Escritoras y Pensadoras Europeas
I+D del Ministerio de Educación y Ciencia (Duración: 3 años. Ref. HUM 2005-06658/FILO)
Investigadora Principal Dra. Mercedes Arriaga
Universidad de Sevilla
Escritoras y Pensadoras Europeas
Gertrudis Gómez De Avellaneda De Arteaga (1814 - 1873)
- Período Literario: Romanticismo
- Lengua en la que escribe: español
Gertrudis Gómez de Avellaneda de Arteaga representa en sí la fusión más clara entre literatura y vida como emblema del Romanticismo más acendrado; y sin embargo, a pesar de su formación neoclásica será reconocida en su época como una de las figuras clave de este movimiento en lengua castellana. Su obra es una síntesis de dualidades encontradas manifiestas en todos los géneros, que cultivó abundantemente: en su poesía, la experiencia amorosa se conjuga con la avidez religiosa y el escepticismo social; en su novela el exotismo de las costumbres caribeñas se arraiga a la visión peninsular, y en su teatro la eficacia de la tragedia clásica se mezcla con la rotundidad del drama romántico.
Su rebeldía en contra de los convencionalismos sociales que traspasa también a los personajes femeninos de sus obras la convierte en una mujer lúcida y adelantada a su tiempo, antecedente y símbolo del feminismo más moderno.
La crítica en general, se hace eco por testimonios de la época de dos cualidades que definirían la persona de “La Avellaneda”: su deslumbrante belleza y su carácter impetuoso; atributos que suscitarán por una parte, la admiración entre sus coetáneos y que le granjearán por otra, envidias y enemistades.
Así, su exultante vitalidad y su talento serán entendidos en términos de “travestización”, de “proyección viril del espíritu” en una encarnadura netamente femenina, como dirá de ella Zorrilla con palabras análogas en su libro Recuerdos del tiempo viejo: “…los pensamientos varoniles de los vigorosos versos…revelaron algo viril y fuerte (…). Era una mujer; pero lo era sin duda por un error de la naturaleza” (Zorrilla, 1998: 431-32).
Gertrudis Gómez de Avellaneda nace el 23 de Marzo de 1814 en Cuba, en Puerto Príncipe (región de Camagüey), en el seno de una familia de descendencia noble española. Su padre, Manuel Gómez de Avellaneda, comandante de la marina española y encargado de las regiones centrales en Cuba y su madre, la criolla Francisca de Arteaga y Betancourt proporcionaron a Gertrudis o “Tula”, como era llamada en el ámbito familiar, un marco privilegiado para el estudio y la cultura. Su formación correrá por cuenta de tutores privados y mostrará desde pequeña un gran entusiasmo por la lectura, que la llevarán no sólo al disfrute y asimilación de conocimientos varios sino a activar su imaginación creando y representando comedias, escribiendo cuentos y poesías. Se entretendrá adjudicando los papeles de sus obras entre sus amigos, eligiendo ser siempre la protagonista.
A los nueve años, muere su padre, hecho que marcará su vida, volcándose a modo de catarsis aún más en la lectura, incentivando su pasión por ella para saciar su desazón íntima. A esta circunstancia se une el agravante de que su madre decide casarse de nuevo con un oficial español, Gaspar de Escalada con el que “Tula” no siente ninguna afinidad. La vida doméstica la aburre y su “desarraigo” emotivo la inclinan a actividades artísticas como la danza, la música y la pintura que practicó en su adolescencia, pero entre los grandes espectáculos sociales y literarios, será el teatro el que atrapará su atención por completo colmando todas sus expectativas. Esa apuesta incondicional por la cultura y el estudio provocará las burlas de sus parientes que la tildarán despectivamente de “Doctora y Atea”.
