Escritoras y Pensadoras Europeas

Francisca Aguirre (1930 - )

por Brigidina Gentile

Francisca Aguirre nació en Alicante el 27 de octubre de 1930. Su padre, el pintor Lorenzo Aguirre era un artista muy conocido y trabajaba también en el Gobierno. En 1942 la dictadura del régimen del general Franco lo condenó a muerte y lo ejecutó mediante garrote vil en la prisión de Porlier. Desde finales de 1940, en que su padre es encarcelado, primero en la prisión de Hondarribia, en San Sebastián y más tarde en la de Porlier, en Madrid, tanto Francisca como sus hermanas van de un colegio de monjas para hijos de presos políticos a otro. Se podría decir que mientras su padre estaba en una cárcel, ellas estaban en otra. Cuando, finalmente, en 1942, el régimen franquista asesina a su padre las tres niñas vuelven a la casa que, en 1940, alquiló su abuela materna en la calle de Alenza, nº 8 y en la que Francisca sigue viviendo. La Guerra Civil y la muerte de su padre marcaron para siempre su vida y la vida de toda su familia. Francisca ha sido una autodidacta. Desde 1943 hasta finales de 1944 Francisca asistio a clases de taquigrafía y mecanografía y también al curioso invento de la época que se denominó “Cultura general” y en el que, fundamentalmente, se estudiaba gramática, ortografía, geografía e historia. A partir de ese momento construye una cultura de acarreo, marcada por un subjetivismo inevitable. Empezó a trabajar a los 15 años, primero como telefonista y más tarde como secretaria. Trabajó ininterrumpidamente en la industria privada desde 1945 hasta 1963. Durante todo este período lee cualquier tipo de literatura que caiga en sus manos, especialmente novelas y poesía y, como la situación económica de la familia es muy pobre, tanto ella como sus dos hermanas, Susy y Margarita, sólo pueden acceder a los libros de alquiler en un pequeño comercio. En esta peculiar universidad leen, indiscriminadamente, todo tipo de novelas, desde Julio Verne, Dumas o Víctor Hugo a Rafael Sabatini, Manzoni, Emilio Salgari, Dostoiewsky, Mann, o las llamadas novelas “rosa” y, naturalmente, los clásicos españoles, Lope, Quevedo, Bécquer, Cervantes, Góngora y muchos otros, desde los norteamericanos hasta los iberoamericanos, como Lugones, Rubén, Gabriela Mistral y otros. Este cóctel explosivo la lleva a buscar orientación en círculos relacionados con la cultura y se hace socio del Ateneo de Madrid.
Desde ese momento empieza a acudir a distintas tertulias literarias, por un lado la tertulia poética del Aula Pequeña del Ateneo, dirigida por el poeta José Hierro, y por otro la tertulia teatral del Café Gijón liderada por el dramaturgo Antonio Buero Vallejo. En 1957, en una de las sesiones de la Tertulia del Aula Pequeña del Ateneo, conoce al poeta Félix Grande, con el que se casa en 1963. Desde 1957 frecuenta con Félix Grande las tertulias antes citadas y la de Rafael Montesinos en el entonces Instituto de Cultura Hispánica, la de la Revista Ínsula y la mesa de los poetas del Café Gijón, integrada por Gerardo Diego, José Luis Prado Nogueira, Francisco Umbral, Enrique Azcoaga, Ramón de Garciasol, Eladio Cabañero, Carlos Sahagún, Meliano Peraile y muchos otros.
En 1960, en una de las sesiones de la Tertulia Poética de Rafael Montesinos, en el Instituto de Cultura Hispánica, conoce al poeta Luis Rosales quien, a partir de ese momento se convertirá en un maestro de vida y pensamiento.
Francisca Aguirre, a quien el poeta José Hierro se dirige siempre bajo el apelativo de Paca, será desde entonces Paca Aguirre para todo el entorno cultural en que se mueve. Paca, que había empezado a escribir poesía, como casi todos los jóvenes, entre los 18 y los 20 años, revisa y reestructura toda su concepción poética y, en general, toda su relación con la literatura. Su contacto directo con poetas como Rosales, Gerardo Diego, Pepe Hierro, José Luis Prado Nogueira, Eladio Cabañero, Diego Jesús Jiménez y otros modifica prácticamente todos sus esquemas. En 1963 deja de trabajar en la empresa privada, se casa con Félix Grande y en 1965 nace la hija de ambos, Guadalupe. Hasta que en 1968 Luis Rosales le pide que forme parte del equipo de redacción del diccionario enciclopédico que dirigen él y Dámaso Alonso y que editará la Revista Selecciones de Reader’s Digest, Paca Aguirre hará en su casa trabajos de corrección de pruebas para la Editorial Taurus y traducirá del francés un par de cuentos de Chejov para la Editorial Edhaf. De 1968 a 1970 forma parte del equipo del citado diccionario. En 1966 y tras la lectura del poema de Kavafis “Los bárbaros”, Francisca quema tres carpetas que contenían todo cuanto había escrito hasta la fecha y empieza a escribir un nuevo libro de poemas que titula Ítaca y con el que obtendrá en 1971 el premio de poesía “Leopoldo Panero”, en 1977 recibe el premio “Ciudad de Irún” por su libro Los trescientos escalones. En 1978 publica en Ediciones Cultura Hispánica su libro de poemas titulado La otra música y en 1994 obtiene el Premio Galiana por su libro de relatos Que planche Rosa Luxemburgo. En 1995 aparece, publicado por la Universidad Popular “José Hierro”, de San Sebastián de los Reyes su libro de recuerdos titulado Espejito, espejito y ese mismo año obtiene el XV Premio Esquío de Poesía con su libro titulado Ensayo general. A partir de 1971 trabaja en el Instituto de Cultura Hispánica como secretaria de Luis Rosales. Cuando el poeta Luis Rosales se jubila, Paca continuará trabajando en la misma institución, en el Departamento de Actividades Culturales, hasta que en 1994, también se jubila. En el 2000 la Editorial Calambur publica su Poesía completa 1966-2000 con el título de Ensayo general y atendiendo a la fecha de escritura de cada libro. Esta Poesía completa obtiene el premio de la Crítica de la Generalitat Valenciana.

