Escritoras y Pensadoras Europeas

Grazia Deledda (1871 - 1936)

por Mª Del Rosario Martín Muñoz

Grazia Deledda

Grazia Maria Cosima Damiana Deledda llegó al mundo en Nuoro (Cerdeña) el 27 de septiembre de 1871, dentro de una familia acomodada, siendo la quinta de siete hermanos. El progenitor tenía una más que aceptable formación, había estudiado Retórica en Cagliari, había conseguido el diploma de procurador y escribía poesía dialectal; le iba bien en sus negocios, que fundamentalmente tenían que ver con la tala de árboles y la exportación de carbón vegetal que mandaba al continente.

Sería en su ciudad natal donde Grazia realizaría sus escasos estudios académicos, que no fueron otros que los de la escuela elemental, que se finalizaba entonces a los nueve o diez años, cosa usual entre las niñas de aquel tiempo aunque pertenecieran a familias con recursos, como la de ella, a diferencia de lo que ocurría en el caso de los varones. Después de acabar la educación básica, al menos por un tiempo, Grazia recibe clases de un profesor particular gracias a la intervención del hermano Andrea, quien era además el que le proporcionaba lecturas y la llevaba consigo a alguna que otra fiesta popular o a las excursiones por los campos y montañas que recorrían los pastores, con los que con frecuencia conversaban. Pero, es sobre todo en el espacio íntimo y cotidiano de la casa, donde la fantasía de la pequeña fue alimentada por los cuentos de la servidumbre, cuyos temas preferidos versaban sobre supersticiones, bandidos, venganzas, episodios de amor y sangre…

La familia Deledda se vio golpeada por numerosas desgracias que se describen en la autobiografía de la autora de Cerdeña, obra que cuenta la vida anterior a su matrimonio y traslado a Roma, la cual fue publicada por entregas a partir de septiembre de 1936, póstumamente, en la Nuova Antologia con el título de Cosima, quasi Grazia. En la primera entrega se lee una nota de la dirección en la que se dice que el manuscrito fue encontrado por sus familiares. Un año después, y a cargo de Antonio Baldini, Cosima se edita por la editorial milanesa Treves. En su escrito más personal, Grazia Deledda narra con detalles los graves problemas que tuvo que afrontar la escritora y sus allegados. A modo de resumen destacaremos los más importantes infortunios familiares: El primer hecho funesto fue la muerte de la hermana Giovanna a causa de una angina, apenas aún una niña. A continuación, la adversidad concierne a los varones. Se produce la pérdida figurada, o degradación, del primogénito Santus, que cayó en el alcoholismo y prácticamente en la demencia, y terminó abandonando los estudios universitarios de Medicina. El segundo de los hermanos, Andrea, abandona bien pronto los estudios y se deja vencer por los vicios, las "mujeres" y el juego. Estas calamidades afectan anímicamente a toda la familia y en apariencia en mayor medida al padre, cuyo estado empeora al sufrir una grave enfermedad que le lleva a la parálisis y definitivamente a la muerte en 1892. Es entonces cuando Andrea toma las riendas de la familia, pero dilapida en gran parte los bienes familiares y continúa metiéndose en líos como cuando lo sorprendieron robando unas gallinas, acto que lo llevó a prisión durante un tiempo. Pero también las desgracias afectaron, de nuevo, a las mujeres. Tras una serie de vicisitudes se casa la hermana Vincenza. Poco duró el matrimonio, la desgraciada es encontrada por su hermana Grazia en un mar de sangre, había sufrido un aborto y murió desangrada. Una de las hermanas menores, Giuseppina, aceptó casarse con un inspector de escuela que resultó estar sólo interesado en la dote y que según iban pasando los días el prometido quería que se incrementara a toda costa. Por cosas del destino, el desalmado falleció y se libraron del escándalo de una boda frustrada.

De todas estas desdichas no podía salir indemne la madre, que tuvo que soportar la desaparición del marido y dos de sus vástagos (Giovanna y Vincenza), aparte de la degradación de los miembros masculinos que quedaban. Francesca, la madre, es el prototipo de mujer tradicional que sufre en silencio y con resignación los avatares del destino. Su mentalidad es propia de la mujer de la época que quiere que sus hijas sean respetadas y que hagan un buen casamiento; por tanto, en especial le preocupaba el futuro de la rebelde Grazia que se empeñaba con ardor en dedicarse al oficio de la escritura, menester tan poco común en las mujeres de su entorno. Frente a lo que se podía pensar, la gran cantidad de obstáculos a los que se enfrentó la joven escritora, no hizo sino reforzar la idea de seguir su vocación. Grazia, no sin sufrimiento, relata en Cosima todas las terribles desgracias que sufrió la familia, de las que –a diferencia del resto de sus miembros– parece salir reforzada, ayudada por la esperanza o el presentimiento de un futuro prometedor, con la fe del que se sabe destinado a grandes empresas.