A los doce años, para solucionar sus problemas económicos, sus padres determinan casarla con un pariente lejano rico. Dos años después, se negaría a llevar a efecto este compromiso creando un grave conflicto familiar, al perderse la herencia de su abuelo. Este hecho la hará sufrir bastante llegando a contemplar incluso la posibilidad del suicidio. Así las cosas, se precipitó el regreso a España. Gertrudis y su familia se instalaron al principio en casa del padrastro, en La Coruña, ambiente que la autora estimó demasiado conservador para su desarrollo, optando por establecerse con su hermano en Cádiz y después en Sevilla, lugar propicio donde desplegará su carrera artística en un entorno cultural delimitado. Se dará a conocer en seguida (aunque era ya considerada una escritora de talento antes de su entrada en España) proponiendo sus primeros trabajos literarios y generando una gran admiración en torno a su persona. Bajo el seudónimo de “La Peregrina” publicará sus primeros versos en distintas revistas en 1839 y se pondrá en contacto con las figuras más destacadas del “mundillo” literario sevillano: Juan José Bueno, José Amador de los Ríos y Gabriel García Tassara. En este mismo año iniciará una relación con Ignacio de Cepeda que durará por carta hasta 1854, hecho clave reflejado en su Autobiografía y sus Cartas de amor (para su amado); índice interesante además de por su contenido emotivo, también por el elenco anotado de sus lecturas donde se aprecia el eclecticismo de su formación neoclásica que se suma a la influencia romántica: Walter Scott, Mme. Staël, Chateaubriand, Lord Byron, Corneille, Victor Hugo, Alberto Lista, Manuel José Quintana y José María Heredia.
En Junio de 1840, se estrenará su primera obra dramática Leoncia recibiendo una notable acogida por parte del público sevillano.
En el verano de ese mismo año se traslada con su hermano a Madrid, con motivo del fin de su relación con Cepeda y para recibir una herencia, por vía de sus tíos paternos. Madrid supondrá para la autora un horizonte fecundo de inspiración literaria, donde se expresará con fuerza y contundencia, y será dada a conocer en los círculos intelectuales más prestigiosos: Lista la acreditará con su carta de recomendación y Zorrilla la presentará en el Liceo. En general, en los círculos masculinos se elogiará su talento pero siempre entendido como una antítesis a su condición femenina. Valera se convertirá en uno de sus más fieles defensores. Su conciencia creativa y la determinación de su carácter suscitarán admiración y estima pero también envidias y suspicacias por parte de sus detractores.
En 1841 publicará el primer tomo de sus Poesías y su controvertida novela abolicionista Sab, que le dará el salto a la fama dentro del mundo latino. En 1842 colabora en distintos periódicos y dará a la luz su novela Dos mujeres, ejerciendo una crítica sobre los matrimonios de conveniencia, la hipocresía social y la precariedad de la situación femenina.
En 1844 aparece su novela Espatolino y será sobre todo un año crucial por el inicio de una relación amorosa con el poeta sevillano García Tassara, fruto de la cual, nacerá su hija Brenhilde un año después, que morirá al poco tiempo a consecuencia de una afección cerebral. Al desgarro emocional que supuso dicho hecho trágico sufrido por la autora hay que añadirle el abandono inmisericorde del poeta, que la deja rota de dolor en la cúspide de su carrera.
Se rehace milagrosamente y de nuevo en este mismo año, 1845, retoma su relación con su antiguo amor, Ignacio de Cepeda, que la abandona otra vez. Fundará la revista La Ilustración: Álbum de las damas dedicada a un público femenino. Colaborará ya de por vida en revistas de corte literario y femenino: El correo de la moda, Álbum literario español, El español, El laberinto, etc.
Su salón familiar se irá convirtiendo paulatinamente en uno de los focos culturales más importantes de la vida literaria de Madrid en esa época, frecuentado por intelectuales de la talla de Hartzenbusch, Zorrilla, Valera, Nicasio Gallego, Quintana, Pastor Díaz o el Duque de Rivas, entre otros.
En 1846, publicará su novela Guatimozín, el último emperador de Méjico y se casará con el poeta Pedro Sabater, gobernador de Madrid. La felicidad de nuevo le durará poco tiempo sesgada por el hecho trágico de la muerte de su esposo justamente en ese mismo año, tras un período de grave enfermedad. La conmoción profunda de dicho desenlace marcará un paréntesis en su vida de reajuste existencial decidiendo voluntariamente ingresar en un convento de Burdeos donde escribirá también un Devocionario que no se publicará hasta 1847.
