Escritoras y Pensadoras Europeas

Lalla Romano (1906 - 2001)

por Mª Eulalia Muñoz Hermoso

Lalla Romano

Lalla Romano, cuyo auténtico nombre es Graziella, con el que se identifica en su faceta personal y privada, reservando el primero para su dimensión pública y literaria (rescatado de su infancia); nace el 11 de Noviembre de 1906 en Demonte (Cuneo), de padres oriundos de la zona, siendo la primogénita en relación con otras dos hermanas: Silvia y Luciana. Su padre Roberto, aparejador y jefe del Gabinete Técnico del Ayuntamiento de Demonte, sentía una gran pasión por la música, la pintura y la fotografía; vocaciones que legará con fruto a la escritora. Su madre, Giuseppina Peano, era sobrina del conocido lógico-matemático Giuseppe Peano; figura intelectual que ejercerá una gran influencia sobre Lalla.

En 1924, concluido el Bachillerato, se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Turín con un elenco de profesores de la talla de Annibale Pastore (Filosofía Teorética), Ferdinando Neri (Literatura Francesa) o Lionello Venturi para la Historia del Arte. En estos años, por otra parte, ha comenzado ya la trayectoria pictórica con los primeros autorretratos fechados en 1923.

Entre los años 1925-1928 asiste con frecuencia al estudio del pintor Giovanni Guarlotti y efectúa múltiples viajes con largas estancias en París visitando museos, galerías de arte (acompañada a menudo por Venturi) y tomando contacto con los impresionistas y post-impresionistas.

Toda una lista de nombres importantes entrarán a formar parte de su círculo de conocidos y amigos: Sborowsky, Menzio, Severini, Mario Soldati, Arnaldo Momigliano, Carlo Dionisotti, etc. En la Universidad será compañera de Cesare Pavese y entablará amistad con Franco Antonicelli y Giovanni Ermiglia.

En 1928 finaliza sus estudios universitarios, licenciándose en la rama de Letras presentando una tesis sobre Cino da Pistoia. En este mismo año, entrará en la escuela de pintura de Felice Casorati por consejo de Lionello Venturi, conociendo también a Daphne Maughan, Nella Marchesini, Paola Levi Montalcini y Giorgina Lattes.

Desde 1929 a 1941 desarrolla su actividad profesional como profesora de Enseñanza Secundaria en Cuneo impartiendo las asignaturas de Lengua Italiana e Historia del Arte y después en Turín. También ejercerá como directora de la Biblioteca Municipal de Cuneo, compilando el catálogo de los Incunables. Trabajos que irá alternando simultáneamente con la pintura, participando en exposiciones colectivas en Turín y Milán, y con la escritura, a través de incursiones de modo esporádico en revistas como "L'Arte", donde transfiere su experiencia pictórica práctica y teórica con un ensayo sobre La scuola di Casorati (1930) o mediante cuentos varios relacionados siempre con la cuestión artística: Una cena di artisti, Visita al collezionista (1930-40), etc.
Este período viene además marcado por tres hechos importantes: en 1932 se casa en Cuneo con Innocenzo Monti, empleado de banco que emprenderá una brillante carrera hasta convertirse en director del Banco Comercial Italiano. Relación estrecha que supondrá un vínculo permanente de profundo afecto en la vida de Lalla. Al año siguiente nacerá su único hijo, Pietro, llamado "Piero" en el ámbito más familiar. Y en 1941 publicará su antología poética Fiore con la alabanza de críticos como Ferdinando Neri o Gianfranco Contini que ensalzan su sensibilidad, su fuerza íntima y sus resabios clásicos que recuerdan fragmentos sáficos o el eco de ciertas poetisas del "Cinquecento".

En 1943 durante la guerra, se refugia en Cuneo con su hijo en casa de sus padres, habiendo recibido daños el inmueble donde residían en Turín, y se adherirá al Partito d'Azione formando parte de la Resistencia, en calidad de encargada de los "Grupos en defensa de la mujer" (luego llamados U.D.I.).

En 1944 ocurrirá un hallazgo, que será decisivo en el planteamiento artístico de su obra: tras la invitación de Cesare Pavese a que tradujese los Trois Contes de Flaubert; al ponerse en contacto con esta prosa, al mismo tiempo simple y esencial, descubrirá por una parte, la rigurosidad de la misma, y por otra, la afinidad sustancial entre prosa y poesía, desterrando para siempre sus prejuicios de infravaloración sobre la primera, y, operándose el pasaje definitivo de la pintura a la narrativa.

