Escritoras y Pensadoras Europeas
I+D del Ministerio de Educación y Ciencia (Duración: 3 años. Ref. HUM 2005-06658/FILO)
Investigadora Principal Dra. Mercedes Arriaga
Universidad de Sevilla
Escritoras y Pensadoras Europeas
Caterina Da Siena (1347 - 1380)
- Período Literario: Humanismo
- Lengua en la que escribe: Dialecto toscano (italiano)
Nació en Siena el 25 de Marzo de 1347, un año antes de la célebre Peste Negra que asoló a toda Europa. Hija de Jacopo Benincasa, un tintorero artesano, y de Lapa Piacenti, hija a su vez de un poeta local. Forma parte de una familia numerosísima constituida por 25 hermanos, de la que ella ocupa el número 24. Melliza con otra hermana, Giovanna, que murió al poco tiempo de nacer debido a la elección materna de alimentar sólo a una de las dos para que al menos pudiera sobrevivir una (dadas las condiciones de precariedad); Caterina fue marcada por este hecho de manera profunda y arrastrará para siempre este complejo de culpa de haber vivido en lugar de su hermana.
Desde muy temprana edad se sintió atraída por la vida religiosa y entre los cinco o seis años, según testimonios fidedignos de la época, tendría su primera visión sobrenatural que la llevaría a hacer el voto de virginidad.
Entre los años 1354 y 1362 se entrega a la vida espiritual y contemplativa a pesar de la obstinación materna, empeñada en introducirla en la vida de sociedad y casarla a toda costa. Como "posible cura a la obcecación de su actitud" la madre la pondrá al servicio de la criada de la casa, teniendo que asumir múltiples tareas dedicadas a los demás, castigo que acepta de buen grado considerándolo como una nueva misión y prueba de humildad. Su padre al ver la firmeza de carácter y la seriedad al afrontar sus obligaciones, la apoyará desde este momento y comprenderá su vocación. Así al año siguiente, en 1363 ingresará en la Orden dominicana como terciaria o "mantellata" (como se llamaba antes a los "Seglares Dominicos").
En 1368 morirá su padre, hecho importante que también marcará su vida.
En su deseo de perfección y de acercamiento a Dios se someterá ya desde su adolescencia a una fuerte disciplina llena de privaciones, mortificaciones y austeridad hasta el punto de renunciar a comer carne y cualquier alimento cocido (hábito con el que seguiría hasta el día de su muerte conformándose sólo con la ingesta de pan e hierbas crudas). Durante estos años por tanto, hasta la muerte de su padre ha ido fortaleciendo su voluntad y ha dado prueba tanto de una ejemplaridad interna (coherencia individual) como externa de cara a los demás, formándose en torno a ella un grupo de seguidores espirituales que se entregarán conjuntamente a obras de caridad con el rechazo de todo tipo de compromiso material y un repudio manifiesto a cualquier velo de hipocresía, certificándose también algunas conversaciones por obra suya.
Entre 1371 y 1372 empezará a adquirir una notable relevancia en la sociedad de su tiempo, influyendo también en la vida política con la emisión de cartas a personalidades importantes y determinantes en el devenir histórico del momento (para aconsejar y solventar algunos problemas acuciantes). Pero esta admiración generalizada y suscitada en gran parte de la población hacia su persona, no estará exenta de las sospechas de las autoridades civiles y eclesiásticas (sobre todo en los primeros momentos) que la conducirán a un interrogatorio ante el capítulo general de la Orden dominicana en Florencia en 1374, con la absolución de las causas y la aprobación consiguiente de su grupo de fieles. Vendrá tutelada por Raimondo da Capua, que se hará responsable de dicho grupo y será su padre espiritual, trasformándose pronto en su más ferviente admirador y participando con pasión en sus proyectos y misiones filantrópicas. Más tarde se convertirá en su primer biógrafo y en el gran promotor de su canonización.
Este grupo al que ella llamará "su familia" le hará entrar en contacto con el papa y con personalidades poderosas y destacadas ante los que defenderá todo un proyecto de vida religiosa auténtica y sincera vinculada a principios ortodoxos y a unos determinados objetivos políticos, (en que verá necesaria su injerencia y su consejo) como el traslado de la sede papal de Aviñón a Roma, la concordia entre todos los cristianos y la idea de una nueva "Cruzada" contra los infieles.
Así en 1375 viajará a Pisa y a Lucca para favorecer la paz y predicar sobre la importancia de la cruzada. En 1376 mantendrá contactos con el gobierno de Florencia con el objeto de restaurar la paz entre el papa y la república. Escribirá cartas a Gregorio XI y viajará a Aviñón para intervenir en el traslado del papa a Roma.