En el año de 1888, la precoz escritora comienza a colaborar con la revista femenina romana Ultima moda, en la cual publicó su primer cuento: Sangue sardo. Esta primera experiencia fue agridulce: por un lado su satisfacción porque comenzaba su carrera literaria; por otro lado, la parte negativa, el revuelo que se organizó en el pueblo al enterarse que la joven señorita había publicado una historia de amores y aventuras. Tanto familiar como socialmente la noticia fue, en general, mal acogida. Igualmente en la Ultima Moda salió Remigia Helder, en agosto del mismo año; y entre 1888 y 1889 la novela por entregas Memorie di Fernande.

Su primera obra en volumen se titularía Nell’azzurro (1890). A esa le seguirían al año siguiente Amore regale y Stella d’Oriente. Más tarde vendría Fior di Sardegna (1892), en clave de un moderno romanticismo; fecha fructífera, sin duda, pues publicó también el cuento La regina delle tenebre y la historia de bandidos Sulle montagne sarde. En 1894 publica reunidos sus Racconti Sardi y también su mayor empresa de juventud, que le vino con el encargo por parte de Angelo de Gubernatis de recoger las tradiciones populares de su ciudad natal. De tal proyectó resultó Tradizioni popolari di Nuoro in Sardegna. A partir de 1896 se produce un punto de inflexión en su escritura y el salto de calidad esperado con La Via del Male, que obtuvo la crítica favorable de Luigi Capuana, entre otros. A partir de ahí seguirá su frenética carrera de escritora incansable y llegarán sus esperadas obras mayores: Elias Portolu (1903), Cenere (1904), Canne al vento (1913), L’incendio nell’oliveto (1918), para culminar con Cosima (1937).

Sus amores de juventud consistieron más que nada en enamoramientos alimentados por la fantasía y caracterizados por la distancia; su atención se fijaba principalmente en intelectuales o personajes relacionados con la cultura e incluso admiradores que le enviaban cartas enfervorizadas. En estas relaciones platónicas la vía de comunicación preferente era la epistolar. La correspondencia de tono amoroso de la joven Grazia Deledda tenía como destinatarios más asiduos: el maestro Andrea Pirodda, Giovanni di Nava y, sobre todos los demás, el periodista y crítico teatral Stanis Manca. Fue especialmente importante el impacto que le causó éste último, el aristócrata Stanis Manca, con el que se hizo vanas ilusiones, pensando incluso que le podría pedir su mano en matrimonio.

En su autobiografía se alude también a personajes cercanos a su entorno como fue el caso del admirado amigo de su hermano Santus, Antonino (Antonino Pau en la realidad) o cuando se habla de un joven que la pretendía, de un tal Fortunio que tenía –según se dice en la obra– un problema de cojera, pero que en verdad no se llamaba así sino Amico Cimino y que por cierto no tenía ninguna dificultad locomotriz sino que era bizco.

Todo su mundo cambió con la consecución de sus dos tan anheladas metas: amor y gloria. En octubre de 1899, durante su estancia en Cagliari en casa de la directora de la revista Vita sarda, conoce a Palmiro Madesani, empleado del Ministerio de Hacienda, con quien se desposó en sólo unos meses, el 11 de enero de 1900, cuando Deledda contaba casi treinta años. En marzo de ese mismo año, según era deseo de Grazia, se van juntos a Roma para vivir allí hasta el resto de sus días. Hace realidad de este modo, en un plazo corto de tiempo, sus grandes ambiciones: el amor que termina en matrimonio y la gloria profesional que representa su marcha a la capital italiana. La pareja no tardaría en tener descendencia, dos hijos: Francesco (Franz) y Sardus. A éstos los educó, según han manifestado ellos mismos, con dulzura y severidad. Desde Cerdeña se trasladaron también a Roma sus dos hermanas pequeñas: Giuseppina e Nicolina, permaneciendo siempre cerca de su célebre hermana.