En 1947 se traslada a Milán y continúa impartiendo clases en la escuela media "Arconati" hasta su marcha en 1959. Sigue colaborando con ensayos críticos y piezas narrativas en revistas prestigiosas como "La Rassegna d'Italia", "Il Verri", "La Fiera Letteraria", "Il Caffè", "Paragone" o "Nuovi Argomenti" a la par que va ampliando sus contactos intelectuales al conocer a figuras de la talla de Montale, Bacchelli, Sereni, Vittorini, Rognoni, Anna Banti, Elsa Morante, etc. Sigue además ligada para sus publicaciones a la casa editorial Einaudi, lo que supone estrechar vínculos con su editor, Giulio Einaudi, Cesare Pavese, Natalia Ginzburg, Italo Calvino o Giulio Bollati.

El período de 1948 a 1975 constituye un tiempo fructífero y prolífico de creación artística a un ritmo vertiginoso en que se confirman publicaciones de obras significativas con el reconocimiento de premios importantes. Así en 1951 con Le metamorfosi iniciará su larga serie de obras en prosa, le seguirá la novela Maria (1953) que recibe un año después en Lugano el "Premio Internazionale Veillon", Tetto Murato (1957) con la designación en ese mismo año del "Premio Pavese", Diario di Grecia (1959), L'uomo che parlava solo (1961), La penombra che abbiamo attraversato (1964), novela alabada por Calvino y Elsa Morante y que revelará las cualidades más auténticas de Lalla como narradora. Recibirá el "Premio dei Librai milanesi", aunque produce un gran escándalo el hecho de no ser nominada para el Premio Viareggio a pesar de contar con el apoyo de personalidades como Bobbio, Longhi, Ungaretti o Montale entre otros, indignación que lleva precisamente a Montale a dimitir del propio jurado.

En 1967, con una edición renovada (en la estructura y la adición de un ensayo sobre el sueño) de Le metamorfosi conseguirá al año siguiente el Premio Soroptimist. Y en 1969 saldrá Le parole tra noi leggere, obteniendo un gran éxito y el Premio Strega.

Vendrán después: Didone ritrovata (1971); ensayo introductorio al libro IV de la Eneida de Virgilio, L'ospite (1973), Lettura di un'immagine (1975), y La villeggiante (1975).

Este discurrir narrativo se va alternando con la génesis de su obra lírica que aflora en dos momentos determinados: L'Autunno publicado en 1955 con una "Nota" de Carlo Bo y Giovane è il tempo (1974), antología que incluye variaciones de los poemas iniciales presentes en Fiore y en L'Autunno con otros inéditos, y por la que recibirá en Nápoles el Premio Sebeto.

En 1976 es elegida consejera del Ayuntamiento de Milán como independiente por las listas del Pci, aunque la experiencia será breve, ya que dimitirá al año siguiente.

En 1974 publica la que es considerada por la mayoría de la crítica su obra maestra: Una giovinezza inventata y también un libro de fábulas Lo stregone. Este mismo año será premiada doblemente, con la "Penna d'Oro" por parte de la Presidencia del Consejo de Ministros y con la medalla de oro de "Benemerenza Civica".

A partir de aquí hasta el 2001, fecha de su muerte, seguirá consolidando su carrera con nuevas publicaciones y nuevos reconocimientos públicos: Inseparabile (1981), La treccia di Tatiana (1986); un libro-comentario a fotografías de Antonio Ria, Romanzo di figure (edición renovada de Lettura di un'immagine), también de 1986; album fotográfico personal por el que recibe el "Premio Castellammare del Golfo" con la consiguiente exposición en Milán, otras ciudades italianas y el extranjero. Se le concede también este mismo año el "Premio Circolo della Stampa" de Turín. Viene después Nei mari estremi (1987), reconocida con el "Premio Grinzane Cavour" al año siguiente y que quiere ser un homenaje a su marido Innocenzo, muerto el 1 de Octubre de 1984 y testimonio de su relación, Un sogno del Nord (1989); selección de poemas breves y ensayos, libro también galardonado con el "Premio Procida-Isola d'Arturo/Elsa Morante, Le lune di Hvar (1991); una novela-diario sobre sus vacaciones en Yugoslavia y que Carlo Bo considerará como "el testamento" de Lalla Romano, en que hay una especie de recapitulación de todo su trabajo, Un caso di coscienza (1992); breve novela sobre su experiencia como docente en los años 50, Ho sognato l'Ospedale (1995); sobre una reciente experiencia en el hospital, In vacanza col buon samaritano (1997), que será designada con el "Premio Palazzo al Bosco" al año siguiente, en que publicará también L'eterno presente. Conversazione con Antonio Ria (1998). En 1999 verá la luz la novela Dall'ombra, y en el 2000, Ritorno a Ponte Stura, un nuevo "album de fotografías" con breves comentarios por parte de la escritora a cargo de Antonio Ria y con un ensayo de Roberto Cassanelli que ilustra los aspectos histórico-críticos de las imágenes.