Ya recuperada, regresará a Madrid y continuará escribiendo y publicando una ingente cantidad de obras de teatro, novelas y poesía. De 1849 es la representación de la tragedia bíblica Saúl con una óptima acogida por parte del público y la crítica. Vendrá después la edición de sus Poesías en 1850 y al año siguiente la publicación de sus dos novelas: Dolores y La montaña maldita: Tradición suiza.
En 1850 la escritora manifiesta su deseo de quererse consagrar sólo al teatro atraída por la calidez de los escenarios y por el desahogo económico que reportaba dicha actividad. Es una etapa prolífica en este ámbito creativo: en 1851 se publicará y escenificará Flavio Recaredo y en 1852 Glorias de España, La verdad vence apariencias, Errores del corazón, El donativo del diablo, La hija de las flores o todos están locos (que supondrá el mayor éxito entre todas ellas) y la loa El héroe de Bailén. En este mismo año recibe el impacto de la muerte de su hermana Pepita a lo que se suma la enfermedad grave de su madre.
La fecha de 1853 viene marcada por dos hechos fundamentales: la muerte de su amigo y protector Juan Nicasio Gallego y el rechazo de entrada a la RAE (Real Academia Española): el anhelo de la autora era cubrir precisamente esta baja de un puesto que quedaba vacante, pero a pesar de que contaba con el apoyo de prestigiosas personalidades, como el Duque de Rivas, Eugenio de Tapia o Quintana, su candidatura fue desestimada, sólo por el hecho de ser mujer; la admiración por la calidad de su obra y por su trayectoria profesional quedaban salvaguardados de un modo unánime, pero el antifeminismo de la época aún calaba en algunas Instituciones que se consideraban exclusivamente masculinas como la Academia.
La asimilación de este intento fallido, las críticas por parte de sus detractores como Manuel Cañete desde El Heraldo y el fin absoluto de su relación con Cepeda (se casa con la sevillana María de Córdoba) que todavía desde el 47 había continuado de una forma intermitente, la condujeron a una crisis existencial y religiosa que le hará tomar la decisión de recluirse de nuevo en un convento.
De 1854 es La Aventurera y de 1855 La sonámbula, Simpatía y antipatía, La hija del rey René y Oráculos de Talía, obras que se estrenan sin éxito, aunque poco a poco irá conquistando de nuevo el favor del público. Vuelve a casarse el 26 de Abril de ese mismo año con el coronel Domingo Verdugo (partidario del General O’Donnell que encabezaba el partido liberal), cónyuge con el que parece por fin encontrar una cierta estabilidad sentimental.
En 1858 escribirá sus dos últimas obras teatrales: Tres amores y Baltasar antes de marcharse de España y regresar a Cuba, por motivo de las secuelas y la enfermedad causadas a su esposo, tras un enfrentamiento en el estreno de esta penúltima obra por parte de un subordinado suyo, que nunca llegaría a asimilar bien el exilio impuesto por su superior.
Baltasar supondrá el broche de oro final con un éxito apoteósico dentro de la fulgurante carrera de la dramaturga. Y los homenajes y reconocimientos literarios se sucederán sin parar. En Cuba, tierra natal de ambos esposos será recibida entre agasajos y festejos. En 1860 será coronada por el Liceo de la Habana, y en 1861 por el de Matanzas. En 1862 dirigirá también en la Habana el Álbum Cubano de lo bueno y lo bello, escribiendo además la novela: El artista barquero o los cuatro cinco de Junio y distintas leyendas: El aura blanca y El cacique.
Este período de bonanza y de reconocimiento social y humano tendrán como contrapunto inicial, la muerte de su madre, ocurrida ya al comienzo de su estancia en Cuba en 1859 y la de su marido en 1863 como colofón final. La profunda aflicción fue mitigada en parte por la llegada de su hermano Manuel, que impidió que de nuevo ingresara en un convento. Viajarán juntos a New York, Londres y París, y a su retorno a España ubicándose en Sevilla, preparará sus Obras Completas que se publicarán en cinco volúmenes entre 1869
Obras
Aunque cultivó todos los géneros, se ha dicho de ella, que era “eminente en el drama, notable en la poesía lírica y distinguida en la novela”.