Obras

Poesia:
Ítaca (1971 - Premio Leopoldo Panero)
Los trecientos escalones (1977 - Premio Ciudad de Irún)
La otra música (1978)
Ensayo General. Poesía Completa 1966-2000 (2000 - Premio de la Critica della Generalitat Valenciana)
La herida absurda (2006)
Nanas para dormir desperdicios (2007 - Premio Valencia de poesia)

Prosa:
Que planche Rosa Luxemburgo (1994 - Premio Galiana),
Espejito, espejito (1995)

Traducciones

Su libro Ítaca está traducido al inglés y ha sido publicado por BOA Editions, Ltd. en Nueva York. Ha sido traducida también al francés, portugués, italiano y valenciano.

Bibliografía Crítica

Marina Sáez, Rosa María: “El mundo clásico en la poesía de Francisca Aguirre” en Nova et vetera : nuevos horizontes de la Filología latina coordinado por por A. Espigares, A. María Aldama, María F. del Barrio, Vol. 2, 2002 (Nuevos horizontes de la filología latina), ISBN 84-930825-5-4 , pags. 751-759.

Crespo Massieu, Antonio: “La herida absurda. Francisca Aguirre (Alicante, 1930)” en Viento sur: Por una izquierda alternativa, ISSN 1133-5637, Nº. 92, 2007 , pags. 117-122.

Enlaces de interés

Texto Representativo

El viento en ĺtaca

Sentada ante su bastidor, ella fue dueña
del lentamente desastroso Imperio de los días.
Sus manos la pesada tarea asumieron
y una constancia más fuerte que el cansancio
junto a ella se sentó.

(Frente a la terquedad de sus dedos fabriles
el mar fue entonces sólo una gota mensurable
y el horizonte un mirador en torno a ĺtaca.)

Un viento de regreso silbó una madrugada:
despertar fue asomarse a un campo de batalla asolado.
La luz fue descubriendo la figura sentada
que acariciaba compasivamente la tela dactilar,
su patrimonio de trabajo y de horas,
sus madejas de canas.
(Una costumbre de quietud
y una tristeza como un perro a sus pies
la rodearon de silencio.)

Lejos resonaba la voz, la voz de Ulysses.
Frente a su bastidor, desesperadamente,
ella intentaba recordar un nombre,
sólo un nombre:
el que gritaba Ulysses por las calles de ĺtaca.



La bienvenida

Ha vuelto. De nuevo está sentado a la mesa.
Muy breve es el diálogo. Pues
la historia de Ítaca se resume en lo cotidiano.
En su mirada yo escucho sin embargo
respuestas como el mundo.
A mi mesa se sientan Circe con sis sirenas,
Nausicaa con su juventud.
Con él están como una nostalgia
que fuera ya una culpa
las vidas y los rostros de las que amó
el encanto implacable de cuanto arriesgaba
y la alegría de una entrega
más allá de sentimientos y moral.
Ha vuelto. No sabe bien a qué.
Pues más que a morir le teme a envejecer.
Sospecha de la calma como si contuviera un virus.
Soy para él peor que una traición:
soy tan inexplicable como él mismo.

(Ítaca: El círculo de Ítaca)


El orden

Deberíamos hacer algo que no fuera morir,
pero a menudo se nos viene la muerte tan callando
que hasta pasado un tiempo so sabemos
que estamos abitando nuestro proprio cadáver.
Si nos hubieran advertido,
si un gesto por lo menos nos hubiera indicado
la descomposición que nos poblaba,
tal vez hubiéramos luchado contra el lento enemigo.
Pero había un silencio como el orden,
un retirarse para volver luego,
un fluir de marea mesurada.
Nadie nos quiso dar la mala nueva,
nadie quiso advertirnos del desastre.
Tal vez porque la muerte me fue volviendo extraña
y las viejas palabras no bastaron
y sólo fue posible mirar, mirar cómo avanza la muerte.
Y ahora, del otro lado del silenzio
yo contemplo también esa mirada,
ese ver queno pide sino asiste,
ese futuro sin futuro
y me pongo a llorar sobre la vida
diciéndome: Penélope,
deberíamos hacer algo que no fuera morir.

Ítaca: El desván de Penélope

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