneta. Su padre Giuseppe Valerio Bianchetti era abogado y había sido un republicano amigo de Alberto Mario y de Giosue Carducci; él era sobrino de Giuseppe Bianchetti, figura importante de la cultura trevigiana y senatore del Regno d’Italia. La madre de Paola era Anna Loro, cuyo padre fue también diputado en el Parlamento Nacional.
La riqueza cultural de la familia y las ideas innovadoras del padre de Paola, condicionaron la educación de los hijos; Paola – como la poetisa paduana Vittoria Aganoor (mayor que ella de veinte años) – representó una excepción en el panorama de las escritoras italianas de finales del siglo XIX/ principio del XX: su educación no fue autodidacta, sino que pudo acceder a estudios de buena calidad (Ginnasio Superiore y Scuola Normale).
Se casó muy pronto, a los veinte y dos años, con Giulio Drigo, un agrónomo y acaudalado terratieniente que desempeñó importantes encargos en la vida económica y política de la provincia patavina. La pareja pasó sus primeros años de casamento en el antiguo palacio en piazza del Santo en Padua. En el 1899 nació el único hijo, Paolo, y poco después, en el 1900, la familia se trasladó a Mussolente, cerca de Bassano del Grappa (Vicenza) donde Giulio había comprado una «villa veneta», una antigua mansión de campo, la historica «Ca’ Soderini» llamada ahora «Villa Paola» o «Villa Drigo», lugar que, parece, fue salón de tertulias y música. Los inviernos la familia Drigo los pasaba a menudo en la ciudad, Padua, pero también Venecia, Milán, Roma; frecuentes, sus viajes a Paris y por el resto de Europa.
Paola Drigo se dedicó a la escritura «profesional» más tarde de lo que solía suceder a otras autoras de novelas y cuentos, ella en efecto nunca fue obligada por las necesidades de la vida a convertir su interés por las letras en un trabajo: su actividad literaria documentada se desarrolla a lo largo de veinte y cinco años, curioso a este respecto lo que había escrito en un artículo publicado en 1931 en «Nuova Antologia»: «L’amore e la maternità assorbono un limitato periodo della vita femminile: vent’anni o poco più. Si spegne questa gran luce, e scocca l’ora più grave, più difficile e più pericolosa nella vita di una donna».
Con buena probabilidad fue en el ambiente milanés que Paola estableció los primeros contactos editoriales que le permitieron publicar sus cuentos. En 1912 apareció en «La Lettura», revista de lecturas del «Corriere della Sera» dirigida por Renato Simoni, el cuento Ritorno que retoma «con valenze inusuali, e specifica angolatura di sguardo, un tema tanto significativamente frequentato dal romanzo ottocentesco, quale quello delle monacazioni (femminili), che interessano il narratore quando non hanno verità» (Paola Drigo, Racconti, a cura di Patrizia Zambon, Padova, Il Poligrafo, 2006, pp. 20-21). Después de Ritorno editó La fortuna, el 16 de mayo del mismo año en la romana «Nuova Antologia». Con trabajo metódico, Drigo empezó a colaborar con las más prestigiosas revistas italianas: además de que en «La Lettura» y «Nuova Antologia», publicó sus escritos (unos pocos artículos, y un buen numero de cuentos) también en «L’Illustrazione italiana», «Italia!», «Il Secolo XX», «Pègaso» y «Pan». Colaboró también a la «terzapagina» de los diarios «Gazzetta di Venezia» dirigida por Damerini, y con un solo texto, cuyo título es Finestre sul fiume, al «Corriere della Sera», donde llegó en 1937, a la vigilia de su muerte.
Los textos narrativos Drigo los recogió, poco a poco según salían en revista, en tres volumenes – de los veinte y tres cuentos sólo tres no se incluyeron en las colecciones (La partenza di Sise (novellina per ragazzi), Una storia qualunque, Finestre sul fiume) – se publicaron: La fortuna, siete cuentos, Treves 1913; Codino, siete cuentos, Treves 1918, y la última colección, La signorina Anna, seis cuentos, publicada por el editor de Vicenza Ermes Jacchìa en 1932.
El 1936 es un año muy importante para la Drigo escritora. Con sesenta años, cuando se podía pensar que ya su inspiración artística hubiera terminado, Paola Drigo publicó, con el prestigioso editor Treves, dos novelas, diferentes entre ellas, pero de auténtica calidad estética: Fine d’anno y Maria Zef.
