Escritoras y Pensadoras Europeas

Blanca De Los Ríos (1862 - 1956)

por M.ª Jesús Soler Arteaga

Blanca de los Ríos Nostench nacida en Sevilla en 1862 y fallecida en Madrid en 1956, sigue siendo una desconocida pese a la intensa labor que desempeñó como escritora y crítica. Su nacimiento en el seno de una familia culta le reportó una amplia formación, como señala Consuelo Flecha (2000) en la biografía que realizó de esta autora: "Rodeada de un ambiente familiar de escritores, políticos, artistas y médicos, su educación se benefició de la riqueza de estímulos y de posibilidades que ese contexto cultural le iba proporcionando. Su padre, arquitecto, su abuelo materno, médico, sus tíos, escritores y políticos, fueron una referencia a la que ella se supo acoger inteligentemente, aunque supiera que, por su condición de mujer, no todos los caminos le eran igualmente fáciles."
Se casó con Vicente Lampérez y Romea (1861-1923) conocido arquitecto y arqueólogo madrileño, catedrático de la escuela de arquitectura de Madrid que realizó restauraciones y reformas de monumentos como las catedrales de Cuenca y de Burgos, y publicó importantes estudios de historia de la arquitectura . El traslado a Madrid supuso para la autora el contacto directo con el ambiente literario e intelectual de la capital y amplió su horizonte y sus proyectos.
Tal vez por esta conciencia de las dificultades que suponía el hecho de ser mujer, a la que se refería C. Flecha, ocultó su verdadero nombre en las primeras obras que dio a la prensa, que se publicaron con el nombre de Carolina del Boss. Aunque rápidamente abandonó este seúdonimo para firmar como Blanca de los Ríos. Fue una escritora precoz su primera novela Margarita se publicó en 1978, tenía sólo diecisiete años, a esta le siguieron los poemarios Los funerales del César (1880), Esperanzas y recuerdos (1881) que se volvió a editar ampliado en 1912, El romancero de Don Jaime El Conquistador y La novia del marinero de 1886. Algo posteriores son sus siguientes novelas Melita palma (1901), Sangre española (1902) y La niña Sanabria (1907). Durante estos años publicó numerosos cuentos Las hijas de don Juan, Madrid goyesco y Los diablos azules, y colecciones de relatos La Rondeña (cuentos Andaluces) de 1902, El Salvador (cuentos varios) 1902 y El tesoro de Sorbas de 1914.
También es destacable su participación en algunos periódicos como El Imparcial, La Época y El Nuevo Mundo, y en diversas revistas como El Correo de la Moda, Madrid Cómico, La Ilustración española y americana, Blanco y Negro, La Enseñanza Moderna, El Álbum Ibero-Americano y especialmente en Raza Española, revista que fundó y dirigió desde 1918 hasta 1930 año en que desapareció. En ésta como en otras publicaciones divulgó sus ideas feministas.
La preocupación por la mujer y por las relaciones entre España e Hispanoamérica estuvieron siempre presentes en su reflexión y en su participación en diversas asociaciones y actos como: la Asamblea Americanista de Barcelona y los Centros de Cultura Hispanoamericana de Cádiz y de Madrid, la Junta Superior de Beneficencia de Madrid y la Unión de Damas Españolas, en la que se preocupó por el avance en medidas de protección para las mujeres en el trabajo, perteneció al Ateneo de Madrid y formó parte de la Asamblea Nacional entre los años 1927 y 1929 durante la Dictadura de Primo de Rivera.
Aunque el ámbito en el que más destacó y por el que fue abandonando la creación literaria fue, sin duda, el del estudio tomando como maestro a Marcelino Menéndez Pelayo y siguiendo las normas de investigación y crítica históricas que éste propuso. Una de sus principales obras es Del siglo de Oro publicada en 1910, en la que contó con Menéndez Pelayo para la realización del prólogo, en el que decía de ella: "No necesita la ilustre dama autora de este libro que nadie la presente al lector con oficiosos encomios. Siempre resultarían inferiores a sus probados méritos y a la justa notoriedad de que goza como artista de noble ingenio lírico y narrativo" (De los Ríos, 1910: 9).
A Blanca de los Ríos se deben numerosos estudios sobre Tirso de Molina, así como la edición crítica de sus Obras completas. Esta labor le valió el reconocimiento por parte de la Real Academia Española, de la que no llegó a formar parte pese a que fue presentada su candidatura. Otros textos que merecen ser destacados son los que publicó sobre Calderón de la Barca, De Calderón y de su obra y La vida es sueño y los diez Segismundos de Calderón, sobre el Quijote Sevilla, cuna del Quijote, y sobre Francisca de Larrea Böhl de Faber, publicado en 1916, dedicado al análisis de la aportación de esta escritora y traductora gaditana en el contexto del romanticismo decimonónico y sobre algunos personajes literarios Los grandes mitos de la Edad Moderna: Don Quijote, Don Juan, Segismundo, Hamlet, y Fausto. En la obra Del siglo de Oro se incluye además una amplia bibliografía en la que se da noticia de los libros que se estaban traduciendo al francés, al italiano, al alemán y al danés para divulgarse en esos países.
También dedicó sus esfuerzos a la figura y la obra de Santa Teresa de Jesús sobre la que pronunció diversas conferencias: "Influjo de la mística de Santa Teresa, singularmente sobre nuestro grande arte nacional" (1913), "Santa Teresa de Jesús y su apostolado de amor" (1915), "Guía espiritual de España" (1915) y "Ávila y Santa Teresa" (1915). Por esta faceta fue muy alabada, se dijo de ella: "como conferenciante es también doña Blanca de los Ríos una figura eminente por la grandeza de los temas que trata, por la elevación y originalidad de pensamiento, por la riqueza de su léxico inagotable, por la elegancia de su sintaxis, a la vez clásica y moderna, por la nobleza y la ornamentación de su estilo y por su elocución fervorosa y persuasiva".
Recibió no sólo las alabanzas de la crítica sino también numerosas condecoraciones, entre ellas la Cruz de Alfonso XII, en un homenaje presidido por la Reina Victoria Eugenia, la Medalla de Oro del Trabajo y la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, así como el reconocimiento del Ayuntamiento de Sevilla al ponerle su nombre a una de las calles de la ciudad .