En 1377 continúa con su misión pacificadora y de apostolado, en Val d'Orcia. Y mediará con el papa para la obtención del perdón a la ciudad de Siena. En esta misma fecha se supone que comenzaría a escribir su obra Dialogo della divina provvidenza.
En 1378 por mandato expreso de Gregorio XI se traslada a Florencia en calidad de promotora de la paz, ocurriendo al mismo tiempo hechos históricos de crucial importancia como la muerte de dicho papa y la elección de Urbano VI como sucesor. Tras enormes esfuerzos y grandes dificultades, conseguirá reconciliar a los florentinos, con el nuevo papa Urbano VI. En este mismo año también concluirá su "libro".
A petición de Urbano VI, en 1379 se instala en Roma e inicia la campaña a favor de la legitimidad de dicho papa. Vivirá aquí hasta su muerte acaecida el 29 de Abril de 1380, a los treinta y tres años de edad, exhausta y con una inmensa pena ante el clima cismático generado (cisma de los anti-Papas) tras la sucesión de Urbano VI; en este último momento de tensión Caterina agotará sus fuerzas hablando y escribiendo a Cardenales, reyes, príncipes y Obispos con una sensación de inutilidad ante el desgarro y malestar de la Iglesia, ofreciéndose en clara consciencia en el momento de su muerte a Dios como víctima sacrificada por ella, momento que meses antes había ya sentido y experimentado físicamente como una premonición.
Fue declarada santa por Pio II en 1461, patrona de Italia junto con San Francisco de Asís en 1939, Doctora de la Iglesia (al igual que Santa Teresa de Jesús y Santa Teresita del niño Jesús) bajo el pontificado de Pablo VI (1970) y Copatrona de Europa en 1999 por obra de Juan Pablo II.
No debemos olvidar la trascendencia del contexto histórico que le tocó vivir a Caterina, en plena ebullición del Cisma de Occidente iniciado en 1318 y culminado después de un siglo en 1417, con la consiguiente separación surgida en el seno de la Iglesia Católica y la alternancia de varios papas a la vez en las sedes de Aviñón y Roma. Las razones de orden interno se mezclaban además con cuestiones de índole política de incidencia fundamental, así la vieja contienda entre güelfos y gibelinos (partidarios del poder temporal del papa y contrarios a él) seguía manifestándose en su siglo de las más variadas formas, representada en las sublevaciones de las repúblicas italianas contra el poder temporal del papa. Y precisamente esta rivalidad llevó a los papas a exiliarse de Italia y establecer su residencia en Aviñón, terreno que en un principio y de modo oficial se presentaba como neutral al haber pertenecido al reino de Nápoles. Pero a pesar de que lo habían comprado, al ser un enclave en territorio francés en cierto sentido se sentían subyugados por los caprichos y la política de los reyes de Francia. De esta situación insidiosa querrá salir Urbano V, trasladándose a Italia entre los años 1367-1370, suponiendo sin embargo su regreso un fracaso, debiendo instalarse nuevamente los papas siguientes en Aviñón, tanto por los disturbios que ocurrían en Italia como por la influencia de la mayoría de los cardenales, que eran franceses.
Caterina se verá inmersa en conflictos político-religiosos entre Iglesia y Estado, siendo su función como mediadora de crucial importancia: así en 1375 Florencia, Perugia, gran parte de la Toscana y hasta de los Estados Pontificios, hicieron alianza en contra de la Santa Sede. Gracias a sus esfuerzos, Arezzo, Lucca y Siena se mantendrían fieles al Papa. En 1376 Caterina apoyada por el pueblo florentino frenó el impulso del papa Gregorio XI, residente en Aviñón, de declarar la guerra a Florencia, habiendo mandado ya éste un ejército a la ciudad, frustrado a su vez por la falta de respuesta a sus cartas, obrándose la reconciliación gracias a ella que lo convenció a través de su actitud y palabras, delegando toda la responsabilidad de la paz.
En cuanto a las razones internas, la jerarquía eclesiástica se hallaba también dividida. Había una gran controversia entre las aspiraciones espirituales de unas y otras tendencias. Unos propugnaban y defendían el estatus relajado y de riqueza que había conseguido el clero. Otros abominaban de esta situación y exigían la reformación de la jerarquía en que se incluía tanto al clero secular como al seglar; entre éstos últimos hubo tendencias que se radicalizaron al extremo dando lugar a grupos heréticos como el de los "fratricelli", partidarios de la reforma a ultranza.