La figura del marido representó un gran apoyo para la cada vez más consagrada artista. Palmiro hacía las veces de su agente literario y participaba en su promoción social y editorial en los círculos culturales. Tal dedicación fue motivo de burla para algunos de sus contemporáneos. Prueba de ello es que el inseparable esposo sirvió de inspiración para la novela de Pirandello que tiene por título Suo marito. En una entrevista en la que Grazia tenía ya una edad bastante avanzada confesaba que la mitad de su éxito se lo debía a su esposo.

En Roma, en general, el matrimonio llevaba una vida reservada y tranquila. Eso no constituía ningún inconveniente para que, en ocasiones, Grazia mantuviera algunos contactos con artistas y escritores de la época. Con asiduidad visitaba la redacción de la revista literaria Nuova Antologia donde encontraba a personajes como De Amicis, Fogazzaro, D’Annunzio, Pirandello, Mascagni…

Sus libros no dejaban de venderse tanto en Italia como en parte del extranjero. En 1926 la Academia Sueca decidió otorgarle el mayor reconocimiento a su prolongada carrera, el Premio Nobel de Literatura, que ocasionó una gran controversia entres sus partidarios y detractores. Éstos últimos consideraban que muchos otros eran antes merecedores de tal galardón así como que la concesión del premio se debía a presiones políticas. Es público y notorio que la posición de la crítica especializada con respecto a Grazia Deledda no siempre ha sido favorable. Muchos estudiosos de la literatura la han considerado carente de calidad estilística, falta de originalidad temática y con grandes limitaciones lingüísticas. Entre las opiniones más acérrimas, la de Benedetto Croce, que dudaba incluso de su condición misma de artista o escritora.

Al menos aparentemente ajena a críticas y lisonjas, siguió escribiendo sin descanso hasta el final de sus días. Murió la noche entre el 15 y el 16 de agosto de 1936, a causa del cáncer que la consumía desde 1928. Este sufrimiento se refleja en parte en la protagonista de su obra La chiesa della solitudine (1936), personaje que padece la misma cruel enfermedad.

Obras

Escritora de temprana vocación que a lo largo de su vida publicó más de sesenta obras, en su mayoría novelas. Con sólo diecisiete años, en 1888, comienza a colaborar con la revista femenina Ultima moda de Roma, en la cual publicaría su primer relato, el cuento Sangue sardo. Sus consideradas obras mayores son:

La via del male, Torino, Speriani, 1896 (edizione riveduta, Milano, Treves, 1916)
Elias Portolu, Torino, Roux e Viarengo, 1903
Cenere, Roma, Ripamonti e Colombo, 1904
Canne al vento, Milano, Treves, 1913
L’incendio nell’oliveto, Milano, Treves, 1918
Cosima, Milano, Treves, 1937

