Escritoras y Pensadoras Europeas

Luisa Carvajal Y Mendoza (1566 - 1614)

por Violeta Cárdaba

Poetisa española, (n. Jaraicejo, Cáceres 1566 - m. Londres 1614). Hija de padres nobles y ricos es la sexta y ansiada hija después de cinco varones. Al cumplir los seis años de edad queda huérfana. Primero, de madre y casi inmediatamente después, también de padre. Es entonces separada de sus hermanos y enviada a vivir con su tía abuela materna, María Chacón y al morir esta también, la tutela de Luisa pasa a su tío materno, Francisco Hurtado de Mendoza, durante un tiempo vive en la propiedad familiar de su tío en Soria, junto a la esposa de éste y sus primas. Allí recibe una educación doméstica e intelectual esmerada: lecciones de latín, lectura de los clásicos, conocimientos cristianos y la práctica de la caridad, una de las ocupaciones más importantes de las mujeres nobles. Más tarde, su tío, el marqués de Almazán, es nombrado virrey de Navarra y se marcha a Pamplona. Al cumplir los trece años, su tío, la manda llamar y Luisa se muda a Pamplona sola, sin su tía y sin un ama de llaves que vigile la relación con el marqués. Lejos de todos, el marqués la somete a violentas y dolorosas penitencias que ella describe en el manuscrito de su vida espiritual que dirigirá, más adelante, a su confesor en la víspera de su viaje a Inglaterra. No es de extrañar, por tanto que a los diecisiete años le invadan grandes deseos de convertirse en mártir. A medida que su tío intensifica la severidad de las disciplinas, Luisa aumenta su amor a Jesús y llegará a considerarlo un ideal de padre y esposo.
A partir de 1591 llevará una vida independiente, puesto que su tío la autorizará a vivir con una criada, pero a raiz de la muerte de sus tíos, los marqueses, en 1592, Luisa reclama su herencia paterna, para donarla a los jesuitas, con quienes había estrechado lazos, abandona sus costumbres de mujer noble, aprende las de los humildes y llega incluso, a usar vestimenta monástica. Decide dedicar su vida a la virtud y rechazar no sólo el matrimonio, sino también, el convento. Lo que a la larga le acarreará problemas con sus derechos hereditarios, ya que éstos, sólo le correspondían si se casaba o bien, profesaba en un convento.
En 1602 realiza en Valladolid los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. A partir de este momento, en la residencia de Luisa Carvajal comenzarán a reunirse miembros de la orden de los jesuitas y establecerá una especie de beaterio, comunidad de mujeres solteras devotas a los principios cristianos primitivos, brindando, también, consuelo y consejo a las damas nobles y reales que suele visitar.
Entre 1593 y 1598, a los veintisiete años realiza voto de pobreza, obediencia, de mayor perfección y de martirio. En 1597 se le permite comulgar a diario, privilegio reservado a la más alta élite religiosa. No es por tanto de extrañar que sea en esta época cuando sus experiencias de éxtasis se intensifican, siendo entonces cuando escribe la mayor parte de su producción poética. Es precisamente en esta época cuando sus sacrificios llegan a ser tan extremos que mermarán su salud y contraerá una enfermedad contra la cual deberá luchar el resto de su vida. A raiz de su enfermedad, decide abandonar sus experimentos de pobreza y armonizar sus objetivos con los de los católicos perseguidos en Inglaterra por la Iglesia Anglicana. En 1601 traslada su residencia a Valladolid, lugar donde se había instalado la cortey allí, continúa estrechando relaciones con los jesuitas y entra en contacto con mujeres nobles que la apoyarán en su misión inglesa. En 1604 hace testamento en Valladolid y acompañada por su criada Isabel de la Cruz parte el 24 de enero de 1605 hacia Londres. Llega conmovida por la noticia de la ejecución del jesuita Henry Walpole en 1595, debido a este hecho tiene un papel activo en la dotación económica del Colegio Inglés de Jesuitas en Lovaina, más adelante trasladado a Watten, cerca de Saint omar, en 1612.
Cuando llega a Inglaterra en 1605, lo hace bajo la protección del embajador español Alonso de Velasco, en esta época se dedica a proteger a los acusados de la llamada Conspiración de la Pólvora (Gunpowder Plot), quienes habían intentado derrocar el gobierno de Jaime I. Al llegar a Londres es recibida por el superior de los Jesuitas, Enrique Garnet, quien intenta disuadirla de sus deseos de martirio. sin embargo, Luisa se dedica a dar claras y públicas muestras de su fe católica y para ello, visita a sacerdotes y a católicos presos en las cárceles inglesas, realiza misiones evangelizadoras y funda la Compañía de la Soberana Virgen María, Nuestra Señora. No conforme con ésto, continúa su hostigamiento al protestantismo, enfrascándose en agrias discusiones con los fanáticos defensores de la herejía anglicana, desgarrándo públicamente los carteles antipapistas que encuentra colgados por las calles y en algunos establecimientos y promueve sin temor disturbios y altercados lo que dará lugar a su primer encarcelamiento, del que sale indemne gracias al apoyo diplomático de la embajada española. No obstante, después de su liberación emprende una nueva campaña consistente en recoger los miembros amputados de los católicos ejecutados por descuartizamiento, restos que ella misma adecenta y guarda en cajas de plomo como si fueran verdaderas reliquias sacras. Por fin, se produce un segundo encarcelamiento, arresto éste que provocará un verdadero conflicto diplomático al ser encarcelada en 1613 junto a tres de sus compañeras hasta que una vez más, el embajador español, en este caso Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar, logra liberarla. sin embargo, a raiz de este nuevo encarcelamiento, Felipe III, dicta un orden, en la que exige a Doña Luisa su inmediato retorno a la Península. Sale de la cárcel enferma y abatida y antes de poder cumplir con la orden del rey, fallece el 2 de enero de 1614, a los cuarenta y ocho años.
En cuanto a su obra, se puede decir que en 1605 y antes de su partida hacia Londres fue escrita la historia de su vida espiritual. De sus poemas no esisten ejemplares originales, algunos de ellos se conocen por la publicación que terceras personas hicieron de ellos. Sus cartas, unas ciento setenta y ocho, se encuentran en el convento de la Encarnación, así como todos sus manuscritos, incluido su testamento.