Por otra parte, los feligreses de Roma y de todas las comunidades cristianas adyacentes, se sentían abandonados en un vacío tutelar sin cabeza visible en dicha ciudad durante un largo periodo de setenta y cuatro años en que su obispo se había trasladado a Aviñón. Así cuando Gregorio XI decide salir de esa ciudad el 14 de Septiembre de 1376 con la convicción de su retorno definitivo a Roma, es apreciado como un síntoma de esperanza por el pueblo pero no exento de resistencia por parte de su corte, situación polémica que tendrá como punto álgido de máxima fricción la elección del antipapa Clemente VII el 20 de Septiembre de 1378; etapa crítica y de convulsiones sociales que no se resolverá hasta la segunda década del siguiente siglo.
Los datos biográficos fundamentales de Santa Caterina están recogidos y nos llegan principalmente a través de dos fuentes: la Legenda maior de Raimondo da Capua, y la llamada Legenda minor de Tommaso Caffarini, más controvertida y puesta en discusión por algunos críticos. Como testimonio directo, tenemos las cartas de la propia Caterina, y en general, sus obras donde se aprecia su carácter, ideas y sentimientos. La finalidad de la biografía escrita por Fr. Raimondo es la defensa del nombre de Caterina contra cualquier posible ataque y preservar su memoria, así como demostrar que era digna de ser canonizada; por lo tanto tiene fines propagandísticos. Más tarde, en el siglo XX, en 1921 se hizo un estudio con una pretensión crítica y objetiva, por parte del francés Robert Fawtier, donde se ponían en cuestión muchas cosas tradicionalmente admitidas, publicación no exenta de polémica que recibió bastantes objeciones por parte de los seguidores contemporáneos de Santa Caterina o "encatalinados", tildándosele de "hipercrítico". A partir de aquí se han multiplicado los estudios serios por parte de historiadores y críticos sobre su vida y su obra.
Paradigma de mujer en que se armoniza la vida activa y la contemplativa. Simbiosis perfecta de praxis y teoría (mística), involucrada en su momento histórico de una sociedad convulsa de tensiones y a la vez, ensimismada en un proceso de interiorización trascendente.
Sus coetáneos y biógrafos la describen como una mujer intuitiva, apasionada; con "un corazón de fuego" como ella misma se autodefinía, con una exquisita fluidez verbal, de conversación amena y atrayente, y gran capacidad de abstracción y memoria, pronta a retomar el hilo del discurso suspendido por cualquier circunstancia.
En cuanto a su cultura, es más bien vivencial y fruto de su entusiasmo hacia el ámbito religioso-espiritual, no producto de una formación académica en escuelas ni universidades. Aprendió a leer con dificultad cuando era ya terciaria, con el objeto de poder participar en la recitación de las horas y funciones litúrgicas. Hay que tener en cuenta que en su siglo (leer y escribir) no eran necesidades imperantes y menos en las mujeres. En cuanto a escribir, hay dudas fundadas de que supiera hacerlo. Algunos de sus discípulos aducen una acción milagrosa en su aprendizaje, pero la crítica lo niega con rotundidad argumentando que se valía de amanuenses o secretarios; algunos de sus discípulos más constantes. Tommaso Caffarini fue quien se empeñó en demostrar con contundencia que llegó a dominar la técnica de la escritura, pero se considera un testimonio desautorizado.
Se sabe que la familia Benincasa era muy cristiana, en ella se hablaba de temas religiosos y se leían vidas de santos. Como lectura familiar, destaca la Legenda aurea del dominico Jacopo da Varazze. Esto y la asistencia continuada a los oficios litúrgicos y a las predicaciones de la iglesia de Santo Domingo, que Caterina visitaba diariamente desde su infancia le proporcionaron una amplia cultura religiosa, cañamazo (donde se integran anécdotas de los santos, la historia de la redención, principios morales y orientación cristiana) que se verá reflejado después como sustrato en sus obras.
El influjo de todos estos elementos y su propia inclinación natural despertaron desde pequeña una vocación y una ansiedad mística que se manifestó como niña en el deseo de ser "anacoreta" y que se fue perfilando en su adolescencia y juventud en una doble dirección: extrapersonal; con un sentido filantrópico, de entrega y servicio a los demás y en concreto a los enfermos, e intrapersonal y trascendente; en la búsqueda de sí misma y de sí para llegar a Dios. En este camino de introspección se parte de la etapa ascética, con un fuerte dominio de la voluntad, privaciones, mortificaciones y oración ("vía purgativa") hasta llegar en un proceso de ascesis heroica a la etapa mística recorriendo todos sus grados: vía iluminativa y unitiva, en que se efectúa la auténtica unión con Dios.
Según Raimondo da Capua, testimonios de sus coetáneos y la opinión de los entendidos en la materia, Caterina experimentó frecuentes "éxtasis místicos", con pérdida externa de sensibilidad y levitación.