Traducciones

Su producción literaria ha sida traducida a muchas lenguas. De su vastísima producción se han traducido al español las siguientes obras:
El camino del mal, trad. de Alejandro Liaño, Barcelona, Mateu, 1958/1962.
El camino del mal, trad. de Pedro Pedraza y Páez, Barcelona, Ramón Sopena, 1922?
Cenizas, trad. de Miguel Domenge Mir, Barcelona, Imp. de Henrich y Cª Editores, 1906.
Cósima, trad. de María Teresa Navarro Salazar, Madrid, Espasa-Calpe, 2ª edición: 1983.
Cuentos de la Cerdeña; El huésped; El niño perdido; Dos milagros [et al.], trad. de Miguel Domenge Mir, Barcelona, Antonio López Editor, Librería Española, 1900-1910?
Después del divorcio, Madrid, Diana, artes gráficas, 1955.
Después del divorcio: Novela de costumbres sardas, trad. de P. Eduardo de Bray, Barcelona, Maucci, 1914?
Doce cuentos de Cerdeña, trad. de Enrique Messeguer, Barcelona, Labor, 1977/ 1986/1988.
Elías Portolu, trad. de José Miguel Velloso, Barcelona, Ediciones Orbis, S.A., 1ª edición: 1983/ 1984/ 1986.
Elías Portolu, trad. Eustaquio Echauri, Madrid, Calpe, 1920.
Elías Portolu, trad. de José Miguel Velloso (junto con En la Ciudad de W. Faulkner y El maestro de I. Bunin), Barcelona, G.P., 1960/ 1963.
Elías Portolu (junto con En la Ciudad de W. Faulkner y El maestro de I. Alexéievich Bunin), Barcelona, Plaza & Janés, 1ª edición: 1966.
Elias Portolu (junto con otras obras) en Los Premios Nobel la Literatura, vol. V, Barcelona, Plaza & Janés, 2ª edición: 1960.
Entre la fe y el amor (Sino al confine), trad. de P. Eduardo de Bray, Barcelona, Maucci, 1914?
El huésped, Madrid, Prensa popular, 1924.
Los humildes, trad. de Ángel Guerra, Madrid, Biblioteca Patria, 1907?
Los humildes, trad. de Ángel Guerra, Madrid, Oficinas Calle Fuencarral, 1927?
Mariana Sirca, trad. de Guillermo Gossé, Barcelona, Cervantes, 1928.
Mariana Sirca, trad. de Guillermo Gossé, Madrid, Aguilar, 1950/ 1963.
La niña robada; La vuelta del hijo, versión directa de Enrique Ruiz de la Serna, Madrid, Editorial-América, 19?
Nostalgia, trad. de Miguel Domenge Mir, Barcelona, Casa editorial Maucci, 1905.
El novio desaparecido, trad. de R. Cansinos-Assens, Madrid, Prensa Gráfica, 1924.
Obras escogidas, Tomo I, trad. de José Miguel Velloso, Madrid, Aguilar, 4ª edición: 1963. Contiene: Cenizas, Elias Portolu, Cañas al viento, Claroscuro, La hiedra, La madre, El secreto del hombre solitario, Annalena Bilsini.
Obras escogidas, Tomo II, trad. de Amando Lázaro, José Miguel Velloso y Guillermo Gossé, Madrid, Aguilar, 1ª edición: 1958. Contiene: Palomas y gavilanes, Las culpas ajenas, Mariana Sirca, El incendio del olivar, El dios de los vivos, La flauta en el bosque, La danza del collar, El pueblo del viento, Cósima.
El Regalo de Navidad y otras historietas de Cerdeña contadas a los niños, trad. de Enrique Massaguer, Barcelona, Olimpo, 1944 [Clarasó].
El Regalo de Navidad y otros cuentos de Cerdeña, Barcelona, Cervantes, 1964.
El Regalo de Navidad y otros cuentos de Cerdeña, Cerdanyola [Barcelona], Labor, 2ª edición: 1970.

Bibliografía Crítica

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GUISO, A. L’oltre e la sua ricerca. Indagine sul doppio nella narrativa di Grazia Deledda, Nuoro, VM edit., Consorzio Pubblica Lectura S. Satta, 2000.
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PIANO, M. G. Onora la madre. Autorità femminile nella narrativa di Grazia Deledda, Torino, Rosenberg & Sellier, 1998.
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VIOLA, G. E./ DOLFI, A./ ROVIGATTI, F. Grazia Deledda: biografia e romanzo, Roma, Istituto della Enciclopedia Italiana, 1987.

Enlaces de interés

Texto Representativo

Adesso Cosima aveva quattordici anni, e conosceva dunque la vita nelle sue piú fatali manifestazioni. Ma nonostante quella paura misteriosa della fatalità che si era annidata nel suo cuore, poiché questo cuore era poi fisicamente e moralmente sano, ed ella aveva ereditato dal padre e dagli avi paterni, quasi tutti agricoltori e pastori, quindi patriarcalmente uniti alla terra e alla natura, un fondo di bontà, d’indulgenza, di filosofia, sentiva profonda la gioia di vivere.
Durante l’infanzia aveva avuto le malattie comuni a tutti i bambini, ma adesso era, sebbene gracile e magra, sana e relativamente agile e forte. Piccola di statura, con la testa piuttosto grossa, le estremità minuscole, con tutte le caratteristiche fisiche sedentarie delle donne della sua razza, forse d’origine libica, con lo stesso profilo un po’ camuso, i denti selvaggi e il labbro superiore molto allungato; aveva però una carnagione bianca e vellutata, bellissimi capelli neri lievemente ondulati e gli occhi grandi, a mandorla, di un nero dorato e a volte verdognolo, con la grande pupilla appunto delle donne di razza camitica, che un poeta latino chiamò “doppia pupilla”, di un fascino passionale irresistibile.
Per la morte di Enza fu ripreso il lutto, chiuse ancora le finestre, ripresa una vita veramente claustrale. Ma un lievito di vita, un germogliare di passioni e una fioritura freschissima d’intelligenza simile a quella dei prati cosparsi di fiori selvatici a volte piú belli di quelli dei giardini, univa le tre sorelle in una specie di danza silenziosa piena di grazia e di poesia. Le due piccole, Pina e Coletta, leggevano già anch’esse avidamente tutto quello che loro capitava in mano, e, quando erano sole con Cosima si abbandonavano insieme a commenti e discussioni che uscivano dal loro ambiente e delle ristrettezze della loro vita quotidiana. E Cosima, come costrettavi da una forza sotterranea, scriveva versi e novelle.
Andrea aveva molti difetti, ma era anche generoso, forse troppo: e la sua generosità era alimenta da un po’ di amor proprio, di vanità, di boria; ma spesso era anche schietta e naturale. Aveva, poi, impeti di vero entusiasmo per cose che agli altri sembravano degne di poco aiuto, se pure non di essere contrariate; e allora gli sembrava di fare atto di giustizia mettendosi dalla parte del debole. Cosí, quando si venne a sapere che la sua sorellina Cosima, quella ragazzina di quattordici anni che ne dimostrava meno e sembrava selvaggia e timida come una cerbiatta bambina, era invece una specie di ribelle a tutte le abitudini, le tradizioni, gli usi della famiglia e anzi della razza, poiché s’era messa a scrivere versi e novelle, e tutti cominciarono a guardarla con una certa stupita diffidenza, se non pure a sbeffeggiarla e prevedere per lei un quasi losco avvenire, Andrea prese a proteggerla e tentò, in modo invero molto intelligente ed efficace, ad aiutarla.