Sólo dos años después, el 4 de enero de 1938, Paola Bianchetti Drigo fallecerá en Padua.
No todo el corpus drighiano gozó de la constante atención de la crítica, la obra que mayormente se ha editado ha sido la novela Maria Zef, novela que fue candidata al «premio Viareggio» de 1937, favorablemente juzgada por los críticos (Manara Valgimigli, Pietro Pancrazi, en la actualidad también Claudio Magris) y que hoy en día en Italia como en el extranjero continua siendo objeto de estudios y debate (existen también dos versiones cinematográficas del texto: una de 1953, director Luigi De Marchi, otra de 1981, director Vittorio Cottafavi).
Ambientado en Carnia (Friuli, o mejor en una zona de los Alpes entre Friuli y Veneto) Maria Zef narra la cruda historia de abusos y violencia que una chica muy joven, Maria/Mariùte, sufre por el tío en un contexto de brutal degradación. Toda la crítica ha apreciado el chocante realismo y la habilidad mimética de la Drigo por haber descrito y narrado un ambiente, un mundo, un universo tan lejano del suyo.
El pasar del tiempo, el sobrevenir de la vejez y de la enfermedad, la dificuldad de relación con los hijos ya mayores, la dura y mísera realidad de las gentes del campo veneto son los temas de la otra novela Fine d’anno. Este texto es un ficticio diario-memoria que da cuenta de la maduración interior de una mujer ya de cierta edad, la cual, viuda, decide dejar el palacio de la ciudad para dedicarse a la gestión de la hacienda familiar en la tentativa de salvar el patrimonio. Fine d’anno es la crónica de un «svelamento»; la protagonista vive una serie de desilusiones que, diferentemente de lo que ocurre en mucha narrativa de la época, consigue superar. Una novela de formación sui generis.
En fin, los cuentos de Paola Drigo, por gusto y estilo, están más relacionados con la literatura del siglo XIX que con las vanguardias; el tema que interesa mayormente a la escritora son «ejemplares» historias de mujeres, una ejemplaridad dada por la trágica y dramática cotidianidad de la condición femenina, y, más en gereral, del destino humano.
Paola Drigo fue una artista compleja y bien conectada en el panorama cultural italiano de la primera mitad de 1900, y, por su especificidad (también regional) y la originalidad del conjunto de sus escritos, merece – como demuestran los estudios de relectura y revaluación de Patrizia Zambon –buena atención entre los importantes escritores italianos del siglo XX.
Obras
Obras
NARRATIVA
La fortuna, Milano, Treves, 1913 (cuentos).
Codino, Milano, Treves, 1918 (cuentos).
La signorina Anna, Vicenza, Jacchìa, 1932 (cuentos).
Fine d’anno, Milano, Treves, 1936 (novela).
Maria Zef, Milano, Treves, 1936 (novela).
OTROS ESCRITOS
Lettere del Carducci e di Alberto Mario a Valerio Bianchetti, «Pègaso», 1931.
Varios escritos periodísticos
EDICIONES RECIENTES
Cuentos
Racconti, a cura di Patrizia Zambon, Padova, Il Poligrafo, 2006.
Novelas
Maria Zef, Pordenone, Biblioteca dell’Immagine, 1998; a cura di Mario Turello, Udine, La Biblioteca del Messaggero Veneto, 2003.
Fine d’anno, a cura di Patrizia Zambon, Lanciano, Rocco Carabba, 2005.
Traducciones
Traducciones
Algunas de sus obras han sido traducidas al alemán, croato, checo, inglés y francés.
ALEMÁN
Maria Zef, trad. de Hedwig Kehrli, Frauenfeld-Leipzig, Huber & Co., 1939.
CROATO
Maria Zef, trad. de Vilka Deanovic, Zagaber, Hrvatsko izdavalacko bibliografski zadov, 1943.
U sjeni bregova (Maria Zef), Zagaber, Matica hrvatska, 1961.
CHECO
Nevykoupení (Maria Zef), trad. de Nina Tučková, Praha, Vyšehrad, 1943.
INGLÉS
Maria Zef, trad. de Blossom Steinberg Kirschenbaum, Lincoln, University of Nebraska Press, 1989.