Los críticos destacan la diferencia entre dos clases de éxtasis: el natural, llamado por José Salvador y Conde "arrobamiento" en la Introducción y Traducción a la obra de Santa Caterina Obras de Santa Catalina de Siena: El Diálogo, Oraciones y Soliloquios (Biblioteca de Autores cristianos, Madrid, 2007); con la abstracción de los sentidos, concentrada su mente en la contemplación de una imagen, de orden intelectual y humana. En el segundo tipo de "éxtasis", con una acepción más estricta, la contemplación traspasaría la fisicidad de la imagen en un estadio pleno de abstracción y de gozo, en que no sólo participa la mente sino el alma en un momento de unión íntima y fuerte con Dios, en que se anulan los sentidos y queda más o menos suspendida la actividad fisiológica. Este sería de orden sobrenatural.
Caterina experimentaría los dos tipos de éxtasis, y su principal biógrafo da fe de que los de naturaleza sobrenatural (distinción dual antes referida hecha por la crítica moderna) durarían a veces incluso más de dos horas, llegándose a pensar en alguna ocasión que estuviese muerta. Tampoco el carácter en la manifestación de los mismos sería igual con respecto a la falta de sensibilidad física sentida y a la anulación parcial o absoluta de los sentidos.
Según la teoría psicoanalítica, el éxtasis se entendería como la compensación de una falta irremediable, la privación absoluta del cuerpo sentido como ofrenda, produciría un goce extremo en la propia inmanencia de la ausencia.
Obras
En cuanto a la producción literaria de Caterina da Siena los testimonios de su principal biógrafo y confesor Beato Raimondo da Capua y de sus discípulos, aseguran que buena parte de la obra obedecería a un dictado en éxtasis, bajo influencia e inspiración divinas. En este estado recibiría las enseñanzas, producto de una revelación sobrenatural que se plasmarían verbalmente con gran fluidez para ser dictadas a dichos discípulos. Para esta función eligió principalmente a tres, que fueron los más constantes: Barduccio Canigiani, Esteban Maconi y Neri Pagliaresi. En otras ocasiones se valdría de otros que le harían de secretarios como Fr. Bartolomé Dominici y Cristóbal Ghiani que tradujo al latín El Diálogo, y reunió y ordenó muchas de sus cartas.
Su obra está constituida por Il Dialogo, las Preghiere e Soliloqui y sus Lettere. Y se habla precisamente del dictado en éxtasis de las dos primeras, ocurriendo a veces y parcialmente también en sus cartas.
Establecer una línea divisoria entre lo natural y lo sobrenatural resulta muy complicado a más seis siglos de distancia. No obstante Ángel Morta en su Introducción a la traducción de Il Dialogo, en su obra Obras de Santa Catalina de Siena: el "Diálogo", editado por Bac (Madrid, 1955) refiere que a pesar de ser difícil la determinación en base a unos criterios de cuáles pudiesen ser los pasajes dictados con certeza en estado extático y el momento preciso:
"El testimonio de sus biógrafos obliga a creer que su dictado se verificaba 'en abstracción de los sentidos'; en cierta abstracción añadiríamos, para interpretarla con una cierta amplitud de sentido, sin coincidir con el éxtasis propiamente dicho".
Las obras de Caterina circularon en un primer momento manuscritas, ya que no existía todavía la imprenta, llegando a todas partes con gran celeridad. Y para que se difundieran con mayor facilidad fueron traducidas al latín (la lengua internacional y de cultura de esa época), concretamente Il Dialogo y las Preghiere. Uno de sus traductores será Cristóbal Ghiani. Il Dialogo, al que la autora llamaba "su libro", no tiene la pretensión de ser una autobiografía espiritual, aunque al final en cierto modo lo sea. No se trata de un compendio de verdades reveladas expuestas de forma sistemática, sino una relación de principios conectados a su propia experiencia vital, mística, a su faceta práctica de ejercicio de virtudes y social-filantrópica al servicio de la Iglesia y el Estado. Su doctrina por tanto no es exclusivamente especulativa, sino producto de su reflexión y meditación, con la plasmación de sus anhelos más profundos.
Hay por otra parte, una correspondencia perfecta entre sus tres obras, de manera que podemos invertir el orden de lectura y siempre encontraremos una unidad de pensamiento, expresiones lingüísticas, imágenes y metáforas que revierten en un mismo núcleo esencial del que parten: su propio ser.
Se ha querido delimitar en general en sus obras y más concretamente en Il Dialogo una idea-eje que aglutine todos los motivos, pero es difícil su discriminación ya que nos hallamos ante una obra de carácter enciclopédico, que contiene "la divina doctrina" y pensar en un esquema cerrado y geométrico, sería equivocado. Se han señalado entre estas posibles"ideas-eje": la divina misericordia, el amor, la verdad, Cristo Redentor, la oración, el amor a la Iglesia en el sentido más amplio de la palabra, motivos todos reconducibles a una relación bidireccional entre Dios y el hombre, y el hombre y Dios.