Su poesía refleja su propia experiencia vital y a través de ella expresa su actitud rebelde y autónoma ante una sociedad preferentemente masculina. Aborda distintos temas: la soledad y exilio de Cuba, los conceptos neoclásicos, la introspección filosófica, las referencias históricas, la religión, el ámbito de lo público y privado, etc. Pero el tema fundamental será el amor, el amor que lo inunda todo con sus golpes de nostalgia, de melancolía por sus decepciones vividas en primera persona, y su desbordante erotismo plasmado en sus versos llenos de sinceridad y ternura. Sus continuos fracasos amorosos la llevaron también a cultivar dos polos extremos del ámbito poético: la vena sarcástica como catarsis de la amargura y la lírica religiosa como refugio para preservar su integridad esencial.
Publicará sus poemas por primera vez en 1841 y después en 1851 en una edición ampliada. Después en el 71 saldrán sus Obras Completas con la inclusión de su obra poética. Entre las composiciones más famosas destacan: A él, Amor y orgullo, La juventud, Cuartetos escritos en un cementerio, La venganza; y en cuanto a las religiosas: Dedicación de la lira a Dios, Plegaria a la Virgen, La Cruz, Soledades del alma y Elegías, etc. Gertrudis Gómez de Avellaneda dotada de un gran sentido musical dominó con gran virtuosismo la rima y eligió para escribir los metros largos, de doce y dieciséis sílabas.
En el ámbito de la narración por lo que respecta a sus técnicas, a la configuración de los personajes y al espacio escénico, se aprecia en la escritora la persistencia de la teoría poética y dramática de Aristóteles, y la preceptiva de Luzán, pero al mismo tiempo es posible identificar elementos anticipadores que se adhieren al canon modernista, especialmente su sensibilidad sensorial para recrear artísticamente las atmósferas, la contemplación estética de la naturaleza y el antipositivismo.
Como novelista por tanto, escribió una serie de obras entre las que destacan: Sab (1841), Espatolino (1844), Guatimozín (1846) y El cacique de Turmequé (1854).
Guatimozín, es una novela histórica, centrada en la conquista de Méjico por Hernán Cortés, donde se idealiza la vida de los indios. Para ello la autora se documentó exhaustivamente en las crónicas de la época. Al hilo conductor general de la novela se entrelaza también una historia de amor entre la india Tecuixpa y Velázquez de León.
Pero entre todas, la más importante es Sab, tanto por la perspectiva innovadora con que plantea los contenidos como por la forma en que se expresan. La temática se engarza fiel a las pautas de moda marcadas en ese momento: toda la novela es una condena a la esclavitud, a la que se añade una fuerte crítica contra la Iglesia y el Estado que actúan en connivencia con la clase aristocrática que se lucra de ella. La originalidad de Avellaneda, consistirá, como nos dirá Bravo-Villasante en su Introducción a su edición de Sab (Salamanca, 1970: 20) “en proclamar la igualdad de todos los seres humanos, sin distinción de razas, ni clases, mediante el sentimiento”. Este sentido igualitario, democrático, abolicionista se funde con el tema romántico del amor imposible. Sab es un esclavo mulato enamorado de su señora, que es consciente de su superioridad por la calidad de sus sentimientos. La pasión y el orgullo con los que la autora diseña a este personaje, que lo convierten en un símbolo del héroe romántico también sirven como estrategia literaria para crear un mecanismo que impulsa la acción novelesca.
Los dos protagonistas de la escena son por tanto: Sab, dotado de una gran belleza física, con una posición privilegiada dentro de su status como “esclavo”, ya que ejerce las funciones de mayoral y una educación, y grado de consciencia de su condición humana (que en parte minimiza su consistencia como mitificación del héroe romántico); y Carlota, su señora, rica heredera y blanca, atrapada por una red de prejuicios sociales. Ambos están alienados y representan un tipo de esclavitud más profunda que la que se deduce directamente del texto: el yugo espiritual cercena la auténtica rebeldía de Sab mediatizado por la educación y la aguda autoconsciencia de saber esencialmente quién es. Por otra parte, Carlota se ve desposeída de sus propios deseos, atrapada en su propio destino de renuncia, emblema de la propia condición femenina, a la que Gertrudis hace desaparecer del mismo horizonte de la narración, elipsis que denota la rotunda reivindicación de la autora por rescatar el papel de la mujer en su vertiente activa.