DELEDDA, G. Cosima, Milano, Arnoldo Mondadori, 1975, pp. 55-56.

Traducción Castellana

Ahora Cósima había cumplido ya catorce años y conocía la vida en sus más fatales manifestaciones. Pero, no obstante el misterioso miedo a la fatalidad que había anidado en su corazón, sentía profundamente la alegría de vivir, puesto que su corazón era fuerte física y moralmente y había heredado del padre y de los antepasados paternos, casi todos agricultores y pastores, y por ello, unidos patriarcalmente a la tierra y a la naturaleza, un fondo de bondad, de indulgencia y de filosofía.
Durante su infancia había contraído las enfermedades normales en los niños, pero ahora se encontraba, aunque grácil y delgada, sana y relativamente ágil y fuerte. De poca estatura, con la cabeza más bien grande, minúsculas las extremidades, con todas las características físicas sedentarias de las mujeres de su raza, quizá de origen líbico, con el mismo perfil un poco chato, los dientes salvajes y el labio superior muy alargado; tenía, sin embargo, una tez blanca y aterciopelada, un bonito pelo negro, ligeramente ondulado, ojos grandes almendrados de un negro dorado y, a veces, verdoso, con las enormes pupilas de las mujeres de raza camítica, de un apasionado e irresistible encanto, que un poeta latino llamó «doble pupila».
Con la muerte de Enza el luto volvió a cerrar las ventanas y empezó, de nuevo, una vida verdaderamente de clausura. Pero, un fermento de vida, un brotar de pasiones y un florecer de fresquísima inteligencia, semejante a la de los prados sembrados de flores silvestres, más bellas a veces que las de los jardines, unía a las tres hermanas en una especie de danza silenciosa llena de gracia y poesía. Las dos pequeñas, Pina y Coletta, leían ya con avidez todo lo que caía en sus manos y cuando estaban a solas con Cósima se abandonaban las tres a comentarios y discusiones que se salían de su ambiente y de las limitaciones de su vida cotidiana. Y Cósima, como obligada por una fuerza subterránea, escribía versos y cuentos.
Andrea tenía muchos defectos, sin embargo, era generoso: quizá demasiado; y su generosidad estaba alimentada por un poco de amor propio, de vanidad y de orgullo, pero muchas veces era sincera y natural. Además, se entusiasmaba con verdadero ímpetu por cosas que a otros les parecían dignas de escaso apoyo, aun cuando no hubiera que oponerse a ellas; y, entonces creía llevar a cabo un acto de justicia poniéndose de parte del débil. Así cuando se supo que su hermanita Cósima, la jovencita de catorce años que demostraba menos y que parecía salvaje y tímida como una cervatilla era, por el contrario, una especie de rebelde a todas las costumbres, tradiciones, usos de familia y también de raza, puesto que se había puesto a escribir versos y narraciones, y todos empezaban a mirarla con cierta sorprendida desconfianza, y hasta a burlarse de ella, presagiándole casi un hosco porvenir, Andrea se dispuso a protegerla, e intentó ayudarla, de un modo, a decir verdad, muy inteligente y eficaz.

DELEDDA, G. Cósima, introducción, traducción y notas de María Teresa Navarro Salazar, Madrid, Espasa Calpe, 1983, pp. 95-96.

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