La doctrina de Caterina se enmarca en la mejor teología de su tiempo incluido los errores comunes de la época. No tiene la pretensión de demostrar nada a través de argumentos sino que insiste en la exposición del amor en su conducta como motor organizativo de su actividad y en sus relaciones con Dios.
Da prueba además, de una visión global de conocimiento de la doctrina espiritual que abarca desde el misterio de la Trinidad hasta la derivación de los dones de Dios y las virtudes cristianas, en una concepción vertical paralela ascendente y descendente a la vez.
La obra presenta originalidad en la exposición que se engarza en una estructura dialógica aparente con un fuerte contenido didáctico, donde el guía del discurso es un "tú" que corresponde a la figura del Padre Eterno que manifiesta a su discípula (Caterina) desdoblada en el otro interlocutor implícito, una serie de enseñanzas citando a los evangelios, a San Pablo, la Vida de los Padres e incluso aludiendo a las propias experiencias místicas de Caterina. La verdad divina se prueba sin embargo con el testimonio de autoridades humanas. El Padre Eterno se dirige en 1ª persona en función apelativa y ejemplificadora a ese tú implícito que representa a la autora y aborda los eventos expuestos en 3ª. A veces el discurso se concentra en la 2ª persona con un valor mostrativo más alto y Caterina comenta la sensación de lo escuchado a modo de soliloquio y reflexión.
Se ha resaltado también el valor literario en la concatenación de los elementos que se completan unos a otros ofreciendo una visión general de conjunto de las relaciones entre Dios con el hombre y su correspondencia debida a Dios.
Los documentos en general y entre ellos, la carta número 272 nos conducen a asegurar que fue escrito entre 1377 y 1378, desestimándose la teoría de que se compuso durante cinco días de éxtasis religioso. "Mi libro" como la Santa lo llamaba ha recibido distintos nombres. En un principio se conocerá como Il Dialogo; Il Dialogo della divina provvidenza, o bien Libro della divina dottrina intentando ser un calificativo que diese referencia de su forma y contenido. Más tarde, se le darán otros y en traducción española, como Tratado de la Providencia, Libro de la misericordia, etc. El que más se ha generalizado ha sido el título Il Dialogo, y en versión española El Diálogo de Santa Catalina de Siena.
El códice Casanatense es el más antiguo y fiable según G. Cavallini, ya que el original desapareció. Otros autorizados son el Senense, Estense y Fedele.
Parece ser que Caterina debió trazar un esquema para la estructuración de su obra, esquema que la crítica en general no ha logrado desvelar de forma clara. Así para facilitar la comodidad del lector se procedió a la división en capítulos y párrafos en un primer momento. Después vino la separación en "tratados" en las primeras ediciones impresas, en conexión con algunas partes de la obra. Y Giuliana Cavallini en su edición de Roma de 1968, fundamentándose en la estructura y descubriendo la sucesión de tres elementos recurrentes: petición, respuesta y agradecimiento, configuró un esquema de división en diez grandes apartados, que inicia en el proemio y termina con la conclusión. Observó también que cada cuestión importante finalizaba con un resumen o recapitulación; segmentación que se considera bastante acreditada y reconocida por la crítica en general.
Las Preghiere e Soliloqui aparecieron por primera vez en la edición latina de Il Dialogo en Brescia, en 1496. A partir de esta fecha fue frecuente encontrar este anexo en las siguentes ediciones: la de Colonia de 1553 y 1569, Ingolstadt (1583) y Estrasburgo (1601), entre las más antiguas.
La primera colección de las Preghiere se halla en el archivo de la Orden de Predicadores (Convento de Santa Sabina, de Roma). El códice contiene un total de 22 y están en latín, y han sido impresas nuevamente por Giuliana Cavallini en Roma (1978) con el texto original italiano sobre el que se modeló la traducción latina. El manuscrito original italiano contiene 17 oraciones y su datación es de fines del siglo XIV, ubicado en la Biblioteca Comunale degl'Intronati, de Siena.
El periodo compositivo de las Preghiere abarcaría desde 1376 hasta su muerte en 1380, siendo su génesis más abundante entre los años 1378 y 1379 en coincidencia con los años en que se redacta Il Dialogo (ya concluido en 1378).
Fueron escuchadas y recogidas por sus discípulos durante los éxtasis de Caterina, pronunciadas en lengua vulgar, en dialecto toscano, que era el que dominaba la Santa. Más tarde se haría la versión en latín por ellos mismos.