Obras

Verso
Los funerales del César (1880)
Esperanzas y recuerdos (1881) y (1912)
El romancero de Don Jaime El Conquistador (1886)
Visiones de arte
De sol a sol
De Andalucía
¿Vida o sueño? Rimas (1941)
Prosa
Margarita (1978)
Los funerales del César (1880)
Esperanzas y recuerdos (1881) y (1912)
El romancero de Don Jaime El Conquistador (1886)
La novia del marinero (1886)
Melita palma (1901)
Sangre española (1902)
La niña Sanabria (1907)
Las hijas de don Juan, Madrid goyesco (1902)
Los diablos azules (1902)
La Rondeña (cuentos Andaluces) (1902)
El Salvador (cuentos varios) (1902)
El tesoro de Sorbas (1914)
Estudios literarios
Del siglo de Oro (1910)
De Calderón y de su obra
La vida es sueño y los diez Segismundos de Calderón,
Sevilla, cuna del Quijote
Los grandes mitos de la Edad Moderna: Don Quijote, Don Juan, Segismundo, Hamlet, y Fausto
De la mística y de la novela contemporánea
Afirmación de la raza ante el centenario de la independencia de las repúblicas hispanoamericanas (1910)
Afirmación de la raza. Porvenir hispanoamericano
Estudios literarios
Fray Grabriel Téllez
Obras dramáticas completas

Traducciones

Al francés:
Le reverend Pere "Tant Mieux" (1900)
La déesse de Ronda (1902)
Sang espagnol (1902)

Al italiano:
Rimas (1885)
El Padre "Me alegro" (1909)

Al alemán:
Die Rondeña (1906)
Der Pater "Frene-mich" (1906)
Marins und Gumiels (1902)
La Dogaresa (1907)
Melita Palma (1907)
Sangre española
Las hijas de Don Juan (1908)
Madrid goyesco
Nieta de reyes
El molino de los Gélves
Tirso de Molina (1910)
Sangre española y La niña de Sanabria

Al danés:
Marins og Gumiels (1907)
La Rondeña (1907)
Pater Glaeder mig(1907)
Melita Palma

Bibliografía Crítica

Guerrero Cabrera, Manuel: "El americanismo de Blanca de los Ríos (Breves notas bibliográficas)" en la revista Saigón n.º 1, Cabra, pp. 34-35.
Guerrero Cabrera, Manuel y Villalba Muñoz, José Antonio (2006): "Siete mujeres en la encrucijada entre la historia y la poesía" Bohemios, raros y olvidados, Cruz Casado, A. (Ed.) Córdoba. Ayto. Lucena
Guerrero Cabrera, Manuel y Villalba Muñoz, José Antonio (2006): "La historia en la poesía de Blanca de los Ríos", en Escritoras y pensadoras europeas. Ed Arcibel. Sevilla.
Sánchez Dueñas, Blas (1999): "Blanca de los Ríos, crítica literaria", Actas del Congreso Internacional sobre OTROS’98: literatura y cine, Córdoba, Obra Social Caja Sur.
Sánchez Dueñas, Blas(2006): "Anotaciones en torno a la obra de Blanca de los Ríos", en Escritoras y pensadoras europeas. Ed Arcibel. Sevilla.
Soler Arteaga, M. ª Jesús (2004): "¡Tal vez cuando era cuerpo los astros me envidiaban! Discurso y representación femenina en la poesía de Blanca de los Ríos." Sin Carne. Representaciones y simulacros del cuerpo femenino. Capítulo 41.Ed. Arcibel de Sevilla en 2004, ISBN 84-93-331856.
Soler Arteaga, M.ª Jesús (2006): Palabras, palabras, palabras… Poetas románticas sevillanas. Ed. Arcibel. Sevilla