Los dos personajes -“polos” de la tensión dramática - están cincelados con resabios platónicos, con una mezcla de cristianismo idilíaco y tintes roussonianos: La muerte del esclavo “Sab” entendida como liberación final de la vida, amplifica el cañamazo romántico en que se arraiga la novela con esos ecos ineludibles de fatalidad extrapolados de la tragedia griega.
El antagonista es Enrique Ottway, dueño y señor de toda la isla, paradigma de crueldad y codicia, blanco y soberbio.
En cuanto a la forma, Sab está escrita en prosa poética, llena de musicalidad y momentos enfáticos, donde se aprecia el influjo de Chateaubriand en perfecta consonancia con la atmósfera de pasión que emana de sus personajes y el escenario tropical en que se enmarca.
Pero su creatividad se desborda con un resultado más brillante en el ámbito teatral, en que cultivó una gran variedad de subgéneros, claro ejemplo del hibridismo que caracteriza a la época. Allison Peers la encuadra dentro de una tendencia ecléctica entre los moldes románticos y los clásicos con una gran libertad en su tratamiento. La crítica en general, destaca su versatilidad para captar los más imperceptibles movimientos afectivos a través de la introspección sentimental, sobre todo del amor que se dramatiza con toda la riqueza también reivindicativa desde el punto de vista de la mujer concretizados en ese código que es el “lenguaje del corazón”; la plasmación de “lo femenino eterno” de proyección universal, con una expresión rotunda como manifestará Menéndez Pelayo sobre ella.
Sobresalen principalmente sus tres dramas: Alfonso Munio (1844), Saúl (1849) y Baltasar (1858).
Con Alfonso Munio, la acción dramática se centra en los acontecimientos políticos acaecidos en Toledo en 1140. Es un drama histórico que desemboca en un conflicto personal: la boda concertada entre Don Sancho y Doña Blanca para unir los reinos de Castilla y Navarra, hiere profundamente a Fronilde, hija del caudillo Alfonso Munio y amante de Sancho. Al ser descubierto su amor secreto por parte del padre, éste decide darle muerte a su hija y después ante tan horrendo crimen pide la suya propia. Esta injusticia le sirve a la escritora para reivindicar el derecho a la libre elección de la mujer en el terreno de los sentimientos.
En Saúl se dramatiza la soberbia que lleva al más funesto parricidio. Saúl por equivocación mata a su propio hijo Jonatán, habiéndolo confundido con David, movido por la envidia. Acaba siendo víctima de su ceguera mental, y así destrozado decidirá quitarse la vida, cumpliéndose de este modo la profecía de que David llegaría a ser el rey de Israel.
Pero hay un personaje femenino que destaca en toda la red de relaciones planteadas, y es Nicol, la hija de Saúl, que desde el principio se decanta por David a quien ama. En la dualidad de opciones que se le presentan: la obediencia filial y el amor, elegirá la segunda, como una auténtica heroína romántica que coadyuvará también al cumplimiento de la profecía.
Pero de todas, su obra cumbre será Baltasar. J. Ignacio Ferreras en su estudio El triunfo del liberalismo y de la novela histórica, 1830
Traducciones
- INGLÉS:
- Baltasar: a Biblical drama in four acts and in verse, trad. Carlos Bransby, American book company, Harvard University, 1908.
- Belshazzar: a drama, B. F. Stevens & Brown, 1914.
- Cuauhtemoc: The last Aztec emperor, an historical novel, F. P.
Bibliografía Crítica
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Enlaces de interés
- http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/gomezavellaneda/
- http://www.cubaliteraria.cu/autor/ggomez_avellaneda/index.htm
- http://www.poesi.as/Gertrudis_Gomez_Avellaneda.htm
- http://www.escritoras.com/escritoras/escritoras.php?i=21
Texto Representativo
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