Analizadas en profundidad estas "oraciones", tienen más bien la estructura de "soliloquios", tenidos en presencia de algunos de sus discípulos, y constituyen una exposición doctrinal de temas varios, con motivo de una festividad litúrgica, o recordatorio de la importancia del cumplimiento de un deber, como el caso de la oración número 3 que se hace para exhortar al papa Gregorio XI de la necesidad de su vuelta a Roma (según consta en el códice latino) o bien el propio prodigarse de su alma en una circunstancia concreta. Como trasfondo están desde luego los grandes problemas que preocupaban a Caterina: el estado de la cristiandad de su tiempo, la necesidad de la reforma de la Iglesia, la rebelión de seglares y eclesiásticos contra Urbano VI, el interés y atención prestada a su grupo de espirituales, su ofrecimiento y sacrificio personal como víctima por los pecados y corrupción de su tiempo, etc.
Las Preghiere son en esencia un catálogo de instrucciones espirituales para sus discípulos y tienen una finalidad didáctica y exhortativa (referida a una persona concreta o a un grupo de personas), más que de alabanza o impetración que son los elementos constitutivos de toda oración, pero sí se presentan bajo la forma literaria de "plegarias". El elemento confesional o autobiográfico, también es menor en relación con Il Dialogo o las Lettere.
Las Lettere o L'Epistolario: Su contenido es muy variado en concordancia con la clase de destinatario y circunstancias que la motivaban a escribir, pero hay en él una temática recurrente y que constituye el núcleo esencial de toda esta obra: el hablar de cosas divinas.
Las Lettere manifiestan mayor espontaneidad que Il Dialogo y hay alusiones más o menos explícitas a sus experiencias místicas. En ellas se revela su pasión, que con gran intensidad impregna la prosa dirigida al deseo de la unidad del cuerpo místico de la Iglesia que se transfiere en la relación personal con Cristo y con su Pasión concretada en la mirada a la sangre derramada por Él, y así todas las cartas comienzan con la misma fórmula: "Io Caterina, serva e schiava dei servi di Gesú Cristo, scrivo a voi nel prezioso sangue suo" en un furioso anhelo de fusión con la sangre vertida de Jesús, asumiendo toda la violencia cotidiana trasformada y trascendida a través de una imagen suma en alianza con el elemento divino.
Las cartas abarcan una gran variedad de destinatarios: el propio padre espiritual Raimondo da Capua, la reina Isabel madre de Luis I "el Grande" (rey de Hungría), el pontífice Gregorio XI, personas comunes, familiares, etc.
La crítica ha subrayado de forma unánime la unidad textual que presentan las cartas y el uso de estrategias retóricas, no sólo vinculadas al tipo de destinatario y a la variedad temática, sino a la intención comunicativa presente en ellas, aspecto novedoso sobre el que algunos investigadores en un análisis más actual han reparado. El aspecto ilocutivo modelaría fuertemente la estructura de las cartas. En las más complejas, el deseo o voluntad de la Santa se expresaría en el "incipit", al que seguiría una parte expositiva con una reflexión moral o espiritual, y en algunas con menor frecuencia encontraríamos una forma de "narratio" de hechos ejemplares, o de acontecimientos reales vinculados a la exposición anterior.
En las más breves, todo se condensa bajo el mecanismo de la "petitio", centrándose en la propia apelación a los destinatarios de encaminarse hacia el bien y omitiéndose lo innecesario.
La petición explícita de Caterina se hace a través de dos verbos que articulan todo el discurso: "volere" e "pregare" en primera persona, en un alternarse de fuerza ilocutiva según las circunstancias.
Cuando la carta va dirigida a un destinatario menor, familiar o conocido (no a pontífices, soberanos o prelados), el tono de la predicación resulta más vehemente y fuertemente didáctico. Surge entonces el uso del "tú" utilizado de forma indeterminada, genérica y ejemplarizante, y en muchos momentos se abandona el "voi" del comienzo.
El uso de la 1ª y la 3ª persona tiene también un valor funcional en cuanto a la representación del "yo": la expresión de la voluntad y de la individualidad viene marcada por la 1ª persona, sin embargo, cuando el sujeto se exilia de sí mismo y se convierte en vehículo receptor de experiencias místicas y de revelaciones de preceptos universales de Dios; en momentos de éxtasis, surge la 3ª persona (elemento claro y diferenciador entre su obra Il Dialogo, verdadero tratado místico, escrito en 3ª persona y las Lettere, donde el "yo" se dirige en 1ª persona a la Iglesia y al Papado para salvaguardar la unidad cristiana).
Todo ello, junto con el uso de apóstrofes, exclamaciones reiteradas, alocuciones y verbos exhortativos e imperativos, son estrategias que revelan una andadura oratoria, una oratoria sacra que manifiestan sus cartas, en íntima relación con la función profética que asume Caterina, que pide a sus interlocutores la rectitud y la obediencia a Dios, la observancia en las reglas de comportamiento, la acción decidida contra los enemigos de la fe, erigiéndose en una guía de los cristianos en su propio acontecer histórico, y espiritual para conseguir salvaguardar el bien.