FRANCÉS
Le drame de Madame X, trad. de Danièle Valin, en la antología Nouvelles d’Italie : femmes écrivains (1860-1939), textes réunis par Emanuelle Genevois et Danièle Valin, Paris, Alfil, 1994.
Bibliografía Crítica
Bibliografía crítica*
- Pietro Pancrazi, Racconti di Paola Drigo, en Scrittori italiani dal Carducci al D’Annunzio, Bari, Laterza, 1937, pp. 217-227.
- Louis Gilet, Littératures étrangères. Paola Drigo, «Revue des deux Mondes», CVIII, 2, 15 janvier, 1938, pp. 443-457.
- Manara Valgimigli, Una scrittrice virile: Paola Drigo, «Nuova Antologia», LXXV, 1630, 16 febbraio 1940, también en Uomini e scrittori del mio tempo, Firenze, Sansoni, 1943, pp. 197-219.
- M. Elisabetta Pontello Negherbon, Una scrittrice veneta: Paola Drigo, «Aevum», XXXVII, 5-6, settembre-dicembre, 1963, pp. 502-526.
- Claudio Magris, La forza di raccontare una vita indicibile, «Corriere della Sera», 30 maggio 1982.
- Patrizia Zambon, Paola Drigo, en Le stanze ritrovate. Antologia di scrittrici venete dal Quattrocento al Novecento, a cura di A. Arslan, A. Chemello, G. Pizzamiglio, Mirano-Venezia, Eidos, 1991, pp. 253-264.
- Gian-Paolo Biasin, Lassù sulle montagne, en The Flight of Ulysses: Studies in Memory of Emmanuel Hatzantonis, a cura di A.A. Mastri, Chapel Hill, Annali d’Italianistica, 1997, pp. 239-313.
- Robin Pickering-Iazzi, “Maria Zef”: The Discorse of Country and Its Dis-membering, en Politics of the Visible: Writing Women, Culture, and Fascism, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1997, pp. 147-164.
- Anna Santoro, Paola Bianchetti Drigo, en Il Novecento. Antologia di scrittrici italiane del primo ventennio, Roma, Bulzoni, 1997, pp. 111-136.
- Antonio Illiano, Invito al romanzo d’autrice ’800-’900. Da Luisa Saredo a Laudomia Bonanni, Fiesole, Cadmo, 2001, pp. 81-94 y 142-148.
- Elvio Guagnini, Paola Drigo, en La fama e il silenzio. Scrittrici dimenticate del primo Novecento, a cura di F. De Nicola, P.A. Zannoni, Venezia, Marsilio, 2002, pp. 31-39.
- Barbara Marola, Paola Drigo, en Fuori norma. Scrittrici italiane del Novecento, Ferrara, Tufani, 2003, pp. 69-133.
- Patrizia Zambon, Il filo del racconto. Studi di letteratura in prosa dell’Otto/Novecento, Alessandria, Edizioni dell’Orso, 2004, pp. 145-153 y pp. 227-235.
- Patrizia Zambon, Introduzione, nota biografica y nota bibliografica en Paola Drigo, Fine d’anno, Lanciano, Rocco Carabba, 2005, pp. 7-48.
- Andrea Gallo, Paola Drigo, «Fine d’anno», en «Critica Letteraria», XXXIV, 131, 2006, pp. 400-403.
- Patrizia Zambon Introduzione, nota biografica y nota bibliografica en Paola Drigo, Racconti, Padova, Il Poligrafo, 2006, pp. 11-29 y pp. 191-201.
- Patrizia Zambon, Paola Bianchetti, Asolo e Castelfranco, en Pescarini et Al., Paola Drigo. Castelfranco Veneto 1876-Padova 1938, Castelfranco- Asolo, Rotary Club, 2006, pp. 9-18.
-Andrea Gallo, Una scrittrice veneta del primo novecento: Paola Drigo, en «Padova e il suo territorio», XXII, 125, 2007, pp. 27-30
* Para la bibliografía de Paola Drigo - narrativa, escritos periodísticos (conocidos), biografías, crítica - véase: Patrizia Zambon, Nota bibliografica, en Paola Drigo, Racconti, a cura di Patrizia Zambon, Padova, Il Poligrafo, 2006, pp. 195-201.
Enlaces de interés
- http://www.maldura.unipd.it/italianistica/ALI/bianchetti.html
- http://www.repubblicaletteraria.net/PaolaDrigo_racconti.htm
- http://www.arabafelice.it/dominae/scheda.php?id=42
Texto Representativo
Eravamo alla fine di dicembre, un dicembre freddo, ventoso; i campi intorno lividi; in montagna la neve fino a mezza costa.
Per semplificare riscaldamento e servizio, avevo chiuso quell’anno completamente il piano nobile della villa e trasportato i miei appartamenti notturni al pianterreno, in una stanzetta di pochi metri quadrati dove un tempo si mettevano al riparo le seggiole da giardino, una stanzetta tutta porte e finestre che pareva un’uccelliera.
Aveva essa un grazioso soffitto a stucchi, ed era davvero un alloggio originale.
Un semplice cancelletto in ferro e vetro la separava dalla serra, attraverso il quale, dal mio letto, potevo quasi toccare le larghe foglie puntute dei camerops, e i gigli rossi che protendevano verso il sole le teste fiammeggianti; l’altra parete era quasi tutta presa da una finestra di forma bizzarra, più larga che alta, di dove vedevo le due grandi magnolie solitarie sul prato; nelle terza parete, un’altra finestra, differente dalla prima, scavata a imbuto nello spessore del muro come quelle dei castelli, si apriva verso le montagne: azzurre, verdi, nere, nere e bianche, secondo la luce e la stagione.
E tutto questo era molto bello, fuor del comune, ed anche grandioso, e mi dava talvolta la curiosa impressione di dormire all’aperto.
…
Sì, stavo nella bella villa antica cogli stucchi alle pareti e alla torre l’orologio del Ferracina, e, quando c’era, mi godevo tutto il sole, e potevo passeggiare sotto i grandi alberi come Giuseppina alla Malmaison: questa era una delle facce del quadro; l’altra, spoglia di abbellimenti retorici, era che dovevo stare in campagna quell’inverno, e forse altri inverni ancora, tutt’altro che per un elegante capriccio o per dedicarmi alla vita contemplativa, bensì per prendere in mano personalmente ed energicamente l’amministrazione dissestata.
(Paola Drigo, Fine d’anno, a cura di Patrizia Zambon, Lanciano, Rocco Carabba, 2005, pp. 57-59).
Traducción Castellana
Traducción Castellana
Era el final de diciembre, un diciembre frio, ventoso; los campos alrededor estaban lívidos; en las montañas la nieve llegaba hasta la mitad de la ladera.
Para simplificar calefacción y servicio, había cerrado aquel año por completo el piso principal de la villa y trasladado mis aposentos nocturnos a la planta baja, en un cuartucho de pocos metros cuadrados donde tiempo atrás se solían poner las sillas del jardin, un cuartucho todo puertas y ventanas que parecía una pajarera.
Tenía un agraciado techo de estucos, y realmente era un alojamiento original.
Una simple reja de hierro y cristal lo separaba del invernadero, a través de él, estando en mi cama, casi hasta podía tocar las anchas hojas puntiagudas de los camerops, y los lirios rojos que dirigían hacia el sol sus cabezas llameantes; la otra pared estaba ocupada casi por entero por una ventana de forma rara, más ancha que alta, por ella veía las dos grandes magnolias solitarias en el prado; en la tercera pared, otra ventana, diferente a la primera, excavada como un embudo en el espesor del muro como las de los castillos, se abría hacia las montañas: azules, verdes, negras, negras y blancas, según la luz y la estación.
Y todo ello era muy lindo, nada común, y hasta grandioso, y me proporcionaba a veces la curiosa impresión de estar durmiendo al raso.
…
¡Sí! estaba en la bella villa antigua con los estucos en las paredes y en la torre el reloj del Ferracina, y, cuando lo había, disfrutaba de todo el sol, y podía pasear debajo de los grandes árboles como Josefina en la Malmaison: ésta era una de las caras del cuadro; la otra severa, sin adornos retóricos, era que tenía que estar en el campo aquel invierno, y tal vez otros inviernos aún, no por un elegante capricho o para dedicarme a la vida contemplativa, sino para ocuparme personalmente y con energía de la administración desordenada.
(Traducción de Andrea Gallo)