Obras

- Cartas.
- Poesías espirituales de la Venerable Doña Luisa de Carvajal y Mendoza. Muestras de su ingenio y de su espiritu (1885).
No obstante, sus obras se dividen en:
- Voto de pobreza (1593)
- Voto de obediencia (1595, reescrita de nuevo en 1600)
- Voto de mayor perfección (1595)
- Voto de martirio (1598)

Bibliografía Crítica

Carvajal y Mendoza, Luisa. Escritos autobiográficos. Camilo María Abad, S.J., (ed.), Barcelona, Juan Flors (1966).
This Tight Embrace: Luisa Carvajal y Mendoza (1566-1614), ed y traducción inglesa de Elisabeth Rodes, milwauke, Maequette University Press (2000).
Apuntes para una biblioteca de Autoras españolas (desde el año 1409 al 1833), vol. 1. Serrano y Sanz, M., Madrid Biblioteca de Autores Españoles, Sucesores de Rivadeneyra.
La vida escrita por las mujeres: Por mi alma os digo. De la Edad Media a la Ilustración. Direcc. Anna Caballé. Círculos de Lectores. 2003
Ana Navarro (ed.) <>, editorial Castalia (1989).
Luis Tobío << Gondomar y los Católicos Ingleses>>, edicios do Castro, seminario de estudios Galegos, A coruña (1987)
Cristina Ruiz << Panorama de Escritoras Españolas>>, vol I, publicaciones de la Universidad de Cádiz (1997).

Enlaces de interés

Texto Representativo

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De sentimientos de amor y ausencia profundísimos

¿Cómo vives, sin quien vivir no puedes?
Ausente, Silva, el alma, ¿tienes vida,
y el corazón aquesa misma herida
gravemente atraviesa, y no te mueres?

Dime, si eres mortal o inmortal eres.
¿Hate cortado Amor a su medida,
o forjado, en sus llamas derretida,
que tanto el natural límite excedes?

Vuelto a tu corazón cifra divina
de extremos mil Amor, en que su mano
mostrar quiso destreza peregrina,

y la fragilidad del pecho humano
en fírmisima piedra diamantina,
con que quedó hecho alcázar soberano.


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¿Cómo, di, bella Amari, tu cuidado
estimas en tan poco, que, olvidada,
de quien con tanto amor eres amada,
te empleas en el rústico ganado?

¿Háte la vana ocupación comprado?
¿qué nigromántica arte embelesada
te trae, y de tu bien tan trascordada?
¡Ay, alevosa fe! ¡ay, pecho helado!

Vuelve, Amari, repara que perdiendo
vas de amor el camino, digo, atajo.
Y ese que llevas, ancho y deleitoso,

suele mañosamente ir encubriendo
entre las florecillas, y debajo
de verde hierba, el paso peligroso


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<<... y cuidando en esto más y más cada día, se resolvió ejercitarme en modo bien extraordinario y dificultoso a mi natural humor, teniendo yo entonces catorce años de edad. Había en casa una persona muy sierva de Dios y de suficiente espíritu, secreto y cordura, a la cual ordenó, bajo de obligación de gran secreto, que tomase a su cargo humillarme con mortificaciones y disciplinas. Y a mí me mandó la obedeciese en esas cosas, recibiéndolas como saludable purga, para aumento y fortificación de la salud de mi alma e imitación de los trabajos de Cristo Nuestro Señor.>>

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<< Y no se puede fácilmente creer el cuidado de mi buen tío en que yo fuese humillada y quebrantada con este género de penitancia. Y así, ordenaba algunas veces que me llevasen desnuda y descalza, con los pies por la tierra friísima, con una cofilla en la cabeza que recogía el cabello solamente, y una toalla atada por la cintura, una soga a la garganta, que algunas veces era hecha de cerdas de silicio y otras de cáñamo, y atadas las manos con ella, de unos aposentos a otros, como malhechora, hasta un último oratorio pequeño que estaba al cabo de ellos. Era habitación cerrada y fuera del concurso de la casa y parte muy secreta. Y delante de mí, tirando blandamente de la soga, iba una de las personas siervas de Nuestro Señor que he dicho, y a veces me decía palabras de humillación y abatimiento.>>

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