Hasta el siglo XVIII sólo se valora la obra de Caterina en cuanto a su contenido doctrinal. Gigli, paisano de la Santa, alabó la factura del lenguaje, diciendo incluso que el dialecto toscano usado por ella era más puro que el de Dante, Petrarca y Boccaccio, y así publicó sus obras incluyendo un volumen dedicado a la lengua: Vocabolario cateriniano, en que justifica el vocabulario electo por la autora. A partir de aquí es cuando empieza a estimarse también su producción desde un punto de vista literario.
Francesco de Sanctis, en su Storia della letteratura italiana hace una especie de catálogo de virtudes y defectos. Entre los últimos destaca el tedio que produce la acumulación retórica de tanto consejo, exhortación y tono didáctico, y entre sus virtudes resalta la claridad de intuición, la exquisita sensibilidad y autenticidad que emana de sus palabras y la capacidad de transformar lo abstracto en elemento plástico y concreto, siendo su juicio en global, positivo.
Otros como I. Blasi, G. Papini (1937) y G. Petrochi (1965) la han alabado en sus respectivas historias de la literatura.
Uno de los elementos estilísticos más característicos en los escritos de la Santa, es el uso de las imágenes y metáforas. Son metáforas que pertenecen al mundo y al contexto medieval propio de la época de la autora. La mayoría de las veces se explican por sí mismas en su uso recurrente a posteriori, con valor didáctico.
Las imágenes pertenecen al ámbito heroico-caballeresco, en que Cristo se erige en capitán del ejército, o reflejan un sustrato bíblico: se compara por ejemplo la compenetración entre Dios y el alma con la del pez en el agua del mar, las órdenes religiosas son "navecillas"; refugio de las almas contra el oleaje del mundo, Cristo es también "el yunque sobre el que se cierne la justicia divina" a causa de nuestros pecados. Jesús se presenta también como un enamorado en relación con la amada, que es el alma y el hombre, expresado en una relación sinecdótica, debe tener "hambre de almas"...
Rita Librandi en su artículo "Le strategie del chiedere nelle Lettere di Caterina da Siena" pone de manifiesto el uso de la "metáfora especificativa" que se encuentra en casi todo su epistolario, tipo de metáfora "in praesentia" en que comparecen juntos tanto el término comparado como el comparante, siendo uno el determinante del otro. Valgan los ejemplos de "l'occhio dell'intelletto", "il coltello dell'odio", "la chiave del sangue suo", etc. Este procedimiento sería característico de este periodo hasta el inicio de la Contrarreforma y se advierte también con mayor o menor frecuencia en los escritos de otras autoras místicas como Angela Merici, Camilla Battista Varano, Maria Maddalena de' Pazzi, Domenica da Paradiso, etc.; procedimiento conocido no sólo en la tradición literaria sino común también al mundo cristiano.
Conforman también su estilo, el uso de diminutivos con valor afectivo, la utilización del calificativo "dolce" en relación con todo lo que ama y le produce respeto (incluso al poco afable Urbano VI), símiles sencillos extraídos del mundo agrario o de la albañilería, y las frecuentes contraposiciones o antítesis en frases y capítulos con el fin de resaltar la idea: "negligencia" opuesta a "trabajo", "agua viva" contraria al "agua muerta" del pecado, hay un árbol que proporciona frutos de vida y otro de muerte, etc. En definitiva todo un repertorio que plasma su sentir individual, su fuerza, su compromiso absoluto en esa lucha denodada por la Verdad en que la palabra parece rendirse y menguarse ante la Infinitud del asunto tratado y la creatividad limitarse parcialmente disciplinada bajo el canon medieval de la "retractio".
Bibliografía:
(Incunables)
- Libro della divina Providentia, ed. Baldasare Azzoguidi, Bolonia, 1472 y 1475.
- El libro della dottrina revellata a quella gloriosa et sanctissima vergine Sancta Caterina de Siena, ed. Kartl Bonebach ,Nápoles, 1478.
- "Dialogo" della seraphica..., ed. Mateo Capcasa, Venecia, 1494.
- "Dialogus" seraphice dive Catharine..., ed. Bernardinus de Misentis, Brescia, 1496.
- Epistole utili e divote de la beata e seraphica Sancta Catherina..., ed. Giovanni Jacomo Fontanisi, Bolonia, 1492.
- Epistole devotissime de la Santa Catherina da Siena, ed. Aldo Manuzio, 1500.
Traducciones
ESPAÑOL:
- Obras de Santa Catalina de Siena (El Diálogo-Oraciones y Soliloquios), Trad. e Introducciones, notas e índice temático por P. J. Salvador y Conde, Madrid, O. P. Ed. BAC, 1980.