En la década de los 80 intervendrá además como colaboradora con distintos artículos y reseñas en periódicos importantes como el "Corriere della Sera" o el "Giornale" de Milán. Se da a conocer en circuitos más amplios, comenzando a publicar muchos de sus libros en Francia, trabajando con nuevas casas editoriales como Denoël o La Différence. Y la etapa de los "90" supondrá un broche de oro, una cascada acumulativa de premios como reconocimiento a su labor creativa y a su carrera, que se suceden desde distintas Entidades y Organismos: el 14 de febrero de 1993 será nombrada por el gobierno francés "Officier de l'Ordre des Arts e des Lettres". Al año siguiente, con motivo de un Congreso de dos jornadas en Milán para enjuiciar su obra (en su vertiente global pictórica y literaria) con la participación de prestigiosos literatos, críticos e historiadores del arte, recibe los premios "Premi Grinzane Cavour-Terre del Piemonte y Gandovere-Franciacorta. En 1995 obtendrá el "Premio edizione Donna" por el proyecto de traducción de Maria en la casa editorial Gallimard y además, el 15 de Diciembre del mismo año, el Presidente de la República, Oscar Luigi Scalfaro le otorgará la condecoración de "Cavaliere di Gran Croce dell'Ordine al merito della Repubblica Italiana". En 1996 le es concedido también el Premio internacional "Unione Latina" por el conjunto de su obra. Y el 21 de Febrero del 2001 se la distinguirá con el "Diploma di Medaglia d'oro ai Benemeriti della Scuola della Cultura e dell'Arte" por parte del Presidente de la República Carlo Azeglio Ciampi, último premio en vida, ya que muere en este mismo año, dejándonos un legado ingente y polifacético de gran calidad.

Lalla Romano, mujer activa e intimista a la vez, adherente a un entorno refinado y equilibrado burgués ha sabido conciliar perfectamente su faceta pública en su doble dimensión cultural-creativa y literaria, y socio-política con algunos compromisos de implicación concretos a lo largo de su vida; y su faceta privada, bastante rica de experiencias personales: la relación intensa con su marido, la experiencia de maternidad y sus amistades varias. Se ha mantenido siempre ajena al mundo intelectual oficial, alejada de modas, de las distintas corrientes literarias de la época, incluso de cualquier tipo de activismo feminista, buscando su independencia, su originalidad expresiva en un sentido de neutralidad casi clásica y muy personal, que huye de cualquier concesión al sentimentalismo, del empalagamiento narcisístico, exhibicionismo psicológico, victimismo o de la palabra "hueca".

En la etapa que le tocó vivir, con respecto a su propia identidad como mujer, no podrá encontrar su imagen especular en los referentes femeninos en un plano de proyección social, y para ser fiel a su inclinación filosófica y artística, tendrá que buscar su afirmación en las figuras masculinas que la rodeaban: su padre, su tío el matemático Giuseppe Peano, el profesor Pastore, el pintor Morelli o el famoso crítico de arte Lionello Venturi. Sentirá en sí por tanto, la copresencia de sentimientos dialécticos, una ambivalencia que por su atracción hacia lo abstracto y espiritual, y su no reconocimiento en un sistema expresivo a través de la corporeidad (según era patente en la época como atributo femenino) la llevarán a "redimensionar su femineidad en un sentido viril" como apunta Jadranka Novak en su estudio "Il tempo ritrovato di Una giovinezza inventata di Lalla Romano".


Perfil literario y concepto artístico

La escritora generacionalmente se adscribe cultural y poéticamente a la de Pavese, Quasimodo, Vittorini, Montale, Levi, Calvino, Sereni, Pasolini, Ginzburg, Morante, Moravia, Volponi, Ottieri, Sciascia, Eimaudi y Bollati, Carlo Diomisotti, Gianfranco Contini, Geno Pamploni, Maria Corti, Grazia Cerchi...

Concibe la escritura como una "persistente identidad en el tiempo"; un medio para salvar la eternidad de las experiencias vividas en su auténtica actualidad siempre presentes. Una escritura que tiene una gran fuerza ética, un medio indagatorio, que convoca a la memoria con un doble valor: su rescate, nos dice la escritora, nos hace más humanos porque nos conecta a un hilo universal consciente y provoca nuestra reflexión, y por otra parte, tiene un valor epifánico o revelador de la verdad. Considera este aspecto fundamental y vincula la memoria a la fantasía, ya que es la que propone la elección inicial.

Su engranaje expositivo se ha tildado de "autobiográfico". Cesare Segre, gran estudioso en profundidad de su obra, niega rotundamente esta característica. Llega a conclusiones opuestas, aduciendo que parte precisamente del material autobiográfico para configurar su tejido creativo y dar lugar a otras realidades literarias de valor universal.

Otra característica de la obra de Lalla Romano es que mezcla distintos códigos expresivos, especialmente la pintura y la fotografía con la literatura. Ello es producto de una visión global, esencial, perenne, en que el tiempo y el espacio forman una realidad única. Vincenzo Consolo en su artículo "La memoria in Lalla Romano tra scrittura e immagine" habla de la importancia que tiene la fotografía en ella (más que en ningún otro escritor moderno) como fuerte potencial del que se impregna la memoria, fuente de inspiración e invención, testimonio de realidad viva en suma. Además, esta inserción de materiales heterogéneos en el seno de una misma obra se revelan como indicios o señales de una verdad perseguida.

Su serenidad interior se refleja en su estilo, que manifiesta un equilibrio esencial, con una lengua que eleva a una medida "clásica" los módulos linguísticos de la burguesía septentrional, disciplinada bajo una estructura laica y lógica, cincelada en el rico legado de la cultura de la Ilustración, una lengua clara, hecha de frases simples pero que logra atrapar las quiebras y matices más sutiles mediante un uso original de la parataxis que refleja cadencias nítidas y precisas que abren camino a sugestivas e improvisadas suspensiones y dudas que siembran una atmósfera de cierta inquietud.

La misma Lalla declarará en varios escritos, pero sobre todo en uno de ellos, aparecido en 1945 y que se considera una especie de poética en clave para interpretar su obra (incluido en La villeggiante ), que encontraba gran dificultad en traducir las cosas en palabras por la rotundidad evidente de las imágenes que se imponían a su mente sin un aparente nexo lógico; en esa lucha incansable de todo escritor entre el contenido y la forma de expresarlo, pero en este caso, ese contenido se hace patente en las cosas concretas ya definidas:

"Faccio un tremendo sforzo per tradurre in parole le cose, ma mancando i nessi non riesco a combinare un discorso. Cerco di inventare, ma sento sempre più che il senso mi sfugge, mentre tanto più pesano con la loro massiccia evidenza, le cose ...".

Obras

Toda la obra de Lalla Romano está marcada por una correlación de dualidades: naturaleza y cultura, instinto y razón, memoria y olvido. Sus temas son los temas claves y eternos sobre los que gira la existencia humana: el nacimiento, el amor, la muerte. El paisaje, en su vertiente humana, está poblado de referentes cotidianos y significativos: la familia de origen, su marido, su hijo, su nieto, parientes, amigos y conocidos; en su dimensión natural y física, el paisaje se tiñe de una severidad subalpina en que están representados la ciudad, el campo, la casa y las cosas. Y en su proyección social e histórica, se concreta en los años Veinte en Turín, la guerra, la Resistencia (plasmada de modo intimista), la Posguerra y los años siguientes en Milán, sucesos de hondo calado histórico y humano, expuestos con todas las implicaciones sociales de la burguesía y el ambiente artístico y cultural, el mundo campesino con su carga de dolor y resignación de tipo verghiana y una concepción simple y pura de la existencia, etc.

Una de las características más evidentes en la obra de Lalla Romano es el estudio analítico y profundo que se ejerce sobre el entramado de relaciones humanas, hasta el punto de querer desvelar y comprender el más mínimo secreto, misterio o sombra de duda subyacente: los obstáculos, la pasión, la alegría y el sufrimiento son examinados por la autora con una sensibilidad exquisita.

Lalla ha dominado tanto la lírica como la narrativa, destacando en ambos géneros. Irrumpe en el panorama literario con la publicación de su primer libro de poesías: Fiore (1941). Puede decirse que es una historia de amor en verso donde se registran los momentos más intensos, serenos, sensuales y compases de espera solitaria de su vida. El "yo" lírico se expone de una forma directa y desbordante de sinceridad. Cesare Segre en su Prefacio de la obra Lalla Romano. Poesie, nos dice que hay ya una experiencia del sentido de separación como presentimiento de la muerte, que sería el descubrimiento de lo que se podría llamar el "paesaggio vissuto".

El libro presenta una gran variedad de ritmos y de metros, con alternancia de versos breves y endecasílabos, con encabalgamientos que subrayan determinadas palabras y potencian las pausas, y resabios del "Trecento" (Amore armato) mezclados con imágenes fuertes y llenas de expresividad. Ferdinando Neri, al hacer la reseña en "La Stampa" habló de "un'arte schietta", es decir; un arte puro, límpido que se engarza a una gran sensibilidad natural, rebosante de una íntima fuerza y sin afectación.

Los otros dos libros de poesía son L'Autunno y Giovane è il tempo. L'Autunno, escrito 14 años después, concilia el ciclo de las estaciones con un paisaje interiorizado que apunta hacia la espera, el recuerdo, "un autunno" que es ya metafóricamente "distancia", agotamiento de los primeros impulsos, de la experiencia, en que convergen sentimientos en lucha: entusiasmos y pasiones a veces en equilibrio con la amenaza de su entumecimiento y aniquilación. Presenta un lenguaje más unitario y racional que Fiore y sus poesías contienen una mayor introversión aunque con potentes despliegues de efusión lírica.

Mucho más tardía será su última obra de poesía Giovane è il tempo, de 1974, fragmentada en cinco tiempos o secciones ( "I flauti acerbi", "Il caro odore del corpo", "La bocca arida", "Giovane è il tempo" y " Da una ruvida mano"), que incluye poemas reelaborados existentes en Fiore y L'Atunno, y otros inéditos. La experiencia se ha convertido ya en memoria y se van sucediendo las etapas: primero aparece la naturaleza, después el amor con toda su carga sensual, las vicisitudes del amor, la separación, la aproximación del fin y el pensamiento de la muerte. En el cuarto tiempo comparece de nuevo la naturaleza rescatada del lastre de cualquier tipo de turbación, y en último término están las reflexiones y revelaciones sobre el sentido de la vida y el sentido universal.

En la última sección del libro, la relación hombre-naturaleza adquiere un carácter simbólico: los climas, las estaciones, las mareas, el curso de los ríos, no son ya entidades naturales, no conforman un paisaje físico, sino son símbolos apocalípticos. Prevalece la escenografía invernal con el hielo, la nieve y el viento. Parece vislumbrarse una resurrección, pero que queda embargada por el tiempo poético que comienza y se clausura con el silencio.

Destacan la coherencia de dicción y de estilo, imposible en Fiore. La expresión es menos directa, aunque no por ello carente de fuerza, y se abre hacia espacios metomímicos y metafóricos.

Su primera obra de envergadura está representada por Le metamorfosi (1951) que inicia la larga serie de obras en prosa. Se trata de un conjunto de textos breves donde se describen sueños como testimonio y prueba de una "narración pura", vehiculados a través de un lenguaje autónomo, en que los objetos, los colores y movimientos asumen la contundencia de la imagen, liberada de cualquier tipo de conexión. Estos sueños no tienen por tanto una función interpretativa y no vienen presentados ni como huella del inconsciente, según la perspectiva freudiana, ni como versión de lo maravilloso según una óptica surrealista.

El segundo libro en prosa, será Maria, ejemplo magnífico de novela en 1ª persona que no coincide con el protagonista. La perspectiva será por tanto la de la narradora y en el centro de ella, estará la protagonista. Maria es una historia de relaciones humanas que insiste en lo único e irrepetible que existe en cada individuo. Aparecen contrastados y caracterizados sociológicamente dos mundos: los burgueses frente a los campesinos y topográficamente la dualidad: ciudad / campo. Maria, personaje que Lalla delinea atribuyéndole una gran riqueza de sentimientos y de matices, nos irá introduciendo poco a poco a través de sus cuentos, en el contexto del mundo campesino: un mundo más vulnerable y menos protegido que el de los ciudadanos, transido por un dolor continuo, por muertes precoces y la escasez de recursos, pero al mismo tiempo envuelto en retazos de misterio que lo subliman a la categoría de leyenda.

La parte final de Maria está enmarcada con sucesos históricos que impregnan súbitamente sus páginas: la guerra, los bombardeos, el 8 de septiembre, las deportaciones, la lucha partisana, etc.

En L'uomo che parlava solo (1961) Lalla escribe una novela de la memoria, pero no de la suya propia, sino del protagonista; un hombre (único protagonista masculino absoluto, excepción respecto a las demás obras) que reevoca en un soliloquio continuo las vivencias, las circunstancias de su vida en un sondeo introspectivo para comprenderse mejor a sí mismo e intentar hallar las razones de su fracaso existencial. Al final descubre precisamente que el contemplar las cosas desde la distancia, como espectador, su no implicación, será la causa de su infelicidad, tanto en el plano sentimental como en el plano laboral, del que se siente ajeno.

El contenido narrativo no sigue un orden cronológico sino que se proyecta en una serie de escenas conectadas por los movimientos analógicos y antitéticos del recuerdo.

En La penombra che abbiamo attraversato (1964) donde se revela ya el dominio y las cualidades excelentes de la escritora como narradora, persiste este sentido indagatorio, esa insistencia en el rastreo de detalles para ampliar el marco general, para aprehender y comprenderlo todo a través de una sugestiva regresión "ad infinitum" por el recuerdo.

La obra es una reevocación de la infancia vivida en el campo de Cuneo, pueblo de montaña, amado por la escritora y también de la muerte de la madre.

El título está extraído de Marcel Proust y se puede decir que es la novela de todas las escritas por Lalla, que más elementos contiene de él. El esquema corresponde fielmente al de un regreso: la narradora ya adulta, vuelve a Ponte Stura (nativa Demonte) recorriendo de nuevo las calles, los lugares, acercándose incluso a su casa, de niña y volviendo a leer las lápidas en el cementerio, rescatando al instante un pasado que le parecía ya olvidado.

Con Le parole tra noi leggere de 1969, obra que obtuvo gran éxito y premio de la crítica, Lalla cambia de estrategia narrativa: el "yo" que narra, participa en primer plano de los mismos hechos. Este procedimiento de implicación doble del narrador (como protagonista y como relator e intérprete) caracterizará toda la serie posterior de novelas a partir de ésta.

El título está extraido de un verso de Montale y refiere el tema de la relación madre-hijo, con todas sus implicaciones: la dificultad de la educación, el tipo de educación (represiva o permisiva), el inconformismo de un hijo que se rebela ante el adoctrinamiento familiar y escolástico para autodefinirse, etc.

Todo el mecanismo de la obra gira en torno a esa tensión dual de la madre por querer examinar, comprender, acercarse al hijo que se ha hecho adulto y es un ser autónomo; y el hijo que reclama su independencia, se siente en cierto sentido asediado por ese amor de madre y se manifiesta más distante y celoso de su intimidad, como es natural. La madre no llega a comprender el sentido de la alteridad en la continuidad existencial de su hijo. Está representada aquí la figura de La Madre no sólo de un modo concreto sino como prototipo, de un ser que tiene curiosidad por saber qué clase de vida le ha dado a su hijo.

Para muchos críticos la gran obra maestra de Lalla es Una giovinezza inventata de 1979, con un título elegido de Elias Canetti y donde el adjetivo alude a una reelaboración y reconstrucción involuntaria de la memoria, vivida en parte a través de la fantasía y mitificada desde la perspectiva de la vejez; pero hay también como en otras obras, un deseo de reencontrar el pasado.

Según Cesare Segre en su libro Lalla Romano. Opere , es la única novela verdaderamente autobiográfica de la autora que ha utilizado casi siempre materiales autobiográficos para componer libros no autobiográficos.

Está escrita en primera persona y nos narra el período de su juventud, vivida en los años Veinte, enmarcada en el contexto histórico de la sociedad turinesa de aquel tiempo: de la pequeña burguesía a los intelectuales, de la universidad a los estudios de los pintores, las actuaciones políticas de frente al fascismo, etc. Su vida burguesa transcurre entre los estudios, la melancolía, el amor, el malestar y las dificultades vinculadas a su condición femenina. Su propia figura se convierte en emblema de la mujer, de la juventud femenina en lucha con un mundo masculino que le ofrece resistencia para desplegar sus auténticas inquietudes y preservar la fidelidad a sus propios principios.

Otra obra crucial será Nei mari estremi (1987), creación con la que según Maria Corti, Lalla logrará "el nivel más alto en su actividad narrativa". La novela recorre en un proceso de introspección profunda y desgarrada su relación intensa con el marido, donde vienen afrontados dos temas absolutos y cruciales de la existencia humana: el amor y la muerte con "spietata pietà" como dirá Giovanni Raboni. Es especular con Le parole tra noi leggere y el autobiografismo aparente se configura como "memoria" que recrea estéticamente todo el material narrativo.

Bibliografía:

- Poesías.

- Fiore, Frassinelli, Torino, 1941.

- L'Autunno, Edizioni della Meridiana, Milano, 1955.

- Giovanne è il tempo, Einaudi, Torino, 1974.


- Novelas y cuentos.

- Le metamorfosi, Einaudi, Torino, 1951.

- Maria, Einaudi, Torino, 1953.

- Tetto Murato, Einaudi, Torino, 1957.

- Diario di Grecia, Rebellato, Padova, 1959; Einaudi, Torino, 1974.

- L'uomo che parlava solo, Einaudi, Torino, 1961; Mondadori, Milano, 1995.

- La penombra che abbiamo attraversato, Einaudi, Torino, 1964.

- La parole tra noi leggere, Einaudi, Torino, 1969.

- L'ospite, Einaudi, Torino, 1973.

- La villeggiante, Einaudi, Torino, 1975.

- Pralève, Einaudi, Torino, 1978.

- Una giovinezza inventata, Einaudi, Torino, 1979.

- Lo stregone, Stampatori, Torino, 1979.

- Inseparabile, Einaudi, Torino, 1981.

- Nei mari estremi, Mondadori, Milano, 1987; Einaudi, Torino, 1996.

- Un sogno del Nord, Einaudi, Torino, 1989.

- Le lune di Hvar, Einaudi, Torino, 1991.

- Opere, a cargo de Cesare Segre, Mondadori, I Meridiani, Milano, 1991 y 1992.

- Un caso di coscienza, Bollati Boringhieri, Torino, 1992.

- Ho sognato l'Ospedale, il melangolo, Genova, 1995.

- In vacanza col buon samaritano, Einaudi, Torino, 1997.

- L'eterno presente. Conversazione con Antonio Ria, Einaudi, Torino, 1998.

- Dall'ombra, Einaudi, Torino, 1999.


- Albumes fotográficos.

- Lettura di un'immagine, Einaudi, Torino, 1975.

- La treccia di Tatiana, Einaudi, Torino, 1986.

- Romanzo di figure, Einaudi, Torino, 1986.

- Terre di Lucchesia, Pacini Fazzi editore, Lucca, 1991.

- Sguardi, La Quadra, Brescia, 1995.

- Nuovo romanzo di figure, Einaudi, Torino, 1997.

- Ritorno a Ponte Stura, Einaudi, Torino, 2000.


- Catálogos.

- Lalla Romano pittrice, a cargo de Antonio Ria, Einaudi, Torino, 1993.

- Lalla Romano. Disegni, a cargo de Antoni Ria, Einaudi, Torino, 1994.

- Lalla Romano. L'esercizio della pittura, a cargo de Antonio Ria, Einaudi, Torino, 1995.

Traducciones

ESPAÑOL:

- Suaves caen las palabras, Libros del Asteroide, Barcelona, 2005.


INGLÉS:

- L'Autunno/The Autumn, (bil. it/eng., tr. Joseph Tusiani, postf. Carlo Bo), Centro Documentazione Leonardo Sciascia / Archivio del Novecento, San Marco in Lamis (Foggia), 2003.

- The Penumbra, Quartet Books, London, 1998.


FRANCÉS:

- Ces petits mots entre nous, suivi de L'Invité,, romans, traduit (1) par Jean et Marie-Nöelle Pastureau, préface d'Eugenio Montale et (2) par Madeleine Baudin, préface de Pier Paolo Pasolini, Denoël, 1987.

- Jeune est le temps, poèmes traduits et présentés par Philippe Giraudon, La Différence, Paris, 1992.

- La Pénombre, Editions de la Différence, Paris, 1992.

- L'homme qui parlait seul, La Différence, Paris, 1992.

- Une jeunesse inventée, Editions de la Différence, Paris, 1992.

- Le Silence partagé, roman traduit par Jean et Marie-Noëlle Pastureau. L'Arpenteur « Domaine italien »/Gallimard, 1995.

- Inséparable, roman traduit par Philippe Giraudon, Aralia, 1997.

- Maria, roman traduit par Jean et Marie-Nöelle Pastureau. L'Arpenteur « Domaine italien »/Gallimard, 1997.

- Tout au bout de la mer, Hachette, Paris, 1998.

- J'ai rêvé de l'Hôpital, traduit par Danièle Valin, préface de Giulio Giorello. « Rivages poche. Petite Bibliothèque », nº 272, 1999.

Bibliografía Crítica

- AMOROSO, G., “Il ‘privilegiato isolamento’ di Lalla Romano”, Critica Letteraria, VI, nº 21, 1978, pp. 664-676.

- BARBERIS, A., “Lalla Romano”, en “Voci che contano”, Il Formichiere, Milano, 1978, pp. 200-208.

- BIAMONTI, F., “Lalla romano e il segreto delle cose”, Nuovi Argomenti, serie V, 1998, nº 3, pp. 291-296.

- BRIZIO, F., La scrittura e la memoria (Lalla Romano), Selene, Milano, 1993.

- BRIZIO, F., “Memory and Times in Lalla Romano’s Novels ‘La penombra che abbiamo attraversato’ and ‘Le parole tra noi leggere’”, a cargo de S. L. Aricò, Contemporary Women Writers in Italy. A Modern Renaissance, The University of Massachusetts Press, Amherst, 1990, pp. 63-75.

- CATALUCCI, A., Invito alla lettura di Lalla Romano, Mursia, Milano, 1980.

- CONSOLO, V., “Con Lalla Romano in viaggio nei mari estremi della vita”, Il Messaggero, 30 de diciembre de 1996 (después con el título “Nei mari estremi con Lalla Romano”, en Belfagor, LII, 1997, nº 2, pp. 199-201).

- FERRONI, G., “Cuore di Lalla”, L’Unità/Libri, 26 de octubre de 1992.

- FERRONI, G., “Lalla Romano”, en Storia della letteratura italiana, vol. IV, Il Novecento, Einaudi, Torino, 1991, pp. 561-563.

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Enlaces de interés

Texto Representativo

LE PAROLE TRA NOI LEGGERE

Gli dedicavo un modo e un tempo esclusivamente mio, al quale attribuivo un'influenza calmante e persino educativa. Era un'usanza molto vecchia, in sé, un'usanza delle antiche balie e madri contadine, connessa al moto delle culle. Mentre lui non fu mai cullato: aveva dormito prima in una grossa cesta a ruote, e poi in un lettino di metallo. Consisteva nel sedermi accanto a lui e cantare lunghe nenie e canzoni, che risalivano alla mia infanzia paesana. Canzoni di soldati e di ubriachi, e di chiesa, anche. Tristissime; rese ancor più tristi dagli sbalzi di tono della mia voce non dolce né educata, alla quale mi impegnavo a dare le cadenze strazianti che mi avevano deliziata bambina. Pareva che gradisse le mie nenie perché non le ricusò mai. Che lo facessero dormire non si poteva dire: le sedute erano lunghissime, lui sempre con gli occhi sbarrati. Forse anzi lo tenevo sveglio, in quel modo. Comunque non ci pensavo. Nessuno me lo rinfacciava, quel dominio era mio e mi bastava. Stordivo me stessa invece e mi alzavo di lì intontita e appagata con la sensazione di avergli comunicato qualcosa di importante. Forse l'amore per le zone oscure e reiette: nel caso che l'educazione cittadina e il mondo moderno in cui sarebbe vissuto potessero tenerlo troppo alla superficie. Forse per questo da ragazzo ascoltava alla radio le nenie arabe? E adesso é andato a bearsene sul posto. Ma mi sto vantando, temo.

Traducción Castellana

SUAVES CAEN LAS PALABRAS

Yo le dedicaba una actitud y un tiempo exclusivamente míos, a los que atribuía una influencia calmante e incluso educativa. Era un uso muy antiguo, en sí, un uso de las antiguas nodrizas y madres campesinas, relacionado con el movimiento de las cunas, mientras que él nunca fue acunado: primero durmió en un gran cesto con ruedas y después en una camita de metal. Consistía en sentarme a su lado y cantar largas nanas y canciones, que se remontaban a mi infancia campesina: canciones de soldados y borrachos y de iglesia, incluso; tristísimos y vueltas aún más tristes por los saltos de mi voz, ni dulce ni educada, a la que me empeñaba en dar las cadencias desgarradoras que me habían deleitado de niña. Parecía que le gustaban mis nanas, porque nunca las rechazó. No se podía decir que le indujeran el sueño: las sesiones eran larguísimas, él siempre con los ojos en blanco. Tal vez con aquello consiguiera únicamente mantenerlo despierto, pero no se me ocurría pensarlo. Nadie me lo reprochaba; aquel dominio era mío y me bastaba. En cambio, me aturdía a mí misma y me levantaba de allí atontada y satisfecha con la sensación de haberle comunicado algo importante: tal vez el amor por las zonas obscuras y repudiadas, en caso de que la educación urbana y el mundo moderno en que iba a vivir pudieran mantenerlo demasiado en la superficie. ¿Sería por eso por lo que de niño escuchaba en la radio las nanas árabes? Y ahora ha ido a deleitarse con ellas in situ, pero me temo que me estoy jactando.

(Traducción: Carlos Manzano)

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