Enlaces de interés

Texto Representativo

CANTOS DE OFELIA

La dulce Ofelia, la razón perdida,
cogiendo flores y cantando pasa.
(Bécquer.)

I

La triste Ofelia soy; me llaman loca
porque mi angustia a la razón invoca,
y al fin pierde la clama;
porque he sentido la acerada punta
del desencanto desgarrarme el alma;
¡porque no hay quien responda a mi pregunta!

Siendo el amor la fuente de la vida,
¿no será un crimen extinguir la fuente?...
Si el que asesina a un hijo es filicida,
el que mata un amor ¿no es delincuente?

Si una mujer ardiente, apasionada,
cual lo son los querubes,
encuentra al fin la realidad soñada;
si encuentra al ser que imaginó en las nubes;
si bebe la demencia en su mirada,
y aquel amor, por su fatal estrella,
no es del ser adorado comprendido...
¿Qué aguardáis para ella?
¿Qué le aconseja la razón?... ¿Olvido?...

¿No habéis medido nunca esta palabra?
Cuantas divinas esperanzas labra
dentro del corazón el sentimiento,
todo un mundo de sueños realizado...
¿Puede arrojarse al viento,
sin arrojar con él todo el pasado?...

Olvido es negación, abismo, nada,
y un alma que despierta apasionada,
con idólatra anhelo,
pone en el ser dulcísimo que adora
cuanto ve, cuanto siente, cuanto ignora,
su fe, su porvenir, ¡hasta su cielo!
¡Amor, para ella, es Dios! ¡Borrad ahora!

Borrad, borrad de un alma inmaculada
los sueños, el amor, el idealismo,
que borráis a Dios mismo...,
y en aquélla existencia destrozada
veréis surgir la realidad desnuda...
Lo que queda es más negro que la nada...
¡Lo que queda es la duda!


II


Si el pensamiento, cuando en sí no cabe,
confunde en lo insondable su albedrío,
¿culpáis al Océano, siendo el río?
¿Qué es la humana razón... ni quien lo sabe?

¿Y árbitros sois de la razón ajena,
porque sois infinitos, los pequeños?...
¡Los que tenéis la fuerza de la arena,
sufrid las olas y el simún por dueños?...

La razón..., la razón..., ¡gentil palabra!
¿Jamás ha de salvar el pensamiento
la corrompida atmósfera que labra
la humanidad dormida con su aliento?...

Mefítico vapor, órbita impura
del pensamiento..., ¡inmensa nebulosa!...
Si el genio hace la luz, ¿no es la locura
la que enciende la chispa fulgurosa?...


III


¿No veis cuál brota rayos mi dolorida frente?...
Mi faz esparce llamas, mi cráneo es transparente...
¡Cómo su disco ensancha la inmensa claridad!...
¿No veis?, yo tengo un nimbo, yo tengo una aureola,
mirad..., mirad cuál crece... ¿Por qué me dejáis sola?
¿Y ese tropel de sombras será la humanidad?

¿No veis? Ya soy un rayo, que vuela y se desprende;
mirad, ya soy el disco de un astro que se enciende;
ya he roto de las sombras el fúnebre capuz;
¡ya para mí no hay noches, mis ojos las alumbran!
¿Qué tienen mis miradas? ¿Os hieren, os deslumbran?
¿Sabéis por qué no duermo?... ¡Porque yo soy la luz!

Las cuerdas de mi lira se vuelven rayos de oro;
mis notas son de perlas raudal claro y sonoro;
mis labios son de fuego, mis besos de arrebol...;
mis sienes son dos alas..., ¡se escapa mi cabeza!...
La tierra entre las sombras a sepultarse empieza.
No..., no; es que yo me elevo...¡Como que soy el sol!

¿Por qué, mientras más subo, más descender deseo?
Soy sol, pero estoy ciega; soy luz, pero no veo...;
soy luminar que encierra la noche en su interior.
¡Tal vez cuando era cuerpo los astros me envidiaban!
¡Dentro de aquella sombra los soler se filtraban!...
¡Memoria! ¿Qué fue aquello? ¿Fue por ventura amor?

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