- Epistolario de Santa Catalina de Siena, Espíritu y Doctrina, Trad. Introducción, notas e Índices analíticos por el P. J. Salvador y Conde, O. P., Salamanca, Ed. San Esteban, 1982.
- Enseñanzas de Vida Espiritual. Cartas de Santa Catalina, (selección de las 75 más notables y algunos trozos de otras variadas). Precede una biografía cronológica de la Santa Doctora y concluye con un Índice Temático por el P. J. Salvador y Conde, Caleruega, Ed. OPE, 1983.
INGLÉS:
- Catherine of Siena. The Dialogue, trad. Suzanne Noffke, New York, Ed. Paulist Press, 1980.
- The prayers of Saint Catherine of Siena. Übers, trad. Suzanne Noffke, New York, 1983.
- Catherine os Siena. The Letters of St. Catherine of Siena, trad. Suzanne Noffke, New York, Ed. Binghamton: Center for Medieval and Early Renaissance Studies, State University of New York at Binghamton, 1988.
FRANCÉS:
- Le Dialogue, trad. Lucienne Portier, Paris, Ed. du Cerf, 1992.
- Catherine de Sienne. Les oraisons, Übers, trad. Lucienne Portier, Paris, 1992.
- Lettres de sainte Catherine de Sienne, Paris, Ed. P. Téqui, 1977.
ALEMÁN :
- Katharina von Siena, Gespräch von Gottes Vorsehung,Übers, Einsiedeln, Ed. Sommer von Seckendorff, 1985.
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Enlaces de interés
- http://books.google.es/books?id=B188hK-Qd4gC&printsec=frontcover&dq=sa
- http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=3551608
- http://es.wikipedia.org/wiki/Catalina_de_Siena
- http://www.corazones.org/santos/catalina_siena.htm.
Texto Representativo
LIBRO DELLA DIVINA DOTTRINA
Capitulo V
Come molto è piacevole a Dio el desiderio di voler portare per lui.
- Molto è piacevole a me il desiderio di volere portare ogni pena e fadiga infino alla morte in salute dell'anime. Quanto piú sostiene, piú dimostra che m'ami; amandomi, piú cognosce della mia veritá; e quanto piú cognosce, piú sente pena e dolore intollerabile dell'offesa mia.
Tu dimandavi di sostenere e di punire é difetti altrui sopra di te; e tu non t'avedevi che tu dimandavi amore, lume e cognoscimento della veritá. Perché giá ti dissi che quanto era maggiore l'amore, tanto cresce il dolore e la pena. A cui cresce amore, cresce dolore. Adunque Io vi dico che voi dimandiate, e egli vi sará dato. Io non denegarò a chi mi dimanderá in veritá. Pensa che egli è tanto unito l'amore della divina caritá, che è nell'anima mia, con la perfetta pazienzia, che non si può partire l'una che non si parta l'altra. E però debba l'anima, come elegge d'amare me, cosí elegga di portare per me pene in qualunque modo, e di qualunque cosa Io le concedo. La pazienzia non si pruova se non nelle pene, e la pazienzia è unita con la caritá, come detto é. Adunque portare virilmente, altrimenti non sareste né dimostrareste d'essere sposi della mia veritá e figliuoli fedeli, né che voi fuste gustatori del mio onore né della salute dell'anime.
Traducción Castellana
El DIÁLOGO
Capítulo V
Me es muy grata la voluntad de querer sufrir hasta la muerte cualquier pena o fatiga por la salud de las almas. Cuanto más sufre el hombre, más muestra que me ama; al amarme, conoce más de mi verdad, y cuanto más conoce, más siente pena y dolor insoportables a causa de las ofensas que me hacen.
Me pediste sufrir y que castigase en ti los defectos de los demás, y no entendías que lo que pedías era amor, luz y conocimiento de la verdad. Porque ya te dije que cuanto mayor es el amor, tanto más crece el dolor y el sufrimiento: a quien le crece el amor, le aumenta el dolor. A lo que pediste, respondo que pidáis, y os será dado. Yo no negaré a quien me pida de veras. Piensa que el amor de la divina caridad está tan unido a la paciencia perfecta, que una y otra no se pueden separar. Por eso, cuando el alma se decide a amarme, debe decidirse también a sufrir por mí penas de toda clase y del modo que yo quiera proporcionárselas. La paciencia no se manifiesta sino en los sufrimientos y se halla unida a la caridad, como queda dicho. Así, pues, sufrid esforzadamente; de otro modo, ni demostraréis ni seréis esposos fieles e hijos de mi Verdad, ni que tuvisteis gusto en mi honor y en la salvación de las almas.
(Traducción: José Salvador y